Mario J. Viera
Si siempre ha sido así ¿por
qué arriesgarse a buscar algo nuevo? Lo desconocido aterra; lo conocido genera
confianza, seguridad y detención; es quedarse parado en el mismo sitio, sin
mirar nuevos caminos pensando solo en el camino trillado, el que siempre se ha
seguido… ¿Y si un nuevo camino, uno no explorado o aún no trazado conduzca a un
mejor sitio? ¡No se puede saber! ¿Para qué arriesgarse en lo ignoto? Son las
tradiciones las que condicionan la vida y a las tradiciones uno debe aferrarse,
para no cambiar nada, para seguir siendo siempre lo mismo que de eterno hemos
sido. Así piensa el conservador, como el anciano que acostumbrado al viejo
colchón donde cada noche ha dormido no le interesa otro por más cómodo que
pueda parecer.
Coto cerrado es el conservadurismo.
No echar a un lado las viejas cercas que impiden ver nuevos horizontes. No todo
lo nuevo es bueno; pero no todo a lo que nos acostumbramos de siempre tampoco
es bueno. Generaciones vienen y generaciones mueren, pero nunca los ancianos,
contemplando a las generaciones que les relevan, han dejado de condenar las
nuevas costumbres: “¡Ah, dicen, la juventud de ahora está perdida!” Así fue en
tiempos de nuestros abuelos contemplando a los miembros de la generación de
nuestros padres; así ha sido en el tiempo de nuestros padres contemplando a los
que hemos sido su nuevo relevo y así, fatalmente, será lo que diremos de la
generación de nuestros hijos…
No todos los que practican
una religión son conservadores, pero es casi axiomático que los conservadores
son estrictos religiosos que condenan a Lutero por abrirle una nueva puerta al
Templo. Lutero es el hereje de los viejos tiempos, pero los herejes de hoy son
la inspiración del futuro son como el granjero que abre nuevos surcos para
sembrar semillas mejoradas. Loco consideraron a Giordano Bruno porque alegaba
que el sol era el centro del universo y la Biblia decía lo contrario; si
siempre se ha creído que la tierra es el centro del Universo ¿Por qué incurrir
en opiniones que están en contra de la palabra revelada? Se abría un nuevo
camino por el que transitara Copérnico y otro nuevo se abriría por Kepler, para
ser continuado por Galileo…
En la Francia del Siglo
XVIII era natural gritar: “Vive le Roi!”, porque asi siempre había sido, porque
los reyes eran ungidos por Dios, pero… Llegaron los demoledores y por entre las
ruinas de la Bastille abrieron un nuevo camino y aquel viejo grito de salutación
se trasformaría en uno nuevo: “Vive la Republique!”
En el Sur esclavista de los
Estados Unidos lo de siempre, lo natural era tener esclavos ¿para qué cambiar
una condición que siempre se había practicado, que siempre había sido buena,
aunque no fuera buena para los propios esclavos? Como los conservadores no
querían cambio se dieron a la guerra en defensa de las costumbres del Sur… Y
perdieron, porque estaban atados a la tradición rural, en cambio el Norte se
abría al progreso y desarrollaba su industria…
No todos los nuevos caminos
conducen al éxito, algunos mueren en un cenagal de arenas movedizas; pero
entonces el emprendedor, aquel que se atreve a abrir nuevas sendas, no retorna
al camino trillado del que ya se había alejado, sino que busca y abre un nuevo
sendero dejando atrás los pantanos encontrados.
Hay ancianos con joven
mentalidad dispuestos a enfrentar retos y a asumir equivocaciones, en tanto hay
jóvenes con mente senil que no saben mirar más allá del bosque de sus temores y
mucho menos osan atravesarle.
No es bueno anular las
tradiciones como si nunca hubieran existido, porque las tradiciones configuran
la personalidad, pero es correcto y justo comprender que las tradiciones como
cualquier ser vivo evolucionan con los tiempos nuevos. Someterse a las
tradiciones ya decrépitas es como dormir noche tras noche abrazado a un cadáver
que comienza a descomponer.
Hay conservadurismo de
derecha como conservadurismo de izquierda, ninguno rompe con lo viejo para
abrirse a lo nuevo.

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