Contactar

lunes, 25 de diciembre de 2017

HABLEMOS DE LA BIBLIA: ¿Palabra de Dios?

Mario J.  Viera



Para los fundamentalistas apegados a la letra del primer libro bíblico, Génesis, el mito de la creación del mundo y del hombre está fuera de discusión, aunque los estudios científicos han demostrado otra realidad. Dios no es un fabulista, ni un redactor de ciencia ficción, entonces, ¿por qué tal pueril relato sobre una creación realizada a partir de la nada? Se pudiera alegar que Dios dirigía su palabra a personas de la antigüedad que no podría asimilar una propuesta más verídica y cercana a la realidad científica. Esta respuesta no convence.

Dios muy bien podría explicar de modo sencillo la formación del mundo y el origen del ser humano, con una explicación que no le hiciera un tonto contando cuentos infantiles. Para que fuera palabra de Dios, lo que se hubiera recogido en el Génesis, Dios habría dicho: “Yo di inicio a las fuerzas que formaron el sol, la tierra, la luna y las estrellas”, sin decir que la luna y el sol fueran luminarias para alumbrar a la tierra; pudo haber dicho: “Yo di movimiento a la tierra para que hubiera día y noche” sin necesidad de decir: “…y separó Dios la luz de las tinieblas. Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche”; dicho esto el primer día, antes que se hablara de que, al cuarto día de la creación, haría “lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, para días y años (…) y sean por lumbreras en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra”.

Pudo haber dicho Dios, para que se escribiera en el libro: “Yo cree ─ ahora sí, dicho correctamente, crear ─ la vida, y surgieron todas las especies de vegetales y animales, y elegí al hombre para que fuera mi imagen, conforme a mi semejanza”.

Con esto hasta aquí dicho, alguien pueda acusarme de blasfemo. De ningún modo. La blasfemia, y una de las mayores, es presentar a Dios hablando sandeces sobre el origen del universo y la vida con desprecio a su Suprema Inteligencia. Una blasfemia tan grande por la que haciendo a la tierra el centro del universo, a muchos sabios se les condenó a morir en la hoguera de la Inquisición y obligar, esa Inquisición, a Galileo a retractarse de sus descubrimientos.

El otro mito del Génesis está en el relato del huerto maravilloso del Edén y en la entrada del pecado en el mundo por la desobediencia. Por la desobediencia el hombre se condenó a la muerte, esta es la tesis del relato; ¿y quién provocó la desobediencia del hombre? ¡la mujer! Tan tonta que se deja engañar por un ofidio parlante; la mujer que depende del hombre, porque según el mito fue hecha de la costilla del hombre. Sin embargo, Dios que como buen hortelano se pasea por el jardín y se percata que Adán y Eva sienten pena de su desnudez y se ocultan de él, cubiertos sus genitales con hojas de higuera, entonces, convertido en costurero “hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió”.

Veamos por paso: Dios puede ser visto directamente por el ser humano. Adán y Eva cuando le sienten paseando por el huerto se ocultan de él; sin embargo, ese primer par de humanos, aunque supuestamente “creados” para ser eternos, no son de la misma naturaleza espiritual de los ángeles, sino cuerpos materiales de acuerdo con el contexto del relato. Esto se evidencia cuando Dios le dice a Adán: “Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás”.

Y Adán y Eva pueden ver a Dios porque él tiene figura antropomorfa, es parecido en su cuerpo al ser humano, tal y como en Grecia y Roma eran sus dioses. Figura de hombre y ciertamente con muchos defectos humanos, es Dios celoso, es capaz de arrepentirse de lo creado por él; en ocasiones hasta se enfurece y es vengativo pues carga “la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me odian”.

Esto no puede ser palabra de Dios, sino la elaboración judaica de un dios tribal que se asemeja a los dioses paganos de los pueblos vecinos de Israel, que castigan, condenan y exigen que se les tema.

Por otra parte, todo el concepto del bien y el mal que adquieren la pareja del Edén se encuentra en su desnudez. “¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses?” le dijo Dios a Adán. “…del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás”.

Preguntémonos: Los pueblos primitivos que habitan en la selva amazónica ¿desconocen el árbol de la ciencia del bien y el mal? No hay que dudar que estos pueblos tienen conciencia de lo que es bien y lo que es mal; por eso tienen sus propias leyes, y sin embargo, están completamente desnudos, sin vergüenza por mostrar sus genitales.

La desnudez por sí misma no es pecado, sino una condición de la vida natural del hombre. La mojigatería de los redactores del texto bíblico, con mente torcida la hicieron pecaminosa y convirtieron a la costura y confección de ropas en el más antiguo de los oficios.

El pudor en las sociedades civilizadas, no surgió en la era paradisiaca, sino que fue conformándose paulatinamente después que los humanos comenzaron a cubrirse con pieles de animales para librarse del frío en la última era glacial cuando el hombre se hizo humano.

Revisemos ahora el capítulo 12 de Génesis. Abraham ha ido a Egipto y como la belleza de su esposa podría encender la pasión de los egipcios, quiso evitar que le mataran por causa de ella. Entonces le ordenó que mintiera diciendo que era su hermana. Como era una hermosa mujer se la llevaron al nesu, es decir al faraón, para que la tomara como concubina. Gracias a su mujer, Abraham obtuvo ventajas pues el nesu le regaló “ovejas, vacas, asnos, siervos, criadas, asnas y camellos”. Todo hasta que el nesu descubrió que le habían engañado y que Sara la mujer de Abraham no era su hermana como había dicho que era, dícese que el engaño fue revelado porque Dios “hirió a Faraón y a su casa con grandes plagas”, por causa de la mujer de Abraham.

Algo similar le ocurrió a Yitzchak (Isaac) hijo de Abraham estando en Gerar. Esto se cuenta en el capítulo 26 de Génesis: “Y los hombres de aquel lugar le preguntaron acerca de su mujer; y él respondió: Es mi hermana; porque tuvo miedo de decir: Es mi mujer; pensando que tal vez los hombres del lugar lo matarían por causa de Rebeca, pues ella era de hermoso aspecto”. ¿Palabra de Dios? Abraham miente por miedo sobre su relación con su esposa; lo mismo hace su hijo; pero Abraham se aprovecha de la unión de su esposa con el faraón y obtiene ganancias. ¿Es acaso este un relato ejemplarizante, digno de encontrarse dentro de un texto considerado sagrado? ¿Cómo puede calificarse la actitud de Abraham?

Continuemos revisando la historia de Abraham que la Biblia presenta como ejemplar. Primero preguntémonos, ¿qué es fornicar? Según el diccionario fornicar es tener ayuntamiento o cópula carnal fuera del matrimonio.

Capítulo 16 de Génesis. Sara, que entonces se llamaba Sarai, le dice a Abraham, cuyo nombre en aquellos días era Abram: “Ya ves que Dios me ha hecho estéril; te ruego, pues, que te llegues a mi esclava; quizá tendré hijos de ella. Y atendió Abram al ruego de Sarai (…) Y él se llegó a Agar, la cual concibió…” Permitido por su propia mujer, pero fornicación de hecho. ¿Palabra de Dios?; ¿condena Dios la fornicación de algunos y, en cambio, no condena la fornicación cometida por alguno de sus “elegidos”? Dios no solo omite castigar el pecado de Abraham sino que también le premia en el hijo que le anuncia que le nacerá de Sara, diciéndole que establecería su pacto con Yitzchak.

En el Capítulo 21 ¿Qué hace Abraham? Sara está molesta con el primogénito de Abraham, Ishma’el (Ismael) y le pide: “Echa a esta esclava y a su hijo, porque el hijo de esta sierva no ha de heredar con Isaac (Yitzhak) mi hijo”. Abraham acepta expulsar a su hijo: “Entonces Abraham se levantó muy de mañana, y tomó pan, y un odre de agua, y lo dio a Agar, poniéndolo sobre su hombro, y le entregó el muchacho, y la despidió. Y ella salió y anduvo errante por el desierto de Beerseba”.  Esto es crueldad; pero se lee en el libro que Abraham aceptó expulsar a la esclava y al hijo de él al desierto porque Dios, conversando directamente con él le dijo: “No te parezca grave a causa del muchacho y de tu esclava; en todo lo que te dijere Sara, oye su voz, porque en Isaac te será llamada descendencia”. Dios entonces hace acepción de personas, rechaza al hijo de Abraham nacido de una esclava.


Vuelvo a decirlo. Poner en un libro sagrado un acto tan miserable con la anuencia de Dios, que perdona el egoísmo de Sara y la debilidad de Abraham, es una blasfemia contra él y contra su justicia y bondad. Esto no puede ser Palabra de Dios.

No hay comentarios:

Publicar un comentario