Mario J. Viera
La marcha hacia Occidente. Moral del
Ejército Regular
Tras
la retirada masiva de las fuerzas empleadas en la fracasada ofensiva contra el
Ejército Rebelde, y luego de los resultados positivos que alcanzara a su favor
en la conformación de la unidad de la oposición a Batista por la aprobación del
Pacto de Caracas, Castro se sentía como el vencedor, avistaba la derrota de la
tiranía relamiéndose de entusiasmo. Ahora ideaba nuevos planes, acariciando un
nuevo y muy optimista proyecto militar. Se proponía reeditar la proeza
realizada por las fuerzas mambisas del 95 al mando del Generalísimo Máximo
Gómez y el Lugarteniente general Antonio Maceo: La invasión al Occidente. Con
este propósito en mente seleccionó a dos oficiales guerrilleros a los que consideraba
poseedores de gran capacidad de combate, inteligencia y valentía; dos oficiales
que habían tenido un importante papel en la defensa del territorio guerrillero
durante la ofensiva del ejército batistiano: Camilo Cienfuegos y Ernesto
Guevara, alias Che.
Decidido ya su plan de invasión, emite
el 18 de agosto la siguiente orden militar:
Se asigna al comandante Camilo
Cienfuegos la misión de conducir una columna rebelde desde la Sierra Maestra
hasta la provincia de Pinar del Río, en cumplimiento del plan estratégico del
Ejército Rebelde.
La columna No. 2 Antonio Maceo, que así
se denominará la fuerza invasora en homenaje al glorioso guerrero de la
Independencia, partirá de El Salto el próximo miércoles 20 de agosto de 1958.
Al comandante de la Columna Invasora se
le otorgan facultades para organizar unidades de combate rebeldes a lo largo
del territorio nacional, hasta tanto los comandantes de cada provincia arriben
con sus columnas a sus respectivas jurisdicciones, aplicar el Código Penal y las Leyes Agrarias del Ejército Rebelde en el
territorio invadido, percibir las contribuciones establecidas por las
disposiciones militares, combinar
operaciones con cualquier otra fuerza revolucionaria que se encuentre ya
operando en algún sector determinado, establecer un frente permanente en la
provincia de Pinar del Río, que será base de operaciones definitivas de la
Columna Invasora y designar para esos fines a oficiales del Ejército Rebelde
hasta el grado de Comandante de la Columna.
La Columna Invasora, aunque tiene como
objetivo primordial llevar la guerra libertadora hasta el Occidente de la Isla,
y a él deberá supeditarse toda otra cuestión táctica, batirá al enemigo cuantas ocasiones se presenten durante el trayecto.
Las armas ocupadas al enemigo serán preferentemente
destinadas a la organización de unidades locales. Para premiar, destacar y
estimular los actos de heroísmo de los soldados y oficiales de la Columna
Invasora no. 2 Antonio Maceo se crea la medalla al valor Osvaldo Herrera,
capitán de dicha columna, que se arrancó la vida en las prisiones de Bayamo
después de gallarda y heroica actitud de resistencia frente a las torturas de
los esbirros de la tiranía.
Tres días después Castro emitiría una nueva orden
militar donde se encomendaría “al
comandante Ernesto Guevara la misión de conducir desde la Sierra Maestra hasta
la provincia de Las Villas una columna rebelde y operar en dicho territorio de
acuerdo al plan estratégico del Ejército Rebelde. La columna Nro 8 que se
destina a esta misión llevará el nombre de Ciro Redondo”. Por medio de esta
orden Guevara quedaría investido como jefe “de todas las unidades rebeldes del Movimiento 26 de
Julio que operan en la Provincia de las Villas, tanto rurales como urbanas, y
se le otorgan facultades para […] coordinar
operaciones, planes, disposiciones administrativas y de organización militar
con otras fuerzas revolucionarias que operen en esa provincia, las que deberán
ser invitadas a integrar un solo cuerpo de ejército para vertebrar y
unificar el esfuerzo militar de la Revolución”[1].
Castro
lo había pensado bien luego de tres días transcurridos desde su anterior orden
militar. Le faltaba algo. No solo el propósito debía ser llegar a Pinar del Río
con una de sus columnas, sino, de paso, neutralizar a las guerrillas del
Escambray o incorporarlas al Ejército del 26 de Julio, y nadie más apropiado
para alcanzar este propósito que el aventurero argentino comido de “sarampión
comunista”: Ernesto Guevara que ya antes había demostrado su capacidad de
manipulación e intriga en contra del movimiento insurreccional del Llano. El
principal objetivo que en realidad debía alcanzar Guevara, consistía en
penetrar el Escambray y someter bajo su total mando a las guerrillas de Lázaro
Artola, las del Directorio Revolucionario y las del Segundo Frente Nacional
comandadas por Gutiérrez Menoyo.
Pero
por encima de todo, había un propósito fundamental subyacente en el plan de
invasión al occidente. Arístides Rondón Velázquez da la clave para descubrir la
verdadera intención de Castro tras estas órdenes militares que emitiera: Al
extenderse el campo de las acciones militares el régimen de Batista tendría que
desconcentrar sus tropas que estaban situadas fundamentalmente en Oriente y la
presión sobre los combatientes que allí operaban sería mucho menor (Objetivo
verdadero), por otra parte los
combatientes de todas las regiones de Cuba podrían incorporarse al recién
nombrado Ejército Rebelde (Hasta el momento en que Fidel Castro logra
burlar la ofensiva de Batista el grupo que él dirigía se nombraba Ejército
Revolucionario 26 de Julio). Políticamente
se perseguía fortalecer el prestigio nacional e internacional del movimiento
revolucionario cubano, así como unificar los distintos grupos guerrilleros
opuestos a la dictadura. (Falso)[2]
En
realidad, ni Camilo Cienfuegos ni Ernesto Guevara fueron seleccionados porque
fueran destacados estrategas, que no lo eran, sino, porque eran dos
incondicionales de Castro, obedientes sin chistar a cualquier orden emanada de
la Comandancia General en La Plata, e incluso, ¿por qué no?... descartables.
Castro
posee una atracción patológica por la historia. Él quiere trascender
históricamente: la Historia “lo absolverá”, él será el nuevo José Martí ─
“retoño martiano” lo denominará un poeta adulador ─, y el nuevo Maceo;
Santiago, en el “indomable Oriente”, será “la cuna de la revolución”; el asalto
al Cuartel Moncada sería declarado “Dia de la rebeldía nacional”, la Radio
Rebelde sería inaugurada en la significativa fecha patriótica del 24 de
febrero, y ahora, desde la Sierra Maestra, desde la provincia de Oriente,
repetiría la hazaña del 95, lástima que los nuevos Maceo no pudieran iniciar la
invasión desde los Mangos de Baraguá y tuvieran que hacerlo, Camilo Cienfuegos
desde Boca del Salto, y Ernesto Guevara desde El Jíbaro; lástima también que no
se hubiera podido hacer coincidir la partida de las dos columnas guerrilleras
con la fecha del 22 de octubre cuando Maceo iniciaría su avance hacia Pinar del
Río, pues Cienfuegos partiría el 21 de agosto y Guevara lo haría diez días
después. Por supuesto, algo que debía obviarse era el “pequeño detalle” de que
en 1895 los que hicieron la invasión a Occidente eran los máximos caudillos de
la guerra de independencia, Máximo Gómez y Antonio Maceo y no como la nueva
gesta que se encomendaba a dos hombres, que, por mucho, no ocupaban la más alta
representación del nuevo caudillismo, esa representación le correspondía solo a
Fidel Castro y a su hermano Raúl.
Si
se considera desde una ecuación numérica de relación de fuerza
invasores/ejécito, la correlación de fuerzas estaría a favor de las fuerzas de
la dictadura; si se toma en cuenta que dos pequeños grupos de forajidos
internándose en una provincia como la de Camagüey, eminentemente llana, de
extensas sabanas, grandes zonas ganaderas y cañeras con pocos y escasos
matorrales, salvo las áreas cubiertas de marabú; y se considera que la aviación
actuando sobre un paisaje geográfico tal como el descrito podría ubicarles y
lanzar ataque demoledores sobre aquellos dos pequeños contingentes de
insurreccionales, habría que concluir que no existía a su favor ninguna o muy
pocas posibilidades de alcanzar sus objetivos.
Para
Castro lo prioritario con aquella, pequeña “Gran Marcha” era la propaganda, la
captura de titulares en los medios internacionales, el impacto dentro de la
opinión pública nacional. Ya se encontraba en la cúspide política, se podía
presentar ante el mundo como el genio táctico que había destruido un poderoso
plan de ataque concebido y ejecutado por el Estado Mayor de un ejército
profesional; además había alcanzado una victoria política, primero con el
rechazo del Pacto de Miami y ahora con el acuerdo alcanzado del Pacto de
Caracas sobre bases que él mismo había formulado; pero sobretodo, podía
blasonar que ya contaba con un ejército que podía emprender acciones propias de
una fuerza de combate regular. Y ese, su ejército, se convertiría en la espina
dorsal de su futuro poder; su misión ─ ¡Ah, ya él había leído escritos de Mao
Zedong! ─, no sería solo combatir. El Ejército Rebelde, desde ahora, será “una organización armada que ejecuta las
tareas políticas de la revolución (…) no
combate simplemente por combatir, sino para hacer propaganda entre las masas,
organizarlas, armarlas y ayudarlas a establecer el Poder revolucionario”[3].
Empero,
la columna 2 al mando del Comandante Camilo Cienfuegos y la columna 8 dirigida
por el Comandante Ernesto Guevara, contra toda previsión, cumplieron sus
objetivos. Cienfuegos pudo alcanzar la costa norte de Las Villas y Guevara
llegar a las estribaciones del Escambray.
Si
se detallan los combates de las tropas rebeldes con el ejército, ninguno tuvo
los caracteres épicos conque son descritos por los historiadores oficialistas.
En realidad, se trataban de pequeñas escaramuzas en lugares donde por accidente
llegaban. Este es el caso de la denominada emboscada de La Malograda cerca del
Central Francisco. La pequeña columna de Cienfuegos, después de transitar
dificultosamente por una arboleda muy tupida en un lugar pantanoso, logró salir
a un terraplén. Cuando los hombres de Camilo Cienfuegos avanzan por el
terraplén, un pequeño contingente de soldados apostados en una casa de madera,
posiblemente un bohío de techo de guano, los detectan y abren fuego contra
ellos; paralizados primero por el sorpresivo ataque pronto se reponen y
contraatacan. Los militares atrincherados en la vivienda luego de un breve
conato de resistencia ceden ante el empuje de una fuerza mayor, y huyen
abandonando el lugar llevando con ellos algunos, presumiblemente heridos.
William
Gálvez, uno de los oficiales de la columna guerrillera relata su experiencia de
aquella escaramuza:
“Todo indicaba que de seguir por el camino
firme, seguiríamos cayendo en emboscadas, pues el enemigo tenía bien ubicado
nuestro recorrido. El ejército pensó que nosotros continuaríamos por los
caminos firmes y concentró en ellos sus emboscadas para tratar de
sorprendernos. Es por eso que en la emboscada de La Malograda, Camilo ordena
que buscara otro lugar por donde seguir pues de seguro existían más emboscadas.
…el camino es casi infernal, pero más seguro.
El ejército no sabía bien nuestra posición o donde acampábamos pues caminábamos
de noche y de día descansábamos…Desde ese instante comienzan una cacería por
parte del enemigo para tratar de exterminarnos y por parte nuestra para
burlarlos…Otra dificultad que nos ocasionó adentrarnos en el sur fue la escasez
de prácticos…”
En igual sentido se expresa Roberto Pérez Rivero,
cuando dice así:
“el 2do. DM (Distrito Militar) organizó nuevas ideas para contener el
avance rebelde. A partir del 27 de septiembre, con líneas de
emboscada y la ubicación de fuerzas en
la región de Baraguá, estuvo a punto de cercar a las unidades rebeldes.
Después, para los días 1 y 2 de octubre,
concentró la atención en el tramo
comprendido entre Júcaro y Ciego de Ávila y finalmente movió unidades”.
[1] Fidel Castro. De la Sierra Maestra a Santiago de Cuba. La
Contraofensiva Estratégica
[2] Tomado de Arístides Rondón Velázquez. Blog Santa Clara Ciudad del
Che. Santa Clara 25 de julio de 2010
[3] Mao Zedong. Sobre la
Rectificación de las ideas erróneas en el Partido. Diciembre de 1929

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