Mario
J. Viera
Para
los fundamentalistas apegados a la letra del primer libro bíblico, Génesis, el
mito de la creación del mundo y del hombre está fuera de discusión, aunque los
estudios científicos han demostrado otra realidad. Dios no es un fabulista, ni
un redactor de ciencia ficción, entonces, ¿por qué tal pueril relato sobre una
creación realizada a partir de la nada? Se pudiera alegar que Dios dirigía su
palabra a personas de la antigüedad que no podría asimilar una propuesta más
verídica y cercana a la realidad científica. Esta respuesta no convence.
Dios
muy bien podría explicar de modo sencillo la formación del mundo y el origen
del ser humano, con una explicación que no le hiciera un tonto contando cuentos
infantiles. Para que fuera palabra de Dios, lo que se hubiera recogido en el
Génesis, Dios habría dicho: “Yo di inicio
a las fuerzas que formaron el sol, la tierra, la luna y las estrellas”, sin
decir que la luna y el sol fueran luminarias para alumbrar a la tierra; pudo
haber dicho: “Yo di movimiento a la tierra para que hubiera día y noche”
sin necesidad de decir: “…y separó Dios
la luz de las tinieblas. Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó
Noche”; dicho esto el primer día, antes que se hablara de que, al cuarto
día de la creación, haría “lumbreras en
la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales
para las estaciones, para días y años (…) y sean por lumbreras en la expansión de los cielos para alumbrar sobre
la tierra”.
Pudo
haber dicho Dios, para que se escribiera en el libro: “Yo cree ─ ahora sí, dicho correctamente, crear ─ la vida, y surgieron todas las especies de
vegetales y animales, y elegí al hombre para que fuera mi imagen, conforme a mi
semejanza”.
Con
esto hasta aquí dicho, alguien pueda acusarme de blasfemo. De ningún modo. La
blasfemia, y una de las mayores, es presentar a Dios hablando sandeces sobre el
origen del universo y la vida con desprecio a su Suprema Inteligencia. Una
blasfemia tan grande por la que haciendo a la tierra el centro del universo, a
muchos sabios se les condenó a morir en la hoguera de la Inquisición y obligar,
esa Inquisición, a Galileo a retractarse de sus descubrimientos.
El
otro mito del Génesis está en el relato del huerto maravilloso del Edén y en la
entrada del pecado en el mundo por la desobediencia. Por la desobediencia el
hombre se condenó a la muerte, esta es la tesis del relato; ¿y quién provocó la
desobediencia del hombre? ¡la mujer! Tan tonta que se deja engañar por un
ofidio parlante; la mujer que depende del hombre, porque según el mito fue
hecha de la costilla del hombre. Sin embargo, Dios que como buen hortelano se
pasea por el jardín y se percata que Adán y Eva sienten pena de su desnudez y
se ocultan de él, cubiertos sus genitales con hojas de higuera, entonces,
convertido en costurero “hizo al hombre y
a su mujer túnicas de pieles, y los vistió”.
Veamos
por paso: Dios puede ser visto directamente por el ser humano. Adán y Eva
cuando le sienten paseando por el huerto se ocultan de él; sin embargo, ese
primer par de humanos, aunque supuestamente “creados” para ser eternos, no son
de la misma naturaleza espiritual de los ángeles, sino cuerpos materiales de
acuerdo con el contexto del relato. Esto se evidencia cuando Dios le dice a
Adán: “Con el sudor de tu rostro comerás
el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo
eres, y al polvo volverás”.
Y
Adán y Eva pueden ver a Dios porque él tiene figura antropomorfa, es parecido
en su cuerpo al ser humano, tal y como en Grecia y Roma eran sus dioses. Figura
de hombre y ciertamente con muchos defectos humanos, es Dios celoso, es capaz
de arrepentirse de lo creado por él; en ocasiones hasta se enfurece y es
vengativo pues carga “la iniquidad de los
padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me odian”.
Esto
no puede ser palabra de Dios, sino la elaboración judaica de un dios tribal que
se asemeja a los dioses paganos de los pueblos vecinos de Israel, que castigan,
condenan y exigen que se les tema.
Por
otra parte, todo el concepto del bien y el mal que adquieren la pareja del Edén
se encuentra en su desnudez. “¿Quién te
enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no
comieses?” le dijo Dios a Adán. “…del
árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás”.
Preguntémonos:
Los pueblos primitivos que habitan en la selva amazónica ¿desconocen el árbol
de la ciencia del bien y el mal? No hay que dudar que estos pueblos tienen
conciencia de lo que es bien y lo que es mal; por eso tienen sus propias leyes,
y sin embargo, están completamente desnudos, sin vergüenza por mostrar sus
genitales.
La
desnudez por sí misma no es pecado, sino una condición de la vida natural del
hombre. La mojigatería de los redactores del texto bíblico, con mente torcida
la hicieron pecaminosa y convirtieron a la costura y confección de ropas en el
más antiguo de los oficios.
El
pudor en las sociedades civilizadas, no surgió en la era paradisiaca, sino que
fue conformándose paulatinamente después que los humanos comenzaron a cubrirse
con pieles de animales para librarse del frío en la última era glacial cuando
el hombre se hizo humano.
Revisemos
ahora el capítulo 12 de Génesis. Abraham ha ido a Egipto y como la belleza de
su esposa podría encender la pasión de los egipcios, quiso evitar que le
mataran por causa de ella. Entonces le ordenó que mintiera diciendo que era su
hermana. Como era una hermosa mujer se la llevaron al nesu, es decir al faraón,
para que la tomara como concubina. Gracias a su mujer, Abraham obtuvo ventajas
pues el nesu le regaló “ovejas, vacas,
asnos, siervos, criadas, asnas y camellos”. Todo hasta que el nesu
descubrió que le habían engañado y que Sara la mujer de Abraham no era su
hermana como había dicho que era, dícese que el engaño fue revelado porque Dios
“hirió a Faraón y a su casa con grandes plagas”,
por causa de la mujer de Abraham.
Algo
similar le ocurrió a Yitzchak (Isaac) hijo de Abraham estando en Gerar. Esto se
cuenta en el capítulo 26 de Génesis: “Y
los hombres de aquel lugar le preguntaron acerca de su mujer; y él respondió:
Es mi hermana; porque tuvo miedo de decir: Es mi mujer; pensando que tal vez
los hombres del lugar lo matarían por causa de Rebeca, pues ella era de hermoso
aspecto”. ¿Palabra de Dios? Abraham miente por miedo sobre su relación con
su esposa; lo mismo hace su hijo; pero Abraham se aprovecha de la unión de su
esposa con el faraón y obtiene ganancias. ¿Es acaso este un relato
ejemplarizante, digno de encontrarse dentro de un texto considerado sagrado?
¿Cómo puede calificarse la actitud de Abraham?
Continuemos
revisando la historia de Abraham que la Biblia presenta como ejemplar. Primero
preguntémonos, ¿qué es fornicar? Según el diccionario fornicar es tener
ayuntamiento o cópula carnal fuera del matrimonio.
Capítulo
16 de Génesis. Sara, que entonces se llamaba Sarai, le dice a Abraham, cuyo
nombre en aquellos días era Abram: “Ya
ves que Dios me ha hecho estéril; te ruego, pues, que te llegues a mi esclava;
quizá tendré hijos de ella. Y atendió Abram al ruego de Sarai (…) Y él se llegó a Agar, la cual concibió…”
Permitido por su propia mujer, pero fornicación de hecho. ¿Palabra de Dios?;
¿condena Dios la fornicación de algunos y, en cambio, no condena la fornicación
cometida por alguno de sus “elegidos”? Dios no solo omite castigar el pecado de
Abraham sino que también le premia en el hijo que le anuncia que le nacerá de
Sara, diciéndole que establecería su pacto con Yitzchak.
En
el Capítulo 21 ¿Qué hace Abraham? Sara está molesta con el primogénito de
Abraham, Ishma’el (Ismael) y le pide: “Echa
a esta esclava y a su hijo, porque el hijo de esta sierva no ha de heredar con
Isaac (Yitzhak) mi hijo”. Abraham
acepta expulsar a su hijo: “Entonces
Abraham se levantó muy de mañana, y tomó pan, y un odre de agua, y lo dio a
Agar, poniéndolo sobre su hombro, y le entregó el muchacho, y la despidió. Y
ella salió y anduvo errante por el desierto de Beerseba”. Esto es crueldad; pero se lee en el libro que
Abraham aceptó expulsar a la esclava y al hijo de él al desierto porque Dios,
conversando directamente con él le dijo: “No
te parezca grave a causa del muchacho y de tu esclava; en todo lo que te dijere
Sara, oye su voz, porque en Isaac te será llamada descendencia”. Dios
entonces hace acepción de personas, rechaza al hijo de Abraham nacido de una
esclava.
Vuelvo
a decirlo. Poner en un libro sagrado un acto tan miserable con la anuencia de
Dios, que perdona el egoísmo de Sara y la debilidad de Abraham, es una
blasfemia contra él y contra su justicia y bondad. Esto no puede ser Palabra de
Dios.

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