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domingo, 23 de octubre de 2016

Capítulo XXIX Primera Parte. “Amigos, aliados y enemigos. Un análisis crítico de la Era del castrismo”.

Mario J. Viera



La marcha hacia Occidente. Moral del Ejército Regular

Tras la retirada masiva de las fuerzas empleadas en la fracasada ofensiva contra el Ejército Rebelde, y luego de los resultados positivos que alcanzara a su favor en la conformación de la unidad de la oposición a Batista por la aprobación del Pacto de Caracas, Castro se sentía como el vencedor, avistaba la derrota de la tiranía relamiéndose de entusiasmo. Ahora ideaba nuevos planes, acariciando un nuevo y muy optimista proyecto militar. Se proponía reeditar la proeza realizada por las fuerzas mambisas del 95 al mando del Generalísimo Máximo Gómez y el Lugarteniente general Antonio Maceo: La invasión al Occidente. Con este propósito en mente seleccionó a dos oficiales guerrilleros a los que consideraba poseedores de gran capacidad de combate, inteligencia y valentía; dos oficiales que habían tenido un importante papel en la defensa del territorio guerrillero durante la ofensiva del ejército batistiano: Camilo Cienfuegos y Ernesto Guevara, alias Che.

Decidido ya su plan de invasión, emite el 18 de agosto la siguiente orden militar:

Se asigna al comandante Camilo Cienfuegos la misión de conducir una columna rebelde desde la Sierra Maestra hasta la provincia de Pinar del Río, en cumplimiento del plan estratégico del Ejército Rebelde.
La columna No. 2 Antonio Maceo, que así se denominará la fuerza invasora en homenaje al glorioso guerrero de la Independencia, partirá de El Salto el próximo miércoles 20 de agosto de 1958.
Al comandante de la Columna Invasora se le otorgan facultades para organizar unidades de combate rebeldes a lo largo del territorio nacional, hasta tanto los comandantes de cada provincia arriben con sus columnas a sus respectivas jurisdicciones, aplicar el Código Penal y las Leyes Agrarias del Ejército Rebelde en el territorio invadido, percibir las contribuciones establecidas por las disposiciones militares, combinar operaciones con cualquier otra fuerza revolucionaria que se encuentre ya operando en algún sector determinado, establecer un frente permanente en la provincia de Pinar del Río, que será base de operaciones definitivas de la Columna Invasora y designar para esos fines a oficiales del Ejército Rebelde hasta el grado de Comandante de la Columna.
La Columna Invasora, aunque tiene como objetivo primordial llevar la guerra libertadora hasta el Occidente de la Isla, y a él deberá supeditarse toda otra cuestión táctica, batirá al enemigo cuantas ocasiones se presenten durante el trayecto.
Las armas ocupadas al enemigo serán preferentemente destinadas a la organización de unidades locales. Para premiar, destacar y estimular los actos de heroísmo de los soldados y oficiales de la Columna Invasora no. 2 Antonio Maceo se crea la medalla al valor Osvaldo Herrera, capitán de dicha columna, que se arrancó la vida en las prisiones de Bayamo después de gallarda y heroica actitud de resistencia frente a las torturas de los esbirros de la tiranía.

Tres días después Castro emitiría una nueva orden militar donde se encomendaría “al comandante Ernesto Guevara la misión de conducir desde la Sierra Maestra hasta la provincia de Las Villas una columna rebelde y operar en dicho territorio de acuerdo al plan estratégico del Ejército Rebelde. La columna Nro 8 que se destina a esta misión llevará el nombre de Ciro Redondo”. Por medio de esta orden Guevara quedaría investido como jefe “de todas las unidades rebeldes del Movimiento 26 de Julio que operan en la Provincia de las Villas, tanto rurales como urbanas, y se le otorgan facultades para […] coordinar operaciones, planes, disposiciones administrativas y de organización militar con otras fuerzas revolucionarias que operen en esa provincia, las que deberán ser invitadas a integrar un solo cuerpo de ejército para vertebrar y unificar el esfuerzo militar de la Revolución[1].


Castro lo había pensado bien luego de tres días transcurridos desde su anterior orden militar. Le faltaba algo. No solo el propósito debía ser llegar a Pinar del Río con una de sus columnas, sino, de paso, neutralizar a las guerrillas del Escambray o incorporarlas al Ejército del 26 de Julio, y nadie más apropiado para alcanzar este propósito que el aventurero argentino comido de “sarampión comunista”: Ernesto Guevara que ya antes había demostrado su capacidad de manipulación e intriga en contra del movimiento insurreccional del Llano. El principal objetivo que en realidad debía alcanzar Guevara, consistía en penetrar el Escambray y someter bajo su total mando a las guerrillas de Lázaro Artola, las del Directorio Revolucionario y las del Segundo Frente Nacional comandadas por Gutiérrez Menoyo.


Pero por encima de todo, había un propósito fundamental subyacente en el plan de invasión al occidente. Arístides Rondón Velázquez da la clave para descubrir la verdadera intención de Castro tras estas órdenes militares que emitiera: Al extenderse el campo de las acciones militares el régimen de Batista tendría que desconcentrar sus tropas que estaban situadas fundamentalmente en Oriente y la presión sobre los combatientes que allí operaban sería mucho menor (Objetivo verdadero), por otra parte los combatientes de todas las regiones de Cuba podrían incorporarse al recién nombrado Ejército Rebelde (Hasta el momento en que Fidel Castro logra burlar la ofensiva de Batista el grupo que él dirigía se nombraba Ejército Revolucionario 26 de Julio). Políticamente se perseguía fortalecer el prestigio nacional e internacional del movimiento revolucionario cubano, así como unificar los distintos grupos guerrilleros opuestos a la dictadura. (Falso)[2]


En realidad, ni Camilo Cienfuegos ni Ernesto Guevara fueron seleccionados porque fueran destacados estrategas, que no lo eran, sino, porque eran dos incondicionales de Castro, obedientes sin chistar a cualquier orden emanada de la Comandancia General en La Plata, e incluso, ¿por qué no?... descartables.



Castro posee una atracción patológica por la historia. Él quiere trascender históricamente: la Historia “lo absolverá”, él será el nuevo José Martí ─ “retoño martiano” lo denominará un poeta adulador ─, y el nuevo Maceo; Santiago, en el “indomable Oriente”, será “la cuna de la revolución”; el asalto al Cuartel Moncada sería declarado “Dia de la rebeldía nacional”, la Radio Rebelde sería inaugurada en la significativa fecha patriótica del 24 de febrero, y ahora, desde la Sierra Maestra, desde la provincia de Oriente, repetiría la hazaña del 95, lástima que los nuevos Maceo no pudieran iniciar la invasión desde los Mangos de Baraguá y tuvieran que hacerlo, Camilo Cienfuegos desde Boca del Salto, y Ernesto Guevara desde El Jíbaro; lástima también que no se hubiera podido hacer coincidir la partida de las dos columnas guerrilleras con la fecha del 22 de octubre cuando Maceo iniciaría su avance hacia Pinar del Río, pues Cienfuegos partiría el 21 de agosto y Guevara lo haría diez días después. Por supuesto, algo que debía obviarse era el “pequeño detalle” de que en 1895 los que hicieron la invasión a Occidente eran los máximos caudillos de la guerra de independencia, Máximo Gómez y Antonio Maceo y no como la nueva gesta que se encomendaba a dos hombres, que, por mucho, no ocupaban la más alta representación del nuevo caudillismo, esa representación le correspondía solo a Fidel Castro y a su hermano Raúl.


Si se considera desde una ecuación numérica de relación de fuerza invasores/ejécito, la correlación de fuerzas estaría a favor de las fuerzas de la dictadura; si se toma en cuenta que dos pequeños grupos de forajidos internándose en una provincia como la de Camagüey, eminentemente llana, de extensas sabanas, grandes zonas ganaderas y cañeras con pocos y escasos matorrales, salvo las áreas cubiertas de marabú; y se considera que la aviación actuando sobre un paisaje geográfico tal como el descrito podría ubicarles y lanzar ataque demoledores sobre aquellos dos pequeños contingentes de insurreccionales, habría que concluir que no existía a su favor ninguna o muy pocas posibilidades de alcanzar sus objetivos.



Para Castro lo prioritario con aquella, pequeña “Gran Marcha” era la propaganda, la captura de titulares en los medios internacionales, el impacto dentro de la opinión pública nacional. Ya se encontraba en la cúspide política, se podía presentar ante el mundo como el genio táctico que había destruido un poderoso plan de ataque concebido y ejecutado por el Estado Mayor de un ejército profesional; además había alcanzado una victoria política, primero con el rechazo del Pacto de Miami y ahora con el acuerdo alcanzado del Pacto de Caracas sobre bases que él mismo había formulado; pero sobretodo, podía blasonar que ya contaba con un ejército que podía emprender acciones propias de una fuerza de combate regular. Y ese, su ejército, se convertiría en la espina dorsal de su futuro poder; su misión ─ ¡Ah, ya él había leído escritos de Mao Zedong! ─, no sería solo combatir. El Ejército Rebelde, desde ahora, será “una organización armada que ejecuta las tareas políticas de la revolución (…) no combate simplemente por combatir, sino para hacer propaganda entre las masas, organizarlas, armarlas y ayudarlas a establecer el Poder revolucionario[3].


Empero, la columna 2 al mando del Comandante Camilo Cienfuegos y la columna 8 dirigida por el Comandante Ernesto Guevara, contra toda previsión, cumplieron sus objetivos. Cienfuegos pudo alcanzar la costa norte de Las Villas y Guevara llegar a las estribaciones del Escambray.


Si se detallan los combates de las tropas rebeldes con el ejército, ninguno tuvo los caracteres épicos conque son descritos por los historiadores oficialistas. En realidad, se trataban de pequeñas escaramuzas en lugares donde por accidente llegaban. Este es el caso de la denominada emboscada de La Malograda cerca del Central Francisco. La pequeña columna de Cienfuegos, después de transitar dificultosamente por una arboleda muy tupida en un lugar pantanoso, logró salir a un terraplén. Cuando los hombres de Camilo Cienfuegos avanzan por el terraplén, un pequeño contingente de soldados apostados en una casa de madera, posiblemente un bohío de techo de guano, los detectan y abren fuego contra ellos; paralizados primero por el sorpresivo ataque pronto se reponen y contraatacan. Los militares atrincherados en la vivienda luego de un breve conato de resistencia ceden ante el empuje de una fuerza mayor, y huyen abandonando el lugar llevando con ellos algunos, presumiblemente heridos.


William Gálvez, uno de los oficiales de la columna guerrillera relata su experiencia de aquella escaramuza:


Todo indicaba que de seguir por el camino firme, seguiríamos cayendo en emboscadas, pues el enemigo tenía bien ubicado nuestro recorrido. El ejército pensó que nosotros continuaríamos por los caminos firmes y concentró en ellos sus emboscadas para tratar de sorprendernos. Es por eso que en la emboscada de La Malograda, Camilo ordena que buscara otro lugar por donde seguir pues de seguro existían más emboscadas.
el camino es casi infernal, pero más seguro. El ejército no sabía bien nuestra posición o donde acampábamos pues caminábamos de noche y de día descansábamos…Desde ese instante comienzan una cacería por parte del enemigo para tratar de exterminarnos y por parte nuestra para burlarlos…Otra dificultad que nos ocasionó adentrarnos en el sur fue la escasez de prácticos…”

En igual sentido se expresa Roberto Pérez Rivero, cuando dice así:

“el 2do. DM (Distrito Militar) organizó nuevas ideas para contener el avance rebelde.  A partir del 27 de septiembre, con líneas de emboscada y la ubicación de fuerzas en la región de Baraguá, estuvo a punto de cercar a las unidades rebeldes. Después, para los días 1 y 2 de octubre, concentró la atención en el tramo comprendido entre Júcaro y Ciego de Ávila y finalmente movió unidades”.




[1] Fidel Castro. De la Sierra Maestra a Santiago de Cuba. La Contraofensiva Estratégica
[2] Tomado de Arístides Rondón Velázquez. Blog Santa Clara Ciudad del Che. Santa Clara 25 de julio de 2010
[3] Mao Zedong. Sobre la Rectificación de las ideas erróneas en el Partido. Diciembre de 1929

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