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sábado, 24 de septiembre de 2016

Ser Conservador


Mario J. Viera

Si siempre ha sido así ¿por qué arriesgarse a buscar algo nuevo? Lo desconocido aterra; lo conocido genera confianza, seguridad y detención; es quedarse parado en el mismo sitio, sin mirar nuevos caminos pensando solo en el camino trillado, el que siempre se ha seguido… ¿Y si un nuevo camino, uno no explorado o aún no trazado conduzca a un mejor sitio? ¡No se puede saber! ¿Para qué arriesgarse en lo ignoto? Son las tradiciones las que condicionan la vida y a las tradiciones uno debe aferrarse, para no cambiar nada, para seguir siendo siempre lo mismo que de eterno hemos sido. Así piensa el conservador, como el anciano que acostumbrado al viejo colchón donde cada noche ha dormido no le interesa otro por más cómodo que pueda parecer.

Coto cerrado es el conservadurismo. No echar a un lado las viejas cercas que impiden ver nuevos horizontes. No todo lo nuevo es bueno; pero no todo a lo que nos acostumbramos de siempre tampoco es bueno. Generaciones vienen y generaciones mueren, pero nunca los ancianos, contemplando a las generaciones que les relevan, han dejado de condenar las nuevas costumbres: “¡Ah, dicen, la juventud de ahora está perdida!” Así fue en tiempos de nuestros abuelos contemplando a los miembros de la generación de nuestros padres; así ha sido en el tiempo de nuestros padres contemplando a los que hemos sido su nuevo relevo y así, fatalmente, será lo que diremos de la generación de nuestros hijos…

No todos los que practican una religión son conservadores, pero es casi axiomático que los conservadores son estrictos religiosos que condenan a Lutero por abrirle una nueva puerta al Templo. Lutero es el hereje de los viejos tiempos, pero los herejes de hoy son la inspiración del futuro son como el granjero que abre nuevos surcos para sembrar semillas mejoradas. Loco consideraron a Giordano Bruno porque alegaba que el sol era el centro del universo y la Biblia decía lo contrario; si siempre se ha creído que la tierra es el centro del Universo ¿Por qué incurrir en opiniones que están en contra de la palabra revelada? Se abría un nuevo camino por el que transitara Copérnico y otro nuevo se abriría por Kepler, para ser continuado por Galileo…
En la Francia del Siglo XVIII era natural gritar: “Vive le Roi!”, porque asi siempre había sido, porque los reyes eran ungidos por Dios, pero… Llegaron los demoledores y por entre las ruinas de la Bastille abrieron un nuevo camino y aquel viejo grito de salutación se trasformaría en uno nuevo: “Vive la Republique!”

En el Sur esclavista de los Estados Unidos lo de siempre, lo natural era tener esclavos ¿para qué cambiar una condición que siempre se había practicado, que siempre había sido buena, aunque no fuera buena para los propios esclavos? Como los conservadores no querían cambio se dieron a la guerra en defensa de las costumbres del Sur… Y perdieron, porque estaban atados a la tradición rural, en cambio el Norte se abría al progreso y desarrollaba su industria…

No todos los nuevos caminos conducen al éxito, algunos mueren en un cenagal de arenas movedizas; pero entonces el emprendedor, aquel que se atreve a abrir nuevas sendas, no retorna al camino trillado del que ya se había alejado, sino que busca y abre un nuevo sendero dejando atrás los pantanos encontrados.

Hay ancianos con joven mentalidad dispuestos a enfrentar retos y a asumir equivocaciones, en tanto hay jóvenes con mente senil que no saben mirar más allá del bosque de sus temores y mucho menos osan atravesarle.

No es bueno anular las tradiciones como si nunca hubieran existido, porque las tradiciones configuran la personalidad, pero es correcto y justo comprender que las tradiciones como cualquier ser vivo evolucionan con los tiempos nuevos. Someterse a las tradiciones ya decrépitas es como dormir noche tras noche abrazado a un cadáver que comienza a descomponer.


Hay conservadurismo de derecha como conservadurismo de izquierda, ninguno rompe con lo viejo para abrirse a lo nuevo.  

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