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sábado, 28 de enero de 2017

Comentado sobre la resistencia en Cuba (Cuarta Parte)

Sumisión o desobediencia

Le but de toute association politique est la conservation des droits naturels et imprescriptibles de l’homme” (Art. 2 de la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano)



En la realidad concreta de la lucha opositora en contra de la dictadura castrista existe un hecho del todo evidente: las masas populares no han asumido una posición claramente contestaría y no le han brindado apoyo a la oposición. Está presente una marcada brecha entre el mensaje opositor y la pasividad política manifiesta en la población. Las masas se han adaptado a vivir en la mentira del régimen castrista ante la carencia de otra vía. Existe descontento, pero también, frustración. Desde los inicios del poder castrista, cuando la Revolución era una pagana deidad a la que había que adorar sin caer en la herejía de la disidencia (acatamiento religioso: por la creencia de que de su observancia depende la existencia de un bien de salvación. Weber), todos los intentos por derrocar al gobierno surgido el primero de enero de 1959 fueron baldíos. Nada pudieron contra el castrismo naciente los grupos de guerrilleros sustentados por la CIA, principalmente en la Sierra del Escambray, nada se logró, salvo permitir la consolidación del régimen, con la misión insurgente Girón-Playa Larga impulsada por el gobierno de los Estados Unidos. Castro siempre aparecía como el vencedor y ante el vencedor todos se inclinan; ante el vencedor y ante la represión todos se rinden.

Por hábito o por una condición psico-social el pueblo se acostumbró a obedecer, aun en contra de su propia voluntad. Como afirma Bertrand de Jouvenel[1], “no se obedece principalmente porque se hayan sopesado los riesgos de la desobediencia o porque se identifique deliberadamente la propia voluntad con la de los dirigentes. Se obedece esencialmente porque tal es el hábito de la especie”. Sin embargo, la presión impone acatamiento de voluntad: “La presión sobre las exteriorizaciones de opinión ─ plantea Hermann Heller[2]se ha realizado siempre mediante la amenaza, la compra o el convencimiento, es decir, por una superioridad social, económica o intelectual de uno sobre los demás”; por medio de la educación o el adoctrinamiento, por la persuasión y por la fuerza pública, según Heller, se forma y se hace realidad “de manera unitaria el ‘espíritu’ de un grupo” y agrega que esos métodos por sí solos “nunca pueden lograr su objetivo sin una coacción económica y política”. Por otro lado, Gene Sharp señala varias razones por las cuales la gente obedece a los gobernantes, colocando en primer lugar el Hábito; además de esta, incluye las siguientes razones de obediencia: Miedo a las sanciones, Obligación moral, Egoísmo, Identificación psicológica con el gobernante, Zonas de indiferencia y Ausencia de autoestima entre los gobernados[3].

El Estado posee el “poder físico coactivo” (Max Weber) y el Estado totalitario posee, no solo el poder físico coactivo, sino que lo ejerce indiscriminadamente, sin limitaciones jurídicas nacionales o internacionales y, aún contra sus propias normativas del Derecho. Tal como dijera Montesquieu[4]: “En los Estados despóticos la naturaleza del gobierno exige obediencia absoluta”; es decir, dominación entendida como la capacidad de encontrar obediencia dentro de un grupo determinado para mandatos específicos (Max Weber). “Esta dominación (...) puede descansar en los más diversos motivos de sumisión: desde la habituación inconsciente hasta lo que son consideraciones puramente racionales con arreglo a fines”. Se obedece a la dominación, Max Weber[5] lo explicita diciendo: “'Obediencia' significa que la acción del que obedece transcurre como si el contenido del mandato se hubiera convertido, por sí mismo, en máxima de su conducta; y eso únicamente en méritos de la relación formal de obediencia, sin tener en cuenta la propia opinión sobre el valor o desvalor del mandato como tal”. Y en La Política como Profesión, afirma: “Toda empresa de gobierno que pretenda lograr una administración continua necesitará, por un lado la disposición de la actitud humana a obedecer a aquellos jefes que pretenden ser portadores del poder legítimo y, por el otro lado y por medio de esta obediencia, la capacidad de disponer de aquellos recursos concretos que, dado el caso, resultarán necesarios para la ejecución de la violencia física, es decir: los recursos administrativos humanos y los recursos administrativos materiales”.

No es este acatamiento al dominio de un poder tiránico un fenómeno moderno, ya Étienne de La Boétie[6] (1530 – 1563) lo había denunciado alegando: “Resulta cosa verdaderamente sorprendente, aunque sea tan común que más cabe gemir que asombrarse, ver a un millón de hombres miserablemente esclavizados, con la cabeza bajo el yugo, no porque estén sometidos por una fuerza mayor sino porque han sido fascinados, embrujados podríamos decir, por el nombre de uno solo, al que no deberían temer, ya que sólo es uno, ni amar, ya que es inhumano y cruel con ellos”. El pueblo como víctima y al mismo tiempo como sostén de la tiranía al adaptarse al sistema y aceptarlo como inalterable. Václav Havel así lo dice: “Todos nos habíamos acostumbrado al sistema totalitario, lo habíamos aceptado como un hecho inalterable y, por tanto, contribuíamos a perpetuarlo. Dicho de otro modo, todos nosotros ─ si bien, naturalmente, en diferente grado ─ somos responsables del funcionamiento de la maquinaria totalitaria; nadie es sólo su víctima, todos somos partícipes también de su creación[7].

Uno de los propósitos fundamentales de un gobierno totalitario es la organización de las masas, las cuales no son otra cosa que un medio del que se aprovechan los líderes totalitarios para legitimar su dominio. “El Estado es realmente conservado por la sociedad” así lo constata Heller en su ya citada obra. El dominio del Estado totalitario es preservado por las masas. Lo dice Hannah Arendt[8]: “El líder totalitario no es nada más ni nada menos que el funcionario de las masas (…) sin él las masas carecerían de representación externa y seguirían siendo una horda amorfa; sin las masas el líder es una entidad inexistente”. Por medio de las masas el gobierno totalitario controla a las mismas masas ejerciendo la vigilancia masiva de unos sobre otros. Sus múltiples ojos, cual gigantesco Argos, son los mismos ojos del conjunto de la masa; los actos de enfrentamiento a las masas que alienta el gobierno castrista son llevados por parte de una masa idiotizada. Y cuestiona Étienne de La Boétie: “¿De dónde saca todos esos ojos que os espían, sino de vosotros mismos? ¿Cómo tendría todas esas manos que os golpean, sino os las tomase en préstamo? Los pies con que pisotea vuestras ciudades, ¿no son vuestros? ¿Qué poder tiene sobre vosotros, salvo a vosotros mismos? ¿Cómo se atrevería a agrediros si no fuese porque lo hace de acuerdo con vosotros? ¿Qué mal podría haceros si no fueseis los encubridores del ladrón que os roba, los cómplices del asesino que os mata, los traidores de vosotros mismos?[9]

El acatamiento pasivo al dominio del poder del Estado totalitario sobre el conjunto de toda la población es, como expresa Weber “una acción condicionada por la masa”, es decir, una acción social orientada por la influencia de las acciones de otros que conduce a la tolerancia u omisión de esa aceptación pasiva del dominio. Weber señala que la “conducta íntima es acción social sólo cuando está orientada por las acciones de otros”. Es lo que Havel define como la resignación a “la vida en la mentira”; así en esta resignación a vivir en la mentira, se vive en un entorno moral contaminado: “Nuestra moral enfermó ─ constata Havel[10] bajo el poder totalitario ─ porque nos habíamos acostumbrado a expresar algo diferente de lo que pensábamos. Aprendimos a no creer en nada, a hacer caso omiso de los demás, a preocuparnos sólo por nosotros mismos. Conceptos como amor, amistad, compasión, humildad o perdón perdieron su profundidad y sus dimensiones, y para muchos de nosotros pasaron a representar tan sólo singularidades psicológicas”.

El ciudadano se anula para, por fuerza de la costumbre, convertirse en simple súbdito. Nada cambia y lo absurdo, la arbitrariedad le parece entonces condiciones naturales. “Digamos pues que ─ anota Étienne de La Boétie ─, si todas las cosas le parecen naturales al hombre que se ha acostumbrado a ellas, sólo perseverará en su naturaleza aquel que sólo desea las cosas simples e inalteradas. Así que la primera razón de la servidumbre voluntaria es la costumbre”. La oposición democrática con su desafío político particular no puede perder de vista esta realidad; no dejarse aturdir por “lo que debiera ser” creyendo erróneamente que el descontento presente en la población conducirá por sí solo a un estado de beligerancia popular. En las condiciones del accionar social bajo un sistema totalitario solo puede presentarse dos formas de rechazo: la deserción, la emigración, el clásico votar con los pies, y la “resistencia anónima u ordinaria”, la que Jean Dale (La Resistencia Activa y la Resistencia Pasiva en los Movimientos Sociales) define como “formas anónimas, individuales, que no requieren de una organización previa, pero si requieren de una interiorización muy profunda de sus parámetros culturales a partir de los cuales actúan y se hacen presentes en todo momento. Y que implican altos niveles de impugnación del sistema establecido”. Es la expresión del disgusto de parte de la población, en el caso que estudia Dale son los campesinos, que no es “una acción concertada ni organizada, sino una forma de corroer el sistema burocrático confrontarse a él y proteger sus propios intereses…” Es en este contexto que aparecen individuos aislados con decidida posición contestataria a los que identificaría con el Einherjer de la mitología nórdica, el “ejército de un solo hombre”, dotados de fuerte individualidad, son capaces de cometer pequeños sabotajes, no se vincula a ninguna organización opositora, porque no confía en ningún grupo, pero tampoco colabora con ninguna actividad que el gobierno convoque; así, el Einherjer se libera a sí mismo no cooperando y buscando lo que Havel denomina “vida en la verdad”, la clave definitiva para la autoliberación:  “Si la ‘vida en la verdad’ es el punto de partida elemental de cualquier esfuerzo del hombre para resistir a la presión alienante del sistema, si es la única base significativa de cualquier acción política independiente y si, en fin, es también la raíz existencial más adecuada a la actitud ‘disidente’, es difícil imaginar que, aun en su objetivación, el trabajo ‘disidente’ pueda fundarse en otra cosa que no sea el servicio a la verdad y a una vida verdadera y el esfuerzo de abrir un espacio a las intenciones reales de la vida[11].

La vida en la verdad es el reconocimiento de ser uno mismo, sin condicionamientos exteriores impuestos y a los que hay que obedecer aun cuando choquen con nuestra conciencia. Es la respuesta dada por Henry Thoreau ante leyes que se consideran injustas: ¿Debe el ciudadano renunciar a su conciencia, siquiera por un momento o en el menor grado a favor del legislador? ¿Entonces por qué el hombre tiene conciencia? Pienso que debemos primero ser hombres y luego súbditos. No es deseable cultivar tanto respeto por la ley como por lo correcto. La única obligación que tengo derecho de asumir es la de hacer en todo momento lo que creo correcto (…) Existen leyes injustas: ¿debemos conformarnos con obedecerlas o, debemos tratar de enmendarlas y acatarlas hasta que hayamos triunfado o, debemos transgredirlas de inmediato?”[12]. Y este sentido de primero ser ciudadanos (hombres) antes que súbditos se expresa un principio clave de la lucha noviolenta, la desobediencia civil, la decisión propia de transgredir todo el andamiaje jurídico de la dictadura. Es el mismo concepto que La Boétie alega cuando dice del tirano: “no es preciso combatirle ni abatirle. Se descompondría por sí mismo, a condición de que el país no consienta en servirle. No se trata de quitarle nada, sino de no darle nada. No sería necesario que el país haga nada por sí mismo, a condición de no hacer nada en su propia contra. Son pues los pueblos los que se dejan, o, mejor dicho, se hacen maltratar, ya que para librarse de ello bastaría con que dejasen de servir. Es el pueblo quien se esclaviza y se degüella a sí mismo; quien, pudiendo escoger entre estar sometido o ser libre, rechaza la libertad y admite el yugo (…) Tomad la resolución de no servir y seréis libres. No os pido que le empujéis y le hagáis tambalear, sino sólo que no le sostengáis. Entonces lo verán como un gran coloso, cuyo pedestal ha sido apartado, caer por su propio peso y romperse en pedazos[13].

Este es el reto, desobediencia civil y no cooperación. Así lo entendió Luther King cuando impulsaba la lucha por los derechos civiles:

Llegué a comprender que lo que realmente estábamos haciendo era retirar nuestra cooperación de un sistema injusto […] Entonces pensé en la obra de Thoreau Essay on Civil Disobedience. […] Me convencí de que lo que estábamos preparando para hacer en Montgomery se relacionaba en gran manera con lo que él había expresado. […] Quien acepta el mal pasivamente está tan mezclado con él como el que ayuda a perpetrarlo. Quien acepta el mal sin protestar, realmente está cooperando con él. […] Un hombre recto no tenía más alternativa que negarse a la cooperación con un sistema injusto[14].

Como expone Manuel Hernández Apodaca, “la desobediencia civil es una manifestación del disenso frente a la ley, esa que pretende regular la convivencia, la que pasa por un proceso legislativo, por ello frente a ella, la desobediencia civil es un acto de negación y enfrentamiento contra una norma del sistema. Pero es también como señala Pérez Bermejo: (…) un acto de manifestación de consentimiento al sistema mismo, si bien se trataría de un consentimiento crítico, consciente y ajeno a la apatía o la sumisión, y ello porque en la desobediencia civil late un concepto de democracia mucho más activa y palpitante que el reducido a la rutina letárgica de los comicios electorales. (PÉREZ,1998. p.77)”[15].

Esto, en concreto es el fundamento de la acción noviolenta, no colaboración y desobediencia civil; de lo que se trata es arrancar a las masas de la influencia político-ideológica del régimen, la vida en la verdad para llegar finalmente al desafío político masivo. Para lograr este propósito se requiere un proceso activo de “toma de conciencia” tal y como acertadamente plantea Manuel Ramírez Chicharro[16], al decir:

El centro sobre el que orbitan las diferentes acciones noviolentas es el “proceso de toma de conciencia”, medio imprescindible para llevar a cabo la revolución pacífica. Racionalidad, originalidad y creatividad se han de combinar para marcar las pautas correctas a seguir en el enfrentamiento por “la dignidad y la libertad humanas”; proclama que se repite, directa o indirectamente, en todos los movimientos noviolentos a lo largo del siglo XX”.

La disidencia[17] interna debe tener en cuenta la propuesta formulada por Gene Sharp: “Se debe fortalecer a la población oprimida en su determinación de luchar, en la confianza en sí misma y en sus aptitudes para resistir (…) Confrontada con una fuerza firme y confiada en sí misma, con una estrategia concienzuda y de genuina solidez, la dictadura eventualmente se desmoronará (…) el liberarse de las dictaduras, en última instancia, depende de la capacidad que la gente tenga de liberarse a sí misma”. Esto significa formar conciencia por medio de una labor sistemática, inteligente, con creatividad; explicando y razonando y con objetivos claramente definidos.

El régimen castrista, cada vez es más débil y aunque todavía cuenta con las fuerzas represivas, la acción de sus órganos secretos, los cuerpos policiacos, los jueces y las prisiones ha ido perdiendo legitimidad ante la opinión internacional. La economía está en grado de descomposición y los recursos son menos accesibles. Para su legitimación acude a la colaboración de las masas, convocando a concentraciones y desfiles que se logran por presión. La no colaboración de la población o de una parte significativa de ella le resta legitimidad. No se requiere del empleo de las armas para hacer caer a la tiranía solo se requiere la no colaboración en la coartada del régimen, negarse a cotizar para los sindicatos oficialistas que no representan los intereses de los trabajadores, no participar en las reuniones de los Comité de Defensa de la Revolución, no participar en las farsas electorales del régimen o al menos entregar en blanco o anuladas las boletas. El castrismo es sustentado por las masas, cuando las masas dejan de cooperar, el fin del sistema está cercano y se puede lanzar el desafío político final. Cuando el individuo en cuanto tal, libre y autodeterminante rechace la colaboración con el gobierno o con el partido oficial, el Estado totalitario pierde el fundamento de su legitimidad. José María Beneyto Pérez en Propiedad, Estado y Sociedad[18] aclara este concepto, cuando dice que el fundamento de la legitimidad del Estado “no hay que buscarlo (…) en él mismo, ni tampoco en su origen histórico o en la voluntad divina, sino en la clave misma de la sociedad: el individuo en cuanto tal, libre y autodeterminante”.

Debe tenerse en cuenta la tesis formulada por Gene Sharp[19]: “A veces un llamado a la resistencia por parte de un pequeño grupo o de una persona puede encontrar inesperadamente una inmensa acogida. (…) Si un número suficiente de subordinados se rehúsa a seguir cooperando por un tiempo suficiente a pesar de la represión el sistema opresivo se debilitará, y acabará por desplomarse”.

En este punto se requiere una reafirmación de la definición de desafío político que ofrece Roberto Helvey[20]: “El ‘desafío político’ es una confrontación noviolenta (protesta, no colaboración e intervención) que se lleva a cabo de manera desafiante y activa, con fines políticos. (…) La palabra ‘desafío’ denota una deliberada provocación a la autoridad mediante la desobediencia, y no deja lugar para la sumisión. (…) Se usa principalmente para describir la acción realizada por la población para retomar de manos de la dictadura el control de las instituciones gubernamentales mediante el constante ataque a las fuentes de poder y el uso deliberado de la planificación estratégica y de las operaciones para alcanzarlo”.

Tengamos presente que tanto la desobediencia civil, es decir, la violación abierta y deliberada de la ley con un propósito político o social colectivo, como cualquier otra acción noviolenta que plantee el conflicto político coloca a los actores en la ilegalidad al rechazar las leyes y hasta la Constitución política del régimen castrista. Es un riesgo que, empero hay que enfrentar. No se puede obviar que el gobierno, ante un poderoso desafío político, reaccionará con violencia. La represión violenta del gobierno no es un indicador del fracaso de la acción noviolenta, sino el resultado lógico de que la acción noviolenta representa una seria amenaza a su poder. Sin embargo, el poder represivo del gobierno crea dificultades a la capacidad de organización, comunicación y movilización de los activistas de la acción noviolenta.

De acuerdo con Kurt Schock[21]: “Deben confluir dos condiciones básicas para que un desafío contribuya a las transformaciones políticas: 1) el desafío debe ser capaz de oponerse exitosamente a la represión, y 2) el desafío debe socavar el poder del Estado. Esas condiciones son suficientemente obvias. Lo que es menos obvio son los atributos y acciones de quienes promueven el desafío y que contribuyen a que se den esas condiciones y mecanismos que vinculan los atributos del movimiento y el accionar para el cambio político”. He aquí una referencia clara a la capacidad de liderazgo de los promotores del desafío y a su habilidad para sortear las dificultades generadas por el accionar represivo. Muy importante, más que priorizar las intenciones hay primero que evaluar las capacidades.



[1] Bertrand de Jouvenel. Sobre el Poder - Historia natural de su crecimiento. UNION EDITORIAL S.A., 2011
[2] Hermann Heller. Op. Cit.
[3] Gene Sharp. Como Funciona la Lucha Noviolenta. Obra condensada de The Politics of Nonviolent Action. The Albert Einstein Institution, 2014  
[4] Montesquieu. El Espíritu de las Leyes. Libro III. Cap. X
[5] Max Weber, Economía y sociedad, México, FCE, 1981
[6] Étienne de La Boétie. Discurso de la servidumbre voluntaria. Publicado en 1576
[7] Václav Havel. Todos ayudamos a crear el totalitarismo. Discurso pronunciado al asumir la presidencia de Checoslovaquia el 1 de enero de 1990
[8] Hannah Arendt. Los orígenes del totalitarismo. Edit. Taurus, 1974
[9] Étienne de La Boétie. Op. Cit.
[10] Václav Havel. Op. Cit.
[11] Václav Havel. El poder de los sin poder. Ediciones Encuentro, Madrid, España, 2013
[12] Henry Thoreau. Desobediencia civil
[13] Étienne de La Boétie. Op. Cit.
[14] Martin Luther King. Un sueño de igualdad; La Catarata; 2001
[15] Samuel Hernández Apodaca. Desobedecer la ley como obligación moral y Como derecho político. Revista Quaestionis. 19 de septiembre de 2016. No. 27
[16] Manuel Ramírez Chicharro. Desobediencia civil: la fuerza más poderosa. Historiadores Histéricos, Universidad de Castilla La Mancha (UCLM)
[17] Empleo este sustantivo a propósito, para recalcar que, hasta el presente, no existe como tal en Cuba y desde un punto estrictamente formal, una verdadera oposición, es decir como expresión organizada de la controversia que tiene lugar en el proceso de formación de la voluntad política y de la adopción de decisiones. La oposición sólo se entiende en cuanto “aspirante al gobierno”, y esa aspiración sólo es viable cuando se cuenta con el apoyo electoral o popular suficiente para lograr sus propósitos, vinculándose al conflicto político entendido como la mutua, simultánea y contradictoria aspiración de dos fuerzas oponentes a un mismo objetivo la toma o mantenimiento del poder y con capacidad para integrar y articular intereses y demandas.
[18] José María Beneyto Pérez. Propiedad, Estado y Sociedad: posibilidades de un análisis estructural diacrónico. Revista de Estudios Políticos 15.
[19] Gene Sharp. De la Dictadura a la Democracia. The Albert Einstein Institution
[20] Roberto Helvey, citado por Gene Sharp. Op. Cit.
[21] Kurt Schock. Insurrecciones no armadas. Movimientos de poder popular en regímenes autoritarios. Editorial Universidad del Rosario, Colombia, 2008

miércoles, 25 de enero de 2017

Comentado sobre la resistencia en Cuba (Segunda Parte)


Paralelamente a la labor de activismo la oposición deberá ser capaz de dar cuerpo a un movimiento de apoyo cívico de bajo nivel que pudiera denominarse Comité de Apoyo Cívico[1], pero fundamental en apoyo y colaboración, integrado con ciudadanos que, aunque simpatizantes con el movimiento opositor no estén dispuestos a participar en un activismo abierto. La idea de fundar un tal Comité de Apoyo Cívico sería una respuesta a la interrogante planteada por Gene Sharp, “¿Cuál es la posición de terceras personas no inmediatamente involucradas en el conflicto que están ayudando, o podrían ayudar, bien a la dictadura, bien al movimiento democrático y cómo podrían hacerlo?[2]

En toda sociedad humana existe una “mayoría silenciosa”[3] y hacia esa mayoría hay que dirigir el esfuerzo primordial buscando su colaboración y participación; volvemos aquí al Arte de la Guerra de Sun Tsu: “Cuando hay entusiasmo, convicción, orden, organización, recursos, compromiso de los soldados (en este caso, de los activistas), tienes la fuerza del ímpetu, y el tímido es valeroso. Así es posible asignar a los soldados (a los activistas) por sus capacidades, habilidades y encomendarle deberes y responsabilidades adecuadas. El valiente puede luchar, el cuidadoso puede hacer de centinela, y el inteligente puede estudiar, analizar y comunicar. Cada cual es útil”.

El Comité de Apoyo Cívico es pues el “soldado cuidadoso” de Sun Tsu, el centinela, el colaborador que observa y cumple tareas de manera discreta pero efectiva. No perdamos de vista que la fortaleza de un partido o de una organización política no está en el número de afiliados con que cuente sino en su capacidad de convocatoria y de movilización. He ahí la meta a alcanzar mediante la constitución de un Comité de Apoyo Cívico que será, en definitiva, la polarización de la sociedad en dos campos bien delimitados: el pueblo y el Estado totalitario al que, ajustado al criterio de Ernesto Laclau, “siempre hay que construir como enemigo”. Es sumamente importante sumar al movimiento de acción noviolenta cuantos voluntarios ─ actuando como agentes pasivos o como activistas ─, sean captados para impulsar, desde las profundidades, las campañas propuestas. Así lo entienden Srdja Popovic, Andrej Milivojevic y Slobodan Djinovic, al decir que, “los voluntarios son cruciales para un movimiento fuerte. Desarrollar una base de afiliados pasivos y activos es esencial para el éxito de cualquier campaña a largo plazo[4]. El Comité de Apoyo Cívico, no es trabajo fundado sobre la improvisación; debe ser una sistemática labor de inteligencia, no solo entendida esta como la capacidad de pensar, entender, razonar, asimilar, elaborar información y emplear el uso de la lógica, sino también como la capacidad de obtener y recolectar información político-estratégica para conocer, analizar y comprender el entorno y, en consecuencia, permitir la elaboración de los procedimientos más adecuados para alcanzar los objetivos políticos propuestos. Se trata en este caso, de la inteligencia como servicio para la toma de decisiones basadas en el análisis reflexivo acerca de las capacidades, vulnerabilidades e intenciones de los enemigos políticos y de los posibles aliados.   

Esta es una fase más de la táctica de la noviolencia, su fase conspirativa y secreta, y complementaria de su fase abierta del trabajo político y de agitación política de activistas a cara descubierta. Se debe tener en mente, tal como se expone en el manual Inteligencia de Combate de la Escuela de las Américas, que el “éxito o fracaso de una insurrección (o de un movimiento de lucha noviolenta, agrego) depende substancialmente de la actitud de la población. Se debe evaluar cuidadosamente el posible efecto que cualquier acción surta en la población…” En este sentido, el posible Comité de Apoyo Cívico es un elemento de primera línea recogiendo las opiniones que se plantean dentro de su entorno social sobre las propuestas o el accionar que haya acometido el movimiento opositor.

Dos tareas elementales, la de proselitismo o reclutamiento, para crecer en número, y la labor de captación de simpatizantes y colaboradores. Siempre, dentro de estos últimos, existen aquellos que, en la propia terminología de la inteligencia castrista, son los llamados “Persona de interés”. Sin embargo, este término debe dejarse bien definido en cuánto a su encuadre dentro de la lucha noviolenta política. No se trata de una labor de espionaje, dirigida a la búsqueda de información estratégico militar, como es lo común entre las agencias de inteligencia, sino de una relación de colaboración y de influencia para la elaboración de un estado de opinión entre profesores universitarios, estudiantes, intelectuales, periodistas y artistas. Así, la oposición debe saber distinguir quienes son amigos, quienes, aliados, bien circunstanciales o bien estratégicos, y quienes son enemigos. Aún entre las propias filas del Partido de gobierno se pueden captar colaboradores; siempre han existido esos colaboradores con la oposición.

La oposición frente al régimen castrista debe entender que la resistencia noviolenta es la realización de la guerra por medios pacíficos. Tal como afirma Fernando Mires, “la política está más cerca de lo militar que de lo económico” y agrega: “No vamos a citar ni a Maquiavelo, ni a Hobbes, ni a Clausewitz ni a Carl Schmitt para reafirmar esa idea base. La política nació de la guerra y por lo mismo encierra en sí una lógica que si bien no es militar en sí, viene de lo militar. Esa lógica nos dice que en la política como en la guerra hay antagonismos y luego hay enemigos[5]. Hay una cita de Mao Zedong que pareciera converger con estos criterios y subsiste en la mente de muchos revolucionarios y de aquellos que pretenden enfrentarse a un régimen dictatorial: “la política ─ anotó Mao ─ es una guerra sin derramamiento de sangre, mientras que la guerra es política con derramamiento de sangre. Somos defensores de la abolición de la guerra, no queremos guerra; pero la guerra sólo puede abolirse con guerra, para deshacerse de las armas, es necesario tomarlas”. Esta es la prédica de la violencia que en consecuencia genera más violencia, impone sufrimiento, genera pérdidas inútiles de vida entre las personas no comprometida con la guerra y, junto a esto, en una guerra civil los daños que genera son cuantiosos en vidas, y hacienda. Las armas pueden ser derrotadas mediante la lucha noviolenta ejecutada con astucia, inteligencia y disciplina y los daños, comparados con los de una acción militar son significativamente mucho menores.

Srdja Popovic y colaboradores[6] citan un estudio realizado en 2005 por Adrian Karatnyccky y Peter Ackerman de Freedom House, titulado ‘Cómo se gana la libertad: De la Resistencia Civil a la Democracia Duradera’. “En este estudio, se afirma que, en 50 de las 67 transiciones a la democracia durante los últimos 33 años, la resistencia civil no violenta fue un factor fundamental. Además, cuando los movimientos opositores utilizaron la resistencia no violenta, la transición arrojó resultados de mayor libertad y justicia para las sociedades en cuestión; mientras que los movimientos opositores que recurrieron a la violencia para lograr la transición, redujeron grandemente las posibilidades de construir democracias sostenibles”. Esta es la diferencia entre los partisanos armados y el partisano de la noviolencia, la diferencia existente entre democracias no sostenibles y una democracia firme.

Empero, el activista de la lucha noviolenta es tratado por el Poder como un luchador ilegal y hasta clandestino, aunque se manifieste públicamente, sin ocultamiento de identidad, por tanto, él es un partisano en combate irregular, un guerrillero urbano que no recurre al sabotaje o a la violencia. El partisano noviolento, el activista y agitador político colocado en la ilegalización, tiene como misión, impulsar a su favor la guerra civil de carácter frío; un estado de agitación política dirigido hacia el derrocamiento del poder totalitario. En la resistencia pacífica se mezcla en una misma unidad el principio táctico de guerrilla y de política. El guerrillero armado requiere del apoyo de una organización de carácter regular que le suministre recursos económicos y tácticos. El guerrillero noviolento requiere, del mismo modo, una organización de apoyo, diferente a su organización política perseguida y acosada por las fuerzas represivas, en este caso el hipotético Comité de Apoyo Cívico es su organización de sustento.



[1] Propongo este nombre de Comité en el sentido que en Argentina, El Salvador y Uruguay se da a esta acepción como el lugar donde se desarrollan actividades de información, de adoctrinamiento y de propaganda políticos.
[2] Gene Sharp. Op. Cit.
[3] Es como han expresado José Luis Fernández Casadevante y Nacho García Pedraza, ya citados: “Ante las prácticas de dominio y opresión siempre hay resistencia, aunque en muchos casos esta constituya un discurso oculto donde se articulan prácticas y exigencias que por temor a las represalias no pueden mostrarse abiertamente”.
[4] Srdja Popovic, Andrej Milivojevic y Slobodan Djinovic. Lucha no Violenta. Los 50 Puntos Cruciales. Center for Applied Non Violent Action and Strategies (CANVAS) Belgrado, Serbia, 2006
[5] Fernando Mires. La OTAN, la UE y la Política. Blog Polis, 15 de julio de 2016
[6] Srdja Popovic, Andrej Milivojevic, Slobodan Djinovic. La lucha noviolenta. Los 50 puntos cruciales. Un enfoque estratégico con tácticas cotidianas. Center for Applied Non Violent Action and Strategies (CANVAS) Belgrado, Serbia, 2006

viernes, 28 de octubre de 2016

Capítulo XXXI Segunda Parte. “Amigos, aliados y enemigos. Un análisis crítico de la Era del castrismo”.

Mario J. Viera
Segundo Frente Nacional del Escambray. Ernesto Guevara y el Pacto del Pedrero


Estaba cercano el momento en que Guevara arribara al Escambray; pero ya el Segundo Frente Nacional del Escambray le había enviado su mensaje por medio de la carta firmada por el comandante Jesús Carrera. En esta carta Carrera le explica a Guevara:

Teniendo noticias de que Ud. se dirige a esta zona, sin que se nos haya informado oficialmente por su organización su entrada en la zona, quiero advertirle lo siguiente: como cubano, como amante de la Libertad, y como compañero de todo el que lucha contra la tiranía, he de dar la vida por Uds. Ahora bien, deben tener presente, que el Segundo Frente ha sido y será siempre una organización en la que han tenido cabida todos los cubanos dispuestos a luchar en contra de la tiranía, no nos ha importado su militancia revolucionaria, sólo hemos tenido en cuenta su actuación dentro de nuestras filas, hemos soportado sin embargo los deseos ambiciosos de las organizaciones revolucionarías como el Directorio Revolucionario ─  que ha tratado ─ como el Comandante Bordón de sectorizar este frente militar en beneficio de dichas organizaciones (…) Teniendo en cuenta que viene Ud. del mismo lugar que vino el comandante Bordón días antes de descubrirse en ésta su falta de lealtad y sabiendo el alto concepto de la libertad y patriotismo del Dr. Castro y de Ud. mismo, lo conminamos a que antes de entrar en esta zona aclare sinceramente sus intenciones.

El 14 de octubre de 1958 entraba Guevara en la provincia de Las Villas; ya desde entonces estaba al tanto de la disposición del Estado Mayor del Segundo Frente Nacional del Escambray que establecía: “Que cualquier organización que contando con un grupo armado pretenda luchar en estas zonas sin previo acuerdo o autorización del Estado Mayor del Segundo Frente, será por primera vez advertida y por segunda vez exterminada por el Ejército del Segundo Frente[1]. Conociendo que los efectivos del Segundo Frente Nacional del Escambray eran la fuerza mayor en aquel territorio, Guevara se cuidó de no violar aquella disposición. Alentaría a Victor Bordón a unirse a su maltrecho grupo y prestaría atención a las quejas de Chomón sobre Menoyo y sus hombres y, por la izquierda llegaría a un convenio tácito con Eloy Gutiérrez Menoyo.

Se ha citado el fragmento de una carta de Fidel Castro y dirigida a Camilo Cienfuegos, fechada 14 de octubre de 1958, donde Castro expone: “Che ha sido enviado a Las Villas, para combatir al enemigo y mandar a las fuerzas del Movimiento 26 de Julio, no con pretensiones de mandar a ningún otro grupo. Ahora bien: si desean la unión de las fuerzas que operan en esa provincia es lógico que el mando corresponda al comandante más antiguo, el que haya demostrado más capacidad militar y organizativa, al que despierte más entusiasmo y confianza en el pueblo y esos requisitos que reúnen el Che y tú, nadie se los podrá discutir [...]. Yo no acepto ningún otro jefe que el Che, si las fuerzas llegan a un acuerdo[2].

Existe una evidente contradicción entre el enunciado de esta carta del 14 de octubre y lo establecido en la orden emitida por Castro para la creación de la Columna 8 al mando de Ernesto Guevara, donde a este se le nombraba “jefe de todas las unidades rebeldes del Movimiento 26 de Julio que operan en la provincia de Las Villas, tanto rurales como urbanas”, pero con la misión de “invitar” a todas las otras fuerzas revolucionarias que operaran en Las Villas “a integrar un solo cuerpo del Ejército para vertebrar y unificar el esfuerzo militar de la revolución”; por otra parte la expresa negativa de Castro de no reconocer a otro jefe que no sea Ernesto Guevara, una vez establecida la alianza de unidad entre todas las organizaciones insurreccionales de Las Villas, está en contradicción con lo que antes dice, que Guevara actuará en Las Villas sin pretensiones de mandar a ningún otro grupo.

Pronto, a su llegada, Guevara se vio sumergido dentro del golfo de intrigas que se abría en la abrupta geografía del Escambray; los conflictos entre los dos grupos que asumían la representación del Segundo Frente, el Directorio Revolucionario 13 de Marzo de Chomón y Cubela y el Segundo Frente Nacional de Eloy Gutiérrez Menoyo, Jesús Carrera y Armando Fleitas, aunándose a las del cuasi bandolero y contradictorio Victor Bordón ─ estereotipo del “malo” de un “western” americano ─, representante del M-26-7 en el Escambray, y las suyas propias siguiendo el guion ya trazado desde la Sierra Maestra.

Se dice que hubo un conflicto entre Guevara y el comandante del Segundo Frente Nacional del Escambray, Jesús Carrera Zayas ya desde los primeros días, con motivo de la orden del Estado Mayor del Segundo Frente relativa a las incursiones de otras fuerzas en el territorio bajo su control. De acuerdo con una versión, Carrera desarmó a Guevara y sus hombres en cumplimiento de aquella orden y le retuvo por un corto tiempo; según otra versión (Jon Lee Anderson)[3], en aquel encuentro entre los dos comandantes guerrilleros, Guevara le dice a Carrera que no le permitiría mencionar la palabra “advertencia” y este se deshizo en excusas. Sin importar cuál sea la versión verdadera, el caso es que Guevara, el día 20 de octubre ordenó a Victor Bordón presentarse ante él en el campamento Las Piñas, pero advirtiéndole que “esquivara todo tipo de encuentro con la tropa del Segundo Frente[4].

Bordón, luego de recibir una reprimenda de parte de Guevara por haber firmado su acatamiento a las decisiones del Segundo Frente, se reunió con sus hombres, un grupo que no pasaba más allá de la centena.

Me reuní con los oficiales de mi tropa y les expliqué que aquel hombre venía mandado por Fidel y había que acatar sus órdenes como si fuera el propio Comandante en Jefe. Les expresé también que me parecía un hombre muy honrado y justo, pero la información que tenía de nosotros no era la mejor. Todos coincidieron que debíamos echar pa’lante.[5]

Pronto Guevara comenzaría a realizar trabajo ideológico entre los combatientes del 26 de Julio a su mando y los campesinos de la zona empleando instructores políticos del P.S.P. Cumpliendo las directivas de la Sierra Maestra comenzó a incautar tierras privadas y a repartirlas entre algunos jornaleros agrícolas. Este accionar de Guevara en el Escambray es confirmado por Victor Bordón en su testimonio para el periodista José Antonio Fulgueiras:

El Che hizo un trabajo ideológico y político prácticamente asombroso para el poco tiempo que estuvo en el Escambray. Se reunió con los campesinos, les entregó tierras que fueron confiscadas a los latifundistas, conversó con el movimiento obrero, creó escuelas en Caballete de Casa, y logró en gran parte la unidad, pues con el Segundo Frente le fue imposible alcanzar un entendimiento.[6]

 Sobre este mismo tema se habla en el órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, Granma:

…todavía en predios de Las Cuabas, El Guineo, El Pedrero y hasta en el intrincado Gavilanes, se habla de “las fincas del Che”. Con esa denominación los lugareños del lomerío aluden a la primera entrega realizada (…) en noviembre de 1958 (por) el entonces jefe del Frente Guerrillero de Las Villas (…) [quien] decide crear el Buró Agrario para proceder a repartir los terrenos expropiados a los latifundistas de la región.
Ovidio Díaz Rodríguez, quien por aquellos tiempos servía de enlace entre la máxima dirección del Partido Socialista Popular en Las Villas y el Ejército Rebelde, ha testimoniado que tras quedar constituida la primera Asociación Campesina el 12 de noviembre, el Che convocó a una concentración para ventilar el asunto. “Él habló, les explicó todo y luego anunció la expropiación de las dos primeras fincas”[7].

Cuando Guevara se reúne con el mando del Directorio Revolucionario el 21 de octubre en el campamento de Dos Arroyos “ellos estaban abiertos a la idea de cooperar con el Movimiento 26 de Julio, pero rechazaban cualquier diálogo con el segundo frente y con los comunistas” y reforzaron su voluntad de mantener su independencia como organización en un pacto de unidad con Guevara[8]. En este encuentro se acordó una acción conjunta para tomar el pequeño cuartel de Güinía de Miranda.  No obstante, de acuerdo con Waldo Fernández Cuenca:

La llegada del Che a Las Villas el 21 de octubre de 1958 venía a completar el complejo cuadro de fuerzas que combatían a la dictadura en esa zona central del país. La unidad se convertía en un proceso harto difícil que culminaría con el Pacto del Pedrero el 1º de diciembre entre las dos fuerzas mejor organizadas: El Movimiento 26 de Julio y el Directorio Revolucionario[9].

Todavía estaban frescos los desencuentros entre el Directorio Revolucionario y Fidel Castro a propósito del rechazo de este último de la Junta de Liberación surgida del Pacto de Miami y del desacuerdo del Directorio de reconocer la legitimidad de la designación del Magistrado Urrutia, la que consideraba como “imposición e intransigencia”. El Directorio, entonces declararía que no se debía “aceptar para el cargo de Presidente provisional a ningún miembro del Poder Judicial que hubiera jurado los estatutos de Batista. En este caso específico, al doctor Urrutia le aplaudíamos y reconocíamos el gesto hermoso y reivindicativo de su voto particular, pero considerábamos que éste no era suficiente para elevarlo a tan alta posición”.

Venciendo todos los inconvenientes se llegaría, finalmente, a un convenio entre la Columna 8 y el Directorio Revolucionario 13 de Marzo, al que posteriormente se uniría el Partido Socialista Popular. Guevara desde el mismo día de su llegada al Escambray se dedicó a buscar un sitio seguro donde establecer su campamento. Se dice que los campesinos de la zona le indicaron el intrincado paraje de Caballete de Casa, a más de 650 metros sobre el nivel del mar y ubicado a treinta kilómetros de la ciudad de Fomento. No obstante, Caballete de Casa se dejó como lugar de entrenamiento de nuevos reclutas y sitio para la planta de radio de la columna y quedó, como campamento oficial de Guevara, el situado en El Pedrero, en la zona denominada Manaca Ranzola.


Así el Primero de diciembre de 1958 se firmó el Pacto de El Pedrero: “Significaba coordinar las acciones sin que hubiera la desaparición de ninguna de las organizaciones; todas con una idea única, derrocar la tiranía”, según declararía Harry Villegas Tamayo, escolta de Guevara en Las Villas al periodista Enrique Ojito[10].

El 2 de diciembre, Guevara cursó una invitación a Gutiérrez Menoyo para un encuentro en El Pedrero. Muy propio de su carácter, Menoyo le responde a Guevara diciendo: “Comandante Ernesto Guevara como usted es la visita, le propongo que caminemos los dos la mitad del camino y como yo estoy en Nuevo Mundo y usted en el Pedrero le propongo vernos en Güinía de Miranda, que viene siendo la mitad del camino”. De acuerdo con una versión ofrecida por Roger Redondo, que cita Félix J. Hernández, la reunión entre los dos comandantes duró unas dos horas discutiendo los términos del Pacto de El Pedrero. “Las aspiraciones unitarias del Ché sólo lograron un acuerdo tácito para que las acciones de la tropa de Menoyo se desarrollaran en un área determinada[11]. Solo en esta reunión se llegaría a un acuerdo en lo militar, decidiéndose que el “Segundo Frente avanzaría por el sur de la Isla hacía La Habana. El Directorio Revolucionario avanzaría con las tropas de Guevara por el centro de Cuba también hasta La Habana mientras que las tropas de Camilo Cienfuegos harían el recorrido por la costa norte[12]. Esta última decisión se pospondría hasta que Guevara consultara con el mando de la Sierra Maestra.

Siguiendo lo expuesto por Roger Redondo, se produce un nuevo encuentro entre Guevara y Eloy Gutiérrez Menoyo con el propósito de firmar el pacto entre las dos organizaciones insurreccionales; empero no llegaban a un acuerdo definitivo por lo que, en aquel texto, antes concertado con el Directorio Revolucionario, se establecía en cuanto a “política Agraria y a la Administración de Justicia”.

El texto original del Pacto de El Pedrero tal como fuera firmado por Guevara y Chomón es el siguiente:

El proceso de descomposición del gobierno dictatorial de Fulgencio Batista ha entrado en su etapa definitiva. Todos los esfuerzos de la dictadura estaban encaminados a mantenerse hasta la farsa electoral del 3 de noviembre, esa fecha ha pasado y constituyó una sonora bofetada del pueblo a los candidatos de la dictadura, oficiales o no.

Una nueva fecha se abre ante la perspectiva de los cansados soldados de la tiranía: el 24 de febrero, momento teórico en que se deberá transmitir el mando presidencial, pero el soldado del batistato, cada vez cree menos en fechas ilusorias y cada vez palpa más en sus carnes la eficiencia de las armas del pueblo.

Haciendo patente la plena identificación que existe en la lucha contra la tiranía entre el Movimiento 26 de julio y el Directorio revolucionario, ambas organizaciones se dirigen al pueblo de Las Villas, desde la Sierra del Escambray donde sus fuerzas combaten por la libertad de Cuba.

Es propósito del Movimiento 26 de Julio y del Directorio Revolucionario mantener una perfecta coordinación en sus acciones militares, llegando a combinar operaciones, donde sus fuerzas participen al mismo tiempo, combatiendo miembros del 26 de Julio y del Directorio Revolucionario. Así como de utilizar conjuntamente para beneficio de la Revolución, las vías de comunicaciones y abastecimiento que están bajo el control de una u otra organización.

En la política administrativa, el territorio libre ha sido dividido en zonas que están bajo la jurisdicción del Directorio revolucionario y el Movimiento 26 de julio, donde cada organización recaudará los tributos de guerra.

En cuanto a la política Agraria y a la Administración de Justicia, el Movimiento 26 de Julio y el Directorio Revolucionario están acoplando sus planes de Reforma Agraria y Código Penal.

Estas declaraciones llevan una síntesis de cohesión del Movimiento Revolucionario en el frente de Las Villas, donde luchan hermanados el 26 de Julio y el Directorio Revolucionario, que representan los más puros ideales de la juventud, llevando gran parte del peso de la insurrección cubana, derramando su sangre, sin la cual no hubiera habido ni Sierra Maestra, ni Sierra del Escambray ni se hubiera dado un 26 de Julio en el Moncada ni un 13 de Marzo en el Palacio Presidencial.

Estamos conscientes de nuestro deber con la Patria y en nombre de los postulados revolucionarios de Frank País y José Antonio Echeverría, llamamos a la unión a todos los factores revolucionarios e invitamos a todas las organizaciones en el territorio para que se adhieran públicamente a este llamamiento, coordinando su acción en beneficio de la nación cubana.

Unir es la palabra de orden: juntos estamos dispuestos a vencer o morir.

Luego de un fuerte debate donde no se llegaba a tomar un acuerdo se suprime del Pacto entre el Segundo Frente y el 26 de Julio los puntos donde no existían convergencias. Sobre este tema, Eloy Gutiérrez Menoyo testimoniaría en declaraciones que le daría al periodista independiente Rogelio Fabio Hurtado en abril de 2014[13]:

Se ha hablado de grandes discrepancias con el Che, cosa que no fue cierta. Fueron pequeñas intrigas, alimentadas y dimensionadas por la gente del PSP, que no impidieron que yo firmara con el Che el Pacto del Pedrero, el cual no supeditaba nuestras tropas a su mando y que funcionó muy concretamente en lo operacional para coordinar nuestros esfuerzos militares. Sencillamente, nosotros iniciaríamos la ofensiva por la costa sur y él lo haría por la costa norte. Fuimos los primeros en cumplir, iniciamos la ofensiva el 2 de diciembre, cuando irrumpimos al frente de varias columnas en la ciudad de Trinidad, que ocupamos durante toda la noche, operación en la que consumimos casi todo el parque del que disponíamos.

Castro, por su parte no recibió de muy buen grado la firma del Pacto de El Pedrero efectuada por Guevara con el Directorio Revolucionario. Criticaría a Guevara en carta con fecha 26 de diciembre de 1958, diciéndole: “Considero que estás cometiendo un grave error político al compartir tu autoridad, tu prestigio y tu fuerza con el Directorio Revolucionario”; y agrega en tonos despectivos hacia el Directorio Revolucionario: “No tiene sentido aupar [a] un grupito cuyas intenciones y cuyas ambiciones conocemos sobradamente, y que en el futuro serán fuente de problemas y dificultades. Tan soberbios y presumidos son, que ni siquiera han acatado tu jefatura, ni la mía, pretenden erigir una fuerza militar autónoma y particular que no podremos tolerar de ninguna forma (…) La Columna de Camilo debe constituir la vanguardia y apoderarse de La Habana cuando la Dictadura caiga si no queremos que las armas de Columbia se las repartan entre todos los grupos y tengamos en el futuro un problema muy grave.

En este momento la situación de Las Villas constituye mi principal preocupación. No comprendo por qué vamos a caer en el mal que motivó precisamente el envío tuyo y de Camilo a esa Provincia.

Ahora resulta que cuando podíamos haberlo superado definitivamente, lo agravamos[14].

Según el historiador José Álvarez, citado por Wilfredo Cancio Isla, esta carta de Castro, confirma que él “siempre se burló de los pactos y que todo lo tenía certeramente calculado para evitar que no hubiera el más mínimo chance de disputarle el poder absoluto[15].

El Movimiento 26 de Julio, en la persona de Ernesto Guevara, había logrado concertar una alianza con las dos organizaciones insurreccionales del Escambray y con la guerrilla del P.S.P.; alianza donde el más favorecido sería el 26 de Julio. Ni el Directorio Revolucionario 13 de Marzo, ni el Segundo Frente Nacional del Escambray, ni tampoco el P.S.P. serían tomados como aliados efectivos, sino como aliados de conveniencia.

Chomón, cegado por su prepotencia, no comprendió que firmar con el 26 de Julio colocaría a su organización en una posición de dependencia política con respecto a Guevara. Él ya había conocido, desde la fecha del Pacto de Miami, el pobre concepto que Castro tenía de cualquier otra organización, incluido el Directorio, que no fuera la suya propia. El Escambray dejaría de ser para convertirse en Frente de las Villas; y el jefe de ese frente, la figura cimera del Frente de Las Villas ahora sería el Comandante Ernesto Guevara, el Che. El Directorio Revolucionario quedaría relegado a un segundo lugar.

Guevara había llegado al Escambray con un grupo en pésimas condiciones, agotados y muchos descalzos; un grupo que estaba necesitado del auxilio generoso de los combatientes del Escambray y que requería de la unidad para su subsistencia.

Cuando se firma un pacto de alianza hay que pensar previamente si la otra parte cumplirá con todo lo pactado y tener presente quién de los pactantes está en mejor posición o con mayor fuerza, y, sobre todo, cuál de las dos partes está más urgida para pactar. En todo pacto político o militar como en este caso, se requiere definir las obligaciones y los beneficios recíprocos. Tanto el Directorio Revolucionario como el Movimiento 26 de Julio poseían puntos de vistas divergentes en cuanto a la toma del poder y del establecimiento del gobierno provisional. El Movimiento 26 de Julio ambicionaba colocarse como la fuerza conductora de la revolución y el Directorio Revolucionario, que conocía estas intenciones, aspiraba a formar parte igual en la dirección del proceso de transición. Esto no quedó consensuado en el Pacto de El Pedrero. Chomón siempre demostró que, en asuntos políticos era un completo miope; y en lo militar, era totalmente ciego. No comprendió el concepto schmittiano del enemigo potencial que representaría el Movimiento 26 de Julio en el conflicto de intereses opuestos, llevado hasta el antagonismo. Este criterio de antagonismo está presente en Castro que ve como enemigo, al otro, al extraño, es decir, al que no se somete a sus ambiciones, a todo aquel que eventualmente pudiera hacerle competencia. Carl Schmitt todo el tiempo estará presente en el modo de Castro de entender lo político.

Guevara llegaba al Escambray con un discurso que llamaba a la unidad, pero el 26 de Julio era el principal adversario del Directorio; sin embargo, tanto Chomón como Gutiérrez Menoyo se veían entre sí no como adversarios, sino como enemigos inmediatos y no comprendieron que, ante la llegada del extraño, hubiera sido más conveniente para sus mutuos intereses firmar una alianza de colaboración y de no agresión frente a los intereses políticos del 26 de Julio. Por su origen tanto el Directorio Revolucionario como el Segundo Frente eran organizaciones afines. La historia demostraría que el Directorio Revolucionario quedaría relegado de todo poder y el Segundo Frente estigmatizado con los peores calificativos. Castro sería por tanto el héroe nacional merecedor de todos los laureles de la gloria.




[1] Eloy Gutiérrez Menoyo y Jesús Carreras Zayas: Órdenes dictadas por el Estado Mayor del Segundo Frente Nacional Unido del Escambray, para la zona norte, en: Joel Iglesias. De la Sierra Maestra al Escambray, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1979. Cit. por Ricardo Efrén González. La estrategia unitaria del Che Guevara en Las Villas
[2] Fidel Castro Ruz. “Carta a Camilo Cienfuegos, 14 de octubre de 1958”, en Fondo 01, Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado. Cit. por Luis Machado Ordetx. Unidad y asunción en El Pedrero. Periódico Vanguardia. 17 de diciembre de 2013
[3] Jon Lee Anderson. Che Guevara: A Revolutionary Life. Grove Press. New York 2010
[4]Luis Machado Ordetx. Unidad y asunción en El Pedrero. Periódico Vanguardia. 17 diciembre 2013
[5] Testimonio de Bordón dado a José Antonio Fulgueiras. No vine aquí a pelear por grados. Diario Escambray. 31 enero, 2014
[6] Idem
[7] La tierra repartida en la memoria guajira.  Granma, 8 de mayo de 2014
[8] Jon Lee Anderson. Op. Cit.
[9] Waldo Fernández Cuenca. Anatomía de un enfrentamiento. La guerra. Cubaencuentro, 30 de diciembre de 2009
[10] Enrique Ojito. De las tinieblas a la luz. Periódico Escambray. 13 octubre, 2013
[11] Félix J. Hernández. Los Primeros Encuentros de Gutiérrez Menoyo con el Che.
[12] Idem
[13] Rogelio Fabio Hurtado. Entrevista con Eloy Gutiérrez Menoyo. Blog La Madrugada. 3 de abril de 2014 
[14] Fidel Castro: La contraofensiva estratégica, Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, 2010, pp. 343-345
[15] José Álvarez, profesor emérito de la Universidad de la Florida y autor de Principio y fin del mito fidelista (2008). Citado por Wilfredo Cancio Isla. Café Fuerte.