Mario
J. Viera
Segundo Frente Nacional del
Escambray. Ernesto Guevara y el Pacto del Pedrero
Estaba cercano el momento en que Guevara arribara al
Escambray; pero ya el Segundo Frente Nacional del Escambray le había enviado su
mensaje por medio de la carta firmada por el comandante Jesús Carrera. En esta
carta Carrera le explica a Guevara:
Teniendo
noticias de que Ud. se dirige a esta zona, sin
que se nos haya informado oficialmente por su organización su entrada en la
zona, quiero advertirle lo siguiente: como cubano, como amante de la
Libertad, y como compañero de todo el que lucha contra la tiranía, he de dar la
vida por Uds. Ahora bien, deben tener presente, que el Segundo Frente ha sido y
será siempre una organización en la que han tenido cabida todos los cubanos
dispuestos a luchar en contra de la tiranía, no nos ha importado su militancia revolucionaria, sólo hemos tenido
en cuenta su actuación dentro de nuestras filas, hemos soportado sin embargo
los deseos ambiciosos de las organizaciones revolucionarías como el Directorio
Revolucionario ─ que ha tratado ─ como
el Comandante Bordón de sectorizar este frente militar en beneficio de dichas
organizaciones (…) Teniendo en cuenta que viene Ud. del mismo lugar que vino el
comandante Bordón días antes de descubrirse en ésta su falta de lealtad y
sabiendo el alto concepto de la libertad y patriotismo del Dr. Castro y de Ud.
mismo, lo conminamos a que antes de
entrar en esta zona aclare sinceramente sus intenciones.
El 14 de octubre de 1958 entraba Guevara en la
provincia de Las Villas; ya desde entonces estaba al tanto de la disposición
del Estado Mayor del Segundo Frente Nacional del Escambray que establecía: “Que cualquier organización que contando con
un grupo armado pretenda luchar en estas zonas sin previo acuerdo o
autorización del Estado Mayor del Segundo Frente, será por primera vez
advertida y por segunda vez exterminada por el Ejército del Segundo Frente”[1].
Conociendo que los efectivos del Segundo Frente Nacional del Escambray eran la
fuerza mayor en aquel territorio, Guevara se cuidó de no violar aquella
disposición. Alentaría a Victor Bordón a unirse a su maltrecho grupo y
prestaría atención a las quejas de Chomón sobre Menoyo y sus hombres y, por la
izquierda llegaría a un convenio tácito con Eloy Gutiérrez Menoyo.
Se ha citado el fragmento de una carta de Fidel
Castro y dirigida a Camilo Cienfuegos, fechada 14 de octubre de 1958, donde
Castro expone: “Che ha sido enviado a Las
Villas, para combatir al enemigo y mandar a las fuerzas del Movimiento 26 de
Julio, no con pretensiones de mandar a
ningún otro grupo. Ahora bien: si desean la unión de las fuerzas que operan
en esa provincia es lógico que el mando corresponda al comandante más antiguo,
el que haya demostrado más capacidad militar y organizativa, al que despierte
más entusiasmo y confianza en el pueblo y esos requisitos que reúnen el Che y
tú, nadie se los podrá discutir [...]. Yo no acepto ningún otro jefe que el Che, si
las fuerzas llegan a un acuerdo”[2].
Existe una evidente contradicción entre el enunciado
de esta carta del 14 de octubre y lo establecido en la orden emitida por Castro
para la creación de la Columna 8 al mando de Ernesto Guevara, donde a este se
le nombraba “jefe de todas las unidades
rebeldes del Movimiento 26 de Julio que operan en la provincia de Las Villas,
tanto rurales como urbanas”, pero con la misión de “invitar” a todas las
otras fuerzas revolucionarias que operaran en Las Villas “a integrar un solo cuerpo del Ejército para vertebrar y unificar el
esfuerzo militar de la revolución”; por otra parte la expresa negativa de
Castro de no reconocer a otro jefe que no sea Ernesto Guevara, una vez
establecida la alianza de unidad entre todas las organizaciones
insurreccionales de Las Villas, está en contradicción con lo que antes dice,
que Guevara actuará en Las Villas sin
pretensiones de mandar a ningún otro grupo.
Pronto, a su llegada, Guevara se vio sumergido
dentro del golfo de intrigas que se abría en la abrupta geografía del
Escambray; los conflictos entre los dos grupos que asumían la representación
del Segundo Frente, el Directorio Revolucionario 13 de Marzo de Chomón y Cubela
y el Segundo Frente Nacional de Eloy Gutiérrez Menoyo, Jesús Carrera y Armando
Fleitas, aunándose a las del cuasi bandolero y contradictorio Victor Bordón ─
estereotipo del “malo” de un “western” americano ─, representante del M-26-7 en
el Escambray, y las suyas propias siguiendo el guion ya trazado desde la Sierra
Maestra.
Se dice que hubo un conflicto entre Guevara y el
comandante del Segundo Frente Nacional del Escambray, Jesús Carrera Zayas ya
desde los primeros días, con motivo de la orden del Estado Mayor del Segundo
Frente relativa a las incursiones de otras fuerzas en el territorio bajo su
control. De acuerdo con una versión, Carrera desarmó a Guevara y sus hombres en
cumplimiento de aquella orden y le retuvo por un corto tiempo; según otra
versión (Jon Lee Anderson)[3], en aquel encuentro entre
los dos comandantes guerrilleros, Guevara le dice a Carrera que no le
permitiría mencionar la palabra “advertencia” y este se deshizo en excusas. Sin
importar cuál sea la versión verdadera, el caso es que Guevara, el día 20 de
octubre ordenó a Victor Bordón presentarse ante él en el campamento Las Piñas,
pero advirtiéndole que “esquivara todo
tipo de encuentro con la tropa del Segundo Frente”[4].
Bordón, luego de recibir una reprimenda de parte de
Guevara por haber firmado su acatamiento a las decisiones del Segundo Frente,
se reunió con sus hombres, un grupo que no pasaba más allá de la centena.
Me reuní con los oficiales de mi tropa y les
expliqué que aquel hombre venía mandado por Fidel y había que acatar sus
órdenes como si fuera el propio Comandante en Jefe. Les expresé también que me
parecía un hombre muy honrado y justo, pero la información que tenía de
nosotros no era la mejor. Todos coincidieron que debíamos echar pa’lante.[5]
Pronto Guevara comenzaría a realizar trabajo
ideológico entre los combatientes del 26 de Julio a su mando y los campesinos
de la zona empleando instructores políticos del P.S.P. Cumpliendo las
directivas de la Sierra Maestra comenzó a incautar tierras privadas y a
repartirlas entre algunos jornaleros agrícolas. Este accionar de Guevara en el
Escambray es confirmado por Victor Bordón en su testimonio para el periodista José
Antonio Fulgueiras:
El Che hizo un trabajo ideológico y político
prácticamente asombroso para el poco tiempo que estuvo en el Escambray. Se
reunió con los campesinos, les entregó tierras que fueron confiscadas a los
latifundistas, conversó con el movimiento obrero, creó escuelas en Caballete de
Casa, y logró en gran parte la unidad, pues con el Segundo Frente le fue
imposible alcanzar un entendimiento.[6]
Sobre este
mismo tema se habla en el órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, Granma:
…todavía en
predios de Las Cuabas, El Guineo, El Pedrero y hasta en el intrincado
Gavilanes, se habla de “las fincas del Che”. Con esa denominación los lugareños
del lomerío aluden a la primera entrega realizada (…) en noviembre de 1958
(por) el entonces jefe del Frente Guerrillero de Las Villas (…) [quien] decide
crear el Buró Agrario para proceder a repartir los terrenos expropiados a los
latifundistas de la región.
Ovidio Díaz Rodríguez, quien por aquellos tiempos
servía de enlace entre la máxima
dirección del Partido Socialista Popular en Las Villas y el Ejército Rebelde,
ha testimoniado que tras quedar constituida la primera Asociación Campesina el
12 de noviembre, el Che convocó a una concentración para ventilar el asunto.
“Él habló, les explicó todo y luego anunció la expropiación de las dos primeras
fincas”[7].
Cuando Guevara se reúne con el mando del Directorio
Revolucionario el 21 de octubre en el campamento de Dos Arroyos “ellos estaban abiertos a la idea de cooperar
con el Movimiento 26 de Julio, pero rechazaban cualquier diálogo con el segundo
frente y con los comunistas” y reforzaron su voluntad de mantener su independencia
como organización en un pacto de unidad con Guevara[8].
En este encuentro se acordó una acción conjunta para tomar el pequeño cuartel
de Güinía de Miranda. No obstante, de
acuerdo con Waldo Fernández Cuenca:
La llegada del Che a Las Villas el 21 de octubre de
1958 venía a completar el complejo cuadro de fuerzas que combatían a la
dictadura en esa zona central del país. La unidad se convertía en un proceso
harto difícil que culminaría con el Pacto del Pedrero el 1º de diciembre entre
las dos fuerzas mejor organizadas: El Movimiento 26 de Julio y el Directorio
Revolucionario[9].
Todavía
estaban frescos los desencuentros entre el Directorio Revolucionario y Fidel
Castro a propósito del rechazo de este último de la Junta de Liberación surgida
del Pacto de Miami y del desacuerdo del Directorio de reconocer la legitimidad
de la designación del Magistrado Urrutia, la que consideraba como “imposición e
intransigencia”. El Directorio, entonces declararía que no se debía “aceptar para el cargo de Presidente
provisional a ningún miembro del Poder Judicial que hubiera jurado los
estatutos de Batista. En este caso específico, al doctor Urrutia le aplaudíamos
y reconocíamos el gesto hermoso y reivindicativo de su voto particular, pero
considerábamos que éste no era suficiente para elevarlo a tan alta posición”.
Venciendo
todos los inconvenientes se llegaría, finalmente, a un convenio entre la
Columna 8 y el Directorio Revolucionario 13 de Marzo, al que posteriormente se
uniría el Partido Socialista Popular. Guevara desde el mismo día de su llegada
al Escambray se dedicó a buscar un sitio seguro donde establecer su campamento.
Se dice que los campesinos de la zona le indicaron el intrincado paraje de
Caballete de Casa, a más de 650 metros sobre el nivel del mar y ubicado a
treinta kilómetros de la ciudad de Fomento. No obstante, Caballete de Casa se
dejó como lugar de entrenamiento de nuevos reclutas y sitio para la planta de
radio de la columna y quedó, como campamento oficial de Guevara, el situado en
El Pedrero, en la zona denominada Manaca Ranzola.
Así
el Primero de diciembre de 1958 se firmó el Pacto de El Pedrero: “Significaba coordinar las acciones sin que
hubiera la desaparición de ninguna de las organizaciones; todas con una idea
única, derrocar la tiranía”, según declararía Harry Villegas Tamayo, escolta
de Guevara en Las Villas al periodista Enrique Ojito[10].
El
2 de diciembre, Guevara cursó una invitación a Gutiérrez Menoyo para un
encuentro en El Pedrero. Muy propio de su carácter, Menoyo le responde a
Guevara diciendo: “Comandante Ernesto
Guevara como usted es la visita, le propongo que caminemos los dos la mitad del
camino y como yo estoy en Nuevo Mundo y usted en el Pedrero le propongo vernos
en Güinía de Miranda, que viene siendo la mitad del camino”. De acuerdo con
una versión ofrecida por Roger Redondo, que cita Félix J. Hernández, la reunión
entre los dos comandantes duró unas dos horas discutiendo los términos del
Pacto de El Pedrero. “Las aspiraciones
unitarias del Ché sólo lograron un acuerdo tácito para que las acciones de la
tropa de Menoyo se desarrollaran en un área determinada”[11].
Solo en esta reunión se llegaría a un acuerdo en lo militar, decidiéndose que
el “Segundo Frente avanzaría por el sur
de la Isla hacía La Habana. El Directorio Revolucionario avanzaría con las
tropas de Guevara por el centro de Cuba también hasta La Habana mientras que
las tropas de Camilo Cienfuegos harían el recorrido por la costa norte”[12].
Esta última decisión se pospondría hasta que Guevara consultara con el mando de
la Sierra Maestra.
Siguiendo
lo expuesto por Roger Redondo, se produce un nuevo encuentro entre Guevara y
Eloy Gutiérrez Menoyo con el propósito de firmar el pacto entre las dos
organizaciones insurreccionales; empero no llegaban a un acuerdo definitivo por
lo que, en aquel texto, antes concertado con el Directorio Revolucionario, se
establecía en cuanto a “política Agraria y a la Administración de Justicia”.
El
texto original del Pacto de El Pedrero tal como fuera firmado por Guevara y
Chomón es el siguiente:
El proceso de
descomposición del gobierno dictatorial de Fulgencio Batista ha entrado en su
etapa definitiva. Todos los esfuerzos de la dictadura estaban encaminados a
mantenerse hasta la farsa electoral del 3 de noviembre, esa fecha ha pasado y
constituyó una sonora bofetada del pueblo a los candidatos de la dictadura,
oficiales o no.
Una nueva fecha se
abre ante la perspectiva de los cansados soldados de la tiranía: el 24 de
febrero, momento teórico en que se deberá transmitir el mando presidencial,
pero el soldado del batistato, cada vez cree menos en fechas ilusorias y cada
vez palpa más en sus carnes la eficiencia de las armas del pueblo.
Haciendo patente la
plena identificación que existe en la lucha contra la tiranía entre el
Movimiento 26 de julio y el Directorio revolucionario, ambas organizaciones se
dirigen al pueblo de Las Villas, desde la Sierra del Escambray donde sus
fuerzas combaten por la libertad de Cuba.
Es propósito del
Movimiento 26 de Julio y del Directorio Revolucionario mantener una perfecta
coordinación en sus acciones militares, llegando a combinar operaciones, donde
sus fuerzas participen al mismo tiempo, combatiendo miembros del 26 de Julio y
del Directorio Revolucionario. Así como de utilizar conjuntamente para
beneficio de la Revolución, las vías de comunicaciones y abastecimiento que
están bajo el control de una u otra organización.
En la política administrativa, el territorio libre
ha sido dividido en zonas que están bajo la jurisdicción del Directorio
revolucionario y el Movimiento 26 de julio, donde cada organización recaudará
los tributos de guerra.
En cuanto a la
política Agraria y a la Administración de Justicia, el Movimiento 26 de Julio y
el Directorio Revolucionario están
acoplando sus planes de Reforma Agraria y Código Penal.
Estas declaraciones
llevan una síntesis de cohesión del Movimiento Revolucionario en el frente de
Las Villas, donde luchan hermanados el 26 de Julio y el Directorio
Revolucionario, que representan los más puros ideales de la juventud, llevando
gran parte del peso de la insurrección cubana, derramando su sangre, sin la
cual no hubiera habido ni Sierra Maestra, ni Sierra del Escambray ni se hubiera
dado un 26 de Julio en el Moncada ni un 13 de Marzo en el Palacio Presidencial.
Estamos conscientes
de nuestro deber con la Patria y en
nombre de los postulados revolucionarios de Frank País y José Antonio
Echeverría, llamamos a la unión a todos los factores revolucionarios e
invitamos a todas las organizaciones en el territorio para que se adhieran
públicamente a este llamamiento, coordinando su acción en beneficio de la
nación cubana.
Unir es la palabra
de orden: juntos estamos dispuestos a vencer o morir.
Luego
de un fuerte debate donde no se llegaba a tomar un acuerdo se suprime del Pacto
entre el Segundo Frente y el 26 de Julio los puntos donde no existían
convergencias. Sobre este tema, Eloy Gutiérrez Menoyo testimoniaría en
declaraciones que le daría al periodista independiente Rogelio Fabio Hurtado en
abril de 2014[13]:
Se ha hablado de grandes discrepancias con el Che,
cosa que no fue cierta. Fueron pequeñas intrigas, alimentadas y dimensionadas
por la gente del PSP, que no impidieron que yo firmara con el Che el Pacto del
Pedrero, el cual no supeditaba nuestras tropas a su mando y que funcionó muy
concretamente en lo operacional para coordinar nuestros esfuerzos militares.
Sencillamente, nosotros iniciaríamos la ofensiva por la costa sur y él lo haría
por la costa norte. Fuimos los primeros en cumplir, iniciamos la ofensiva el 2
de diciembre, cuando irrumpimos al frente de varias columnas en la ciudad de
Trinidad, que ocupamos durante toda la noche, operación en la que consumimos
casi todo el parque del que disponíamos.
Castro,
por su parte no recibió de muy buen grado la firma del Pacto de El Pedrero
efectuada por Guevara con el Directorio Revolucionario. Criticaría a Guevara en
carta con fecha 26 de diciembre de 1958, diciéndole: “Considero que estás cometiendo un grave error político al compartir tu
autoridad, tu prestigio y tu fuerza con el Directorio Revolucionario”; y
agrega en tonos despectivos hacia el Directorio Revolucionario: “No
tiene sentido aupar [a] un grupito cuyas intenciones y cuyas ambiciones
conocemos sobradamente, y que en el futuro serán fuente de problemas y
dificultades. Tan soberbios y
presumidos son, que ni siquiera han
acatado tu jefatura, ni la mía, pretenden erigir una fuerza militar
autónoma y particular que no podremos
tolerar de ninguna forma (…) La Columna de Camilo debe constituir la
vanguardia y apoderarse de La Habana cuando la Dictadura caiga si no queremos que las armas de Columbia se
las repartan entre todos los grupos y tengamos en el futuro un problema muy
grave.
En este momento la situación de Las Villas
constituye mi principal preocupación. No comprendo por qué vamos a caer en el
mal que motivó precisamente el envío tuyo y de Camilo a esa Provincia.
Ahora resulta que cuando podíamos haberlo superado
definitivamente, lo agravamos”[14].
Según
el historiador José Álvarez, citado por Wilfredo Cancio Isla, esta carta de
Castro, confirma que él “siempre se burló
de los pactos y que todo lo tenía certeramente calculado para evitar que no
hubiera el más mínimo chance de disputarle el poder absoluto”[15].
El
Movimiento 26 de Julio, en la persona de Ernesto Guevara, había logrado
concertar una alianza con las dos organizaciones insurreccionales del Escambray
y con la guerrilla del P.S.P.; alianza donde el más favorecido sería el 26 de
Julio. Ni el Directorio Revolucionario 13 de Marzo, ni el Segundo Frente
Nacional del Escambray, ni tampoco el P.S.P. serían tomados como aliados
efectivos, sino como aliados de conveniencia.
Chomón,
cegado por su prepotencia, no comprendió que firmar con el 26 de Julio
colocaría a su organización en una posición de dependencia política con
respecto a Guevara. Él ya había conocido, desde la fecha del Pacto de Miami, el
pobre concepto que Castro tenía de cualquier otra organización, incluido el
Directorio, que no fuera la suya propia. El Escambray dejaría de ser para
convertirse en Frente de las Villas; y el jefe de ese frente, la figura cimera
del Frente de Las Villas ahora sería el Comandante Ernesto Guevara, el Che. El
Directorio Revolucionario quedaría relegado a un segundo lugar.
Guevara
había llegado al Escambray con un grupo en pésimas condiciones, agotados y
muchos descalzos; un grupo que estaba necesitado del auxilio generoso de los
combatientes del Escambray y que requería de la unidad para su subsistencia.
Cuando
se firma un pacto de alianza hay que pensar previamente si la otra parte
cumplirá con todo lo pactado y tener presente quién de los pactantes está en
mejor posición o con mayor fuerza, y, sobre todo, cuál de las dos partes está
más urgida para pactar. En todo pacto político o militar como en este caso, se
requiere definir las obligaciones y los beneficios recíprocos. Tanto el
Directorio Revolucionario como el Movimiento 26 de Julio poseían puntos de
vistas divergentes en cuanto a la toma del poder y del establecimiento del
gobierno provisional. El Movimiento 26 de Julio ambicionaba colocarse como la
fuerza conductora de la revolución y el Directorio Revolucionario, que conocía
estas intenciones, aspiraba a formar parte igual en la dirección del proceso de
transición. Esto no quedó consensuado en el Pacto de El Pedrero. Chomón siempre
demostró que, en asuntos políticos era un completo miope; y en lo militar, era
totalmente ciego. No comprendió el concepto schmittiano del enemigo potencial
que representaría el Movimiento 26 de Julio en el conflicto de intereses
opuestos, llevado hasta el antagonismo. Este criterio de antagonismo está
presente en Castro que ve como enemigo, al otro, al extraño, es decir, al que
no se somete a sus ambiciones, a todo aquel que eventualmente pudiera hacerle
competencia. Carl Schmitt todo el tiempo estará presente en el modo de Castro
de entender lo político.
Guevara
llegaba al Escambray con un discurso que llamaba a la unidad, pero el 26 de
Julio era el principal adversario del Directorio; sin embargo, tanto Chomón
como Gutiérrez Menoyo se veían entre sí no como adversarios, sino como enemigos
inmediatos y no comprendieron que, ante la llegada del extraño, hubiera sido
más conveniente para sus mutuos intereses firmar una alianza de colaboración y
de no agresión frente a los intereses políticos del 26 de Julio. Por su origen
tanto el Directorio Revolucionario como el Segundo Frente eran organizaciones
afines. La historia demostraría que el Directorio Revolucionario quedaría
relegado de todo poder y el Segundo Frente estigmatizado con los peores
calificativos. Castro sería por tanto el héroe nacional merecedor de todos los
laureles de la gloria.
[1] Eloy Gutiérrez Menoyo y Jesús Carreras Zayas: Órdenes dictadas
por el Estado Mayor del Segundo Frente Nacional Unido del Escambray, para la
zona norte, en: Joel Iglesias. De la
Sierra Maestra al Escambray, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1979.
Cit. por Ricardo Efrén González. La
estrategia unitaria del Che Guevara en Las Villas
[2] Fidel Castro Ruz. “Carta a Camilo Cienfuegos, 14 de octubre de
1958”, en Fondo 01, Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado. Cit.
por Luis Machado Ordetx. Unidad y
asunción en El Pedrero. Periódico Vanguardia. 17 de diciembre de 2013
[5] Testimonio de Bordón dado a José Antonio Fulgueiras. No vine aquí a pelear por grados. Diario
Escambray. 31 enero, 2014
[6] Idem
[7] La tierra repartida en la
memoria guajira. Granma, 8 de mayo
de 2014
[8] Jon Lee Anderson. Op. Cit.
[9] Waldo Fernández Cuenca. Anatomía
de un enfrentamiento. La guerra. Cubaencuentro, 30 de diciembre de 2009
[10] Enrique Ojito. De las
tinieblas a la luz. Periódico Escambray. 13 octubre, 2013
[11] Félix J. Hernández. Los Primeros Encuentros de Gutiérrez Menoyo
con el Che.
[12] Idem
[13] Rogelio Fabio Hurtado. Entrevista
con Eloy Gutiérrez Menoyo. Blog La Madrugada. 3 de abril de 2014
[14] Fidel Castro: La
contraofensiva estratégica, Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado,
2010, pp. 343-345
[15] José Álvarez, profesor emérito de la Universidad de la Florida y
autor de Principio y fin del mito fidelista (2008). Citado por Wilfredo Cancio
Isla. Café Fuerte.


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