Paralelamente a la labor de activismo la
oposición deberá ser capaz de dar cuerpo a un movimiento de apoyo cívico de
bajo nivel que pudiera denominarse Comité
de Apoyo Cívico[1],
pero fundamental en apoyo y colaboración, integrado con ciudadanos que, aunque
simpatizantes con el movimiento opositor no estén dispuestos a participar en un
activismo abierto. La idea de fundar un tal Comité de Apoyo Cívico sería una
respuesta a la interrogante planteada por Gene Sharp, “¿Cuál es la posición de terceras personas no inmediatamente
involucradas en el conflicto que están ayudando, o podrían ayudar, bien a la
dictadura, bien al movimiento democrático y cómo podrían hacerlo?”[2]
En toda sociedad humana existe una
“mayoría silenciosa”[3] y hacia esa mayoría hay que
dirigir el esfuerzo primordial buscando su colaboración y participación;
volvemos aquí al Arte de la Guerra de
Sun Tsu: “Cuando hay entusiasmo,
convicción, orden, organización, recursos, compromiso de los soldados (en
este caso, de los activistas), tienes la
fuerza del ímpetu, y el tímido es valeroso. Así es posible asignar a los
soldados (a los activistas) por sus
capacidades, habilidades y encomendarle deberes y responsabilidades adecuadas.
El valiente puede luchar, el cuidadoso puede hacer de centinela, y el
inteligente puede estudiar, analizar y comunicar. Cada cual es útil”.
El Comité de Apoyo Cívico es pues el
“soldado cuidadoso” de Sun Tsu, el centinela, el colaborador que observa y
cumple tareas de manera discreta pero efectiva. No perdamos de vista que la
fortaleza de un partido o de una organización política no está en el número de
afiliados con que cuente sino en su capacidad de convocatoria y de
movilización. He ahí la meta a alcanzar mediante la constitución de un Comité
de Apoyo Cívico que será, en definitiva, la polarización de la sociedad en dos
campos bien delimitados: el pueblo y el Estado totalitario al que, ajustado al
criterio de Ernesto Laclau, “siempre hay
que construir como enemigo”. Es sumamente importante sumar al movimiento de
acción noviolenta cuantos voluntarios ─ actuando como agentes pasivos o como activistas
─, sean captados para impulsar, desde las profundidades, las campañas
propuestas. Así lo entienden Srdja Popovic, Andrej Milivojevic y Slobodan
Djinovic, al decir que, “los voluntarios
son cruciales para un movimiento fuerte. Desarrollar una base de afiliados
pasivos y activos es esencial para el éxito de cualquier campaña a largo plazo”[4]. El Comité de Apoyo Cívico,
no es trabajo fundado sobre la improvisación; debe ser una sistemática labor de
inteligencia, no solo entendida esta como la capacidad de pensar, entender,
razonar, asimilar, elaborar información y emplear el uso de la lógica, sino
también como la capacidad de obtener y recolectar información político-estratégica
para conocer, analizar y comprender el entorno y, en consecuencia, permitir la
elaboración de los procedimientos más adecuados para alcanzar los objetivos
políticos propuestos. Se trata en este caso, de la inteligencia como servicio
para la toma de decisiones basadas en el análisis reflexivo acerca de las
capacidades, vulnerabilidades e intenciones de los enemigos políticos y de los
posibles aliados.
Esta es una fase más de la táctica de la
noviolencia, su fase conspirativa y secreta, y complementaria de su fase
abierta del trabajo político y de agitación política de activistas a cara
descubierta. Se debe tener en mente, tal como se expone en el manual Inteligencia de Combate de la Escuela de
las Américas, que el “éxito o fracaso de
una insurrección (o de un movimiento de lucha noviolenta, agrego) depende substancialmente de la actitud de la
población. Se debe evaluar cuidadosamente el posible efecto que cualquier
acción surta en la población…” En este sentido, el posible Comité de Apoyo
Cívico es un elemento de primera línea recogiendo las opiniones que se plantean
dentro de su entorno social sobre las propuestas o el accionar que haya
acometido el movimiento opositor.
Dos tareas elementales, la de proselitismo
o reclutamiento, para crecer en número, y la labor de captación de
simpatizantes y colaboradores. Siempre, dentro de estos últimos, existen
aquellos que, en la propia terminología de la inteligencia castrista, son los
llamados “Persona de interés”. Sin embargo, este término debe dejarse bien
definido en cuánto a su encuadre dentro de la lucha noviolenta política. No se
trata de una labor de espionaje, dirigida a la búsqueda de información
estratégico militar, como es lo común entre las agencias de inteligencia, sino
de una relación de colaboración y de influencia para la elaboración de un
estado de opinión entre profesores universitarios, estudiantes, intelectuales,
periodistas y artistas. Así, la oposición debe saber distinguir quienes son
amigos, quienes, aliados, bien circunstanciales o bien estratégicos, y quienes
son enemigos. Aún entre las propias filas del Partido de gobierno se pueden
captar colaboradores; siempre han existido esos colaboradores con la oposición.
La oposición frente al régimen castrista
debe entender que la resistencia noviolenta es la realización de la guerra por
medios pacíficos. Tal como afirma Fernando Mires, “la política está más cerca de lo militar que de lo económico” y
agrega: “No vamos a citar ni a Maquiavelo,
ni a Hobbes, ni a Clausewitz ni a Carl Schmitt para reafirmar esa idea base. La
política nació de la guerra y por lo mismo encierra en sí una lógica que si
bien no es militar en sí, viene de lo militar. Esa lógica nos dice que en la
política como en la guerra hay antagonismos y luego hay enemigos”[5]. Hay una cita de Mao Zedong
que pareciera converger con estos criterios y subsiste en la mente de muchos
revolucionarios y de aquellos que pretenden enfrentarse a un régimen
dictatorial: “la política ─ anotó Mao
─ es una guerra sin derramamiento de
sangre, mientras que la guerra es política con derramamiento de sangre. Somos
defensores de la abolición de la guerra, no queremos guerra; pero la guerra
sólo puede abolirse con guerra, para deshacerse de las armas, es necesario
tomarlas”. Esta es la prédica de la violencia que en consecuencia genera
más violencia, impone sufrimiento, genera pérdidas inútiles de vida entre las
personas no comprometida con la guerra y, junto a esto, en una guerra civil los
daños que genera son cuantiosos en vidas, y hacienda. Las armas pueden ser
derrotadas mediante la lucha noviolenta ejecutada con astucia, inteligencia y
disciplina y los daños, comparados con los de una acción militar son
significativamente mucho menores.
Srdja Popovic y colaboradores[6] citan un estudio realizado
en 2005 por Adrian Karatnyccky y Peter Ackerman de Freedom House, titulado ‘Cómo se gana la libertad: De la Resistencia
Civil a la Democracia Duradera’. “En
este estudio, se afirma que, en 50 de las 67 transiciones a la democracia
durante los últimos 33 años, la resistencia civil no violenta fue un factor
fundamental. Además, cuando los movimientos opositores utilizaron la
resistencia no violenta, la transición arrojó resultados de mayor libertad y justicia
para las sociedades en cuestión; mientras que los movimientos opositores que
recurrieron a la violencia para lograr la transición, redujeron grandemente las
posibilidades de construir democracias sostenibles”. Esta es la diferencia
entre los partisanos armados y el partisano de la noviolencia, la diferencia
existente entre democracias no sostenibles y una democracia firme.
Empero, el activista de la lucha
noviolenta es tratado por el Poder como un luchador ilegal y hasta clandestino,
aunque se manifieste públicamente, sin ocultamiento de identidad, por tanto, él
es un partisano en combate irregular,
un guerrillero urbano que no recurre al sabotaje o a la violencia. El partisano
noviolento, el activista y agitador político colocado en la ilegalización, tiene
como misión, impulsar a su favor la guerra civil de carácter frío; un estado de
agitación política dirigido hacia el derrocamiento del poder totalitario. En la
resistencia pacífica se mezcla en una misma unidad el principio táctico de
guerrilla y de política. El guerrillero armado requiere del apoyo de una
organización de carácter regular que le suministre recursos económicos y
tácticos. El guerrillero noviolento requiere, del mismo modo, una organización
de apoyo, diferente a su organización política perseguida y acosada por las
fuerzas represivas, en este caso el hipotético Comité de Apoyo Cívico es su
organización de sustento.
[1] Propongo este nombre de Comité en el sentido que en Argentina, El
Salvador y Uruguay se da a esta acepción como el lugar donde se desarrollan
actividades de información, de adoctrinamiento y de propaganda políticos.
[2] Gene Sharp. Op. Cit.
[3] Es como han expresado José Luis Fernández Casadevante y Nacho
García Pedraza, ya citados: “Ante las
prácticas de dominio y opresión siempre hay resistencia, aunque en muchos casos
esta constituya un discurso oculto donde se articulan prácticas y exigencias
que por temor a las represalias no pueden mostrarse abiertamente”.
[4] Srdja Popovic, Andrej Milivojevic y Slobodan Djinovic. Lucha no Violenta. Los 50 Puntos Cruciales.
Center for Applied Non Violent
Action and Strategies (CANVAS) Belgrado, Serbia, 2006
[5] Fernando Mires. La OTAN, la
UE y la Política. Blog Polis, 15 de julio de 2016
[6] Srdja Popovic, Andrej Milivojevic, Slobodan Djinovic. La lucha noviolenta. Los 50 puntos
cruciales. Un enfoque estratégico con tácticas cotidianas. Center for
Applied Non Violent Action and Strategies (CANVAS) Belgrado, Serbia, 2006

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