Contactar

viernes, 28 de octubre de 2016

Capítulo XXXI Segunda Parte. “Amigos, aliados y enemigos. Un análisis crítico de la Era del castrismo”.

Mario J. Viera
Segundo Frente Nacional del Escambray. Ernesto Guevara y el Pacto del Pedrero


Estaba cercano el momento en que Guevara arribara al Escambray; pero ya el Segundo Frente Nacional del Escambray le había enviado su mensaje por medio de la carta firmada por el comandante Jesús Carrera. En esta carta Carrera le explica a Guevara:

Teniendo noticias de que Ud. se dirige a esta zona, sin que se nos haya informado oficialmente por su organización su entrada en la zona, quiero advertirle lo siguiente: como cubano, como amante de la Libertad, y como compañero de todo el que lucha contra la tiranía, he de dar la vida por Uds. Ahora bien, deben tener presente, que el Segundo Frente ha sido y será siempre una organización en la que han tenido cabida todos los cubanos dispuestos a luchar en contra de la tiranía, no nos ha importado su militancia revolucionaria, sólo hemos tenido en cuenta su actuación dentro de nuestras filas, hemos soportado sin embargo los deseos ambiciosos de las organizaciones revolucionarías como el Directorio Revolucionario ─  que ha tratado ─ como el Comandante Bordón de sectorizar este frente militar en beneficio de dichas organizaciones (…) Teniendo en cuenta que viene Ud. del mismo lugar que vino el comandante Bordón días antes de descubrirse en ésta su falta de lealtad y sabiendo el alto concepto de la libertad y patriotismo del Dr. Castro y de Ud. mismo, lo conminamos a que antes de entrar en esta zona aclare sinceramente sus intenciones.

El 14 de octubre de 1958 entraba Guevara en la provincia de Las Villas; ya desde entonces estaba al tanto de la disposición del Estado Mayor del Segundo Frente Nacional del Escambray que establecía: “Que cualquier organización que contando con un grupo armado pretenda luchar en estas zonas sin previo acuerdo o autorización del Estado Mayor del Segundo Frente, será por primera vez advertida y por segunda vez exterminada por el Ejército del Segundo Frente[1]. Conociendo que los efectivos del Segundo Frente Nacional del Escambray eran la fuerza mayor en aquel territorio, Guevara se cuidó de no violar aquella disposición. Alentaría a Victor Bordón a unirse a su maltrecho grupo y prestaría atención a las quejas de Chomón sobre Menoyo y sus hombres y, por la izquierda llegaría a un convenio tácito con Eloy Gutiérrez Menoyo.

Se ha citado el fragmento de una carta de Fidel Castro y dirigida a Camilo Cienfuegos, fechada 14 de octubre de 1958, donde Castro expone: “Che ha sido enviado a Las Villas, para combatir al enemigo y mandar a las fuerzas del Movimiento 26 de Julio, no con pretensiones de mandar a ningún otro grupo. Ahora bien: si desean la unión de las fuerzas que operan en esa provincia es lógico que el mando corresponda al comandante más antiguo, el que haya demostrado más capacidad militar y organizativa, al que despierte más entusiasmo y confianza en el pueblo y esos requisitos que reúnen el Che y tú, nadie se los podrá discutir [...]. Yo no acepto ningún otro jefe que el Che, si las fuerzas llegan a un acuerdo[2].

Existe una evidente contradicción entre el enunciado de esta carta del 14 de octubre y lo establecido en la orden emitida por Castro para la creación de la Columna 8 al mando de Ernesto Guevara, donde a este se le nombraba “jefe de todas las unidades rebeldes del Movimiento 26 de Julio que operan en la provincia de Las Villas, tanto rurales como urbanas”, pero con la misión de “invitar” a todas las otras fuerzas revolucionarias que operaran en Las Villas “a integrar un solo cuerpo del Ejército para vertebrar y unificar el esfuerzo militar de la revolución”; por otra parte la expresa negativa de Castro de no reconocer a otro jefe que no sea Ernesto Guevara, una vez establecida la alianza de unidad entre todas las organizaciones insurreccionales de Las Villas, está en contradicción con lo que antes dice, que Guevara actuará en Las Villas sin pretensiones de mandar a ningún otro grupo.

Pronto, a su llegada, Guevara se vio sumergido dentro del golfo de intrigas que se abría en la abrupta geografía del Escambray; los conflictos entre los dos grupos que asumían la representación del Segundo Frente, el Directorio Revolucionario 13 de Marzo de Chomón y Cubela y el Segundo Frente Nacional de Eloy Gutiérrez Menoyo, Jesús Carrera y Armando Fleitas, aunándose a las del cuasi bandolero y contradictorio Victor Bordón ─ estereotipo del “malo” de un “western” americano ─, representante del M-26-7 en el Escambray, y las suyas propias siguiendo el guion ya trazado desde la Sierra Maestra.

Se dice que hubo un conflicto entre Guevara y el comandante del Segundo Frente Nacional del Escambray, Jesús Carrera Zayas ya desde los primeros días, con motivo de la orden del Estado Mayor del Segundo Frente relativa a las incursiones de otras fuerzas en el territorio bajo su control. De acuerdo con una versión, Carrera desarmó a Guevara y sus hombres en cumplimiento de aquella orden y le retuvo por un corto tiempo; según otra versión (Jon Lee Anderson)[3], en aquel encuentro entre los dos comandantes guerrilleros, Guevara le dice a Carrera que no le permitiría mencionar la palabra “advertencia” y este se deshizo en excusas. Sin importar cuál sea la versión verdadera, el caso es que Guevara, el día 20 de octubre ordenó a Victor Bordón presentarse ante él en el campamento Las Piñas, pero advirtiéndole que “esquivara todo tipo de encuentro con la tropa del Segundo Frente[4].

Bordón, luego de recibir una reprimenda de parte de Guevara por haber firmado su acatamiento a las decisiones del Segundo Frente, se reunió con sus hombres, un grupo que no pasaba más allá de la centena.

Me reuní con los oficiales de mi tropa y les expliqué que aquel hombre venía mandado por Fidel y había que acatar sus órdenes como si fuera el propio Comandante en Jefe. Les expresé también que me parecía un hombre muy honrado y justo, pero la información que tenía de nosotros no era la mejor. Todos coincidieron que debíamos echar pa’lante.[5]

Pronto Guevara comenzaría a realizar trabajo ideológico entre los combatientes del 26 de Julio a su mando y los campesinos de la zona empleando instructores políticos del P.S.P. Cumpliendo las directivas de la Sierra Maestra comenzó a incautar tierras privadas y a repartirlas entre algunos jornaleros agrícolas. Este accionar de Guevara en el Escambray es confirmado por Victor Bordón en su testimonio para el periodista José Antonio Fulgueiras:

El Che hizo un trabajo ideológico y político prácticamente asombroso para el poco tiempo que estuvo en el Escambray. Se reunió con los campesinos, les entregó tierras que fueron confiscadas a los latifundistas, conversó con el movimiento obrero, creó escuelas en Caballete de Casa, y logró en gran parte la unidad, pues con el Segundo Frente le fue imposible alcanzar un entendimiento.[6]

 Sobre este mismo tema se habla en el órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, Granma:

…todavía en predios de Las Cuabas, El Guineo, El Pedrero y hasta en el intrincado Gavilanes, se habla de “las fincas del Che”. Con esa denominación los lugareños del lomerío aluden a la primera entrega realizada (…) en noviembre de 1958 (por) el entonces jefe del Frente Guerrillero de Las Villas (…) [quien] decide crear el Buró Agrario para proceder a repartir los terrenos expropiados a los latifundistas de la región.
Ovidio Díaz Rodríguez, quien por aquellos tiempos servía de enlace entre la máxima dirección del Partido Socialista Popular en Las Villas y el Ejército Rebelde, ha testimoniado que tras quedar constituida la primera Asociación Campesina el 12 de noviembre, el Che convocó a una concentración para ventilar el asunto. “Él habló, les explicó todo y luego anunció la expropiación de las dos primeras fincas”[7].

Cuando Guevara se reúne con el mando del Directorio Revolucionario el 21 de octubre en el campamento de Dos Arroyos “ellos estaban abiertos a la idea de cooperar con el Movimiento 26 de Julio, pero rechazaban cualquier diálogo con el segundo frente y con los comunistas” y reforzaron su voluntad de mantener su independencia como organización en un pacto de unidad con Guevara[8]. En este encuentro se acordó una acción conjunta para tomar el pequeño cuartel de Güinía de Miranda.  No obstante, de acuerdo con Waldo Fernández Cuenca:

La llegada del Che a Las Villas el 21 de octubre de 1958 venía a completar el complejo cuadro de fuerzas que combatían a la dictadura en esa zona central del país. La unidad se convertía en un proceso harto difícil que culminaría con el Pacto del Pedrero el 1º de diciembre entre las dos fuerzas mejor organizadas: El Movimiento 26 de Julio y el Directorio Revolucionario[9].

Todavía estaban frescos los desencuentros entre el Directorio Revolucionario y Fidel Castro a propósito del rechazo de este último de la Junta de Liberación surgida del Pacto de Miami y del desacuerdo del Directorio de reconocer la legitimidad de la designación del Magistrado Urrutia, la que consideraba como “imposición e intransigencia”. El Directorio, entonces declararía que no se debía “aceptar para el cargo de Presidente provisional a ningún miembro del Poder Judicial que hubiera jurado los estatutos de Batista. En este caso específico, al doctor Urrutia le aplaudíamos y reconocíamos el gesto hermoso y reivindicativo de su voto particular, pero considerábamos que éste no era suficiente para elevarlo a tan alta posición”.

Venciendo todos los inconvenientes se llegaría, finalmente, a un convenio entre la Columna 8 y el Directorio Revolucionario 13 de Marzo, al que posteriormente se uniría el Partido Socialista Popular. Guevara desde el mismo día de su llegada al Escambray se dedicó a buscar un sitio seguro donde establecer su campamento. Se dice que los campesinos de la zona le indicaron el intrincado paraje de Caballete de Casa, a más de 650 metros sobre el nivel del mar y ubicado a treinta kilómetros de la ciudad de Fomento. No obstante, Caballete de Casa se dejó como lugar de entrenamiento de nuevos reclutas y sitio para la planta de radio de la columna y quedó, como campamento oficial de Guevara, el situado en El Pedrero, en la zona denominada Manaca Ranzola.


Así el Primero de diciembre de 1958 se firmó el Pacto de El Pedrero: “Significaba coordinar las acciones sin que hubiera la desaparición de ninguna de las organizaciones; todas con una idea única, derrocar la tiranía”, según declararía Harry Villegas Tamayo, escolta de Guevara en Las Villas al periodista Enrique Ojito[10].

El 2 de diciembre, Guevara cursó una invitación a Gutiérrez Menoyo para un encuentro en El Pedrero. Muy propio de su carácter, Menoyo le responde a Guevara diciendo: “Comandante Ernesto Guevara como usted es la visita, le propongo que caminemos los dos la mitad del camino y como yo estoy en Nuevo Mundo y usted en el Pedrero le propongo vernos en Güinía de Miranda, que viene siendo la mitad del camino”. De acuerdo con una versión ofrecida por Roger Redondo, que cita Félix J. Hernández, la reunión entre los dos comandantes duró unas dos horas discutiendo los términos del Pacto de El Pedrero. “Las aspiraciones unitarias del Ché sólo lograron un acuerdo tácito para que las acciones de la tropa de Menoyo se desarrollaran en un área determinada[11]. Solo en esta reunión se llegaría a un acuerdo en lo militar, decidiéndose que el “Segundo Frente avanzaría por el sur de la Isla hacía La Habana. El Directorio Revolucionario avanzaría con las tropas de Guevara por el centro de Cuba también hasta La Habana mientras que las tropas de Camilo Cienfuegos harían el recorrido por la costa norte[12]. Esta última decisión se pospondría hasta que Guevara consultara con el mando de la Sierra Maestra.

Siguiendo lo expuesto por Roger Redondo, se produce un nuevo encuentro entre Guevara y Eloy Gutiérrez Menoyo con el propósito de firmar el pacto entre las dos organizaciones insurreccionales; empero no llegaban a un acuerdo definitivo por lo que, en aquel texto, antes concertado con el Directorio Revolucionario, se establecía en cuanto a “política Agraria y a la Administración de Justicia”.

El texto original del Pacto de El Pedrero tal como fuera firmado por Guevara y Chomón es el siguiente:

El proceso de descomposición del gobierno dictatorial de Fulgencio Batista ha entrado en su etapa definitiva. Todos los esfuerzos de la dictadura estaban encaminados a mantenerse hasta la farsa electoral del 3 de noviembre, esa fecha ha pasado y constituyó una sonora bofetada del pueblo a los candidatos de la dictadura, oficiales o no.

Una nueva fecha se abre ante la perspectiva de los cansados soldados de la tiranía: el 24 de febrero, momento teórico en que se deberá transmitir el mando presidencial, pero el soldado del batistato, cada vez cree menos en fechas ilusorias y cada vez palpa más en sus carnes la eficiencia de las armas del pueblo.

Haciendo patente la plena identificación que existe en la lucha contra la tiranía entre el Movimiento 26 de julio y el Directorio revolucionario, ambas organizaciones se dirigen al pueblo de Las Villas, desde la Sierra del Escambray donde sus fuerzas combaten por la libertad de Cuba.

Es propósito del Movimiento 26 de Julio y del Directorio Revolucionario mantener una perfecta coordinación en sus acciones militares, llegando a combinar operaciones, donde sus fuerzas participen al mismo tiempo, combatiendo miembros del 26 de Julio y del Directorio Revolucionario. Así como de utilizar conjuntamente para beneficio de la Revolución, las vías de comunicaciones y abastecimiento que están bajo el control de una u otra organización.

En la política administrativa, el territorio libre ha sido dividido en zonas que están bajo la jurisdicción del Directorio revolucionario y el Movimiento 26 de julio, donde cada organización recaudará los tributos de guerra.

En cuanto a la política Agraria y a la Administración de Justicia, el Movimiento 26 de Julio y el Directorio Revolucionario están acoplando sus planes de Reforma Agraria y Código Penal.

Estas declaraciones llevan una síntesis de cohesión del Movimiento Revolucionario en el frente de Las Villas, donde luchan hermanados el 26 de Julio y el Directorio Revolucionario, que representan los más puros ideales de la juventud, llevando gran parte del peso de la insurrección cubana, derramando su sangre, sin la cual no hubiera habido ni Sierra Maestra, ni Sierra del Escambray ni se hubiera dado un 26 de Julio en el Moncada ni un 13 de Marzo en el Palacio Presidencial.

Estamos conscientes de nuestro deber con la Patria y en nombre de los postulados revolucionarios de Frank País y José Antonio Echeverría, llamamos a la unión a todos los factores revolucionarios e invitamos a todas las organizaciones en el territorio para que se adhieran públicamente a este llamamiento, coordinando su acción en beneficio de la nación cubana.

Unir es la palabra de orden: juntos estamos dispuestos a vencer o morir.

Luego de un fuerte debate donde no se llegaba a tomar un acuerdo se suprime del Pacto entre el Segundo Frente y el 26 de Julio los puntos donde no existían convergencias. Sobre este tema, Eloy Gutiérrez Menoyo testimoniaría en declaraciones que le daría al periodista independiente Rogelio Fabio Hurtado en abril de 2014[13]:

Se ha hablado de grandes discrepancias con el Che, cosa que no fue cierta. Fueron pequeñas intrigas, alimentadas y dimensionadas por la gente del PSP, que no impidieron que yo firmara con el Che el Pacto del Pedrero, el cual no supeditaba nuestras tropas a su mando y que funcionó muy concretamente en lo operacional para coordinar nuestros esfuerzos militares. Sencillamente, nosotros iniciaríamos la ofensiva por la costa sur y él lo haría por la costa norte. Fuimos los primeros en cumplir, iniciamos la ofensiva el 2 de diciembre, cuando irrumpimos al frente de varias columnas en la ciudad de Trinidad, que ocupamos durante toda la noche, operación en la que consumimos casi todo el parque del que disponíamos.

Castro, por su parte no recibió de muy buen grado la firma del Pacto de El Pedrero efectuada por Guevara con el Directorio Revolucionario. Criticaría a Guevara en carta con fecha 26 de diciembre de 1958, diciéndole: “Considero que estás cometiendo un grave error político al compartir tu autoridad, tu prestigio y tu fuerza con el Directorio Revolucionario”; y agrega en tonos despectivos hacia el Directorio Revolucionario: “No tiene sentido aupar [a] un grupito cuyas intenciones y cuyas ambiciones conocemos sobradamente, y que en el futuro serán fuente de problemas y dificultades. Tan soberbios y presumidos son, que ni siquiera han acatado tu jefatura, ni la mía, pretenden erigir una fuerza militar autónoma y particular que no podremos tolerar de ninguna forma (…) La Columna de Camilo debe constituir la vanguardia y apoderarse de La Habana cuando la Dictadura caiga si no queremos que las armas de Columbia se las repartan entre todos los grupos y tengamos en el futuro un problema muy grave.

En este momento la situación de Las Villas constituye mi principal preocupación. No comprendo por qué vamos a caer en el mal que motivó precisamente el envío tuyo y de Camilo a esa Provincia.

Ahora resulta que cuando podíamos haberlo superado definitivamente, lo agravamos[14].

Según el historiador José Álvarez, citado por Wilfredo Cancio Isla, esta carta de Castro, confirma que él “siempre se burló de los pactos y que todo lo tenía certeramente calculado para evitar que no hubiera el más mínimo chance de disputarle el poder absoluto[15].

El Movimiento 26 de Julio, en la persona de Ernesto Guevara, había logrado concertar una alianza con las dos organizaciones insurreccionales del Escambray y con la guerrilla del P.S.P.; alianza donde el más favorecido sería el 26 de Julio. Ni el Directorio Revolucionario 13 de Marzo, ni el Segundo Frente Nacional del Escambray, ni tampoco el P.S.P. serían tomados como aliados efectivos, sino como aliados de conveniencia.

Chomón, cegado por su prepotencia, no comprendió que firmar con el 26 de Julio colocaría a su organización en una posición de dependencia política con respecto a Guevara. Él ya había conocido, desde la fecha del Pacto de Miami, el pobre concepto que Castro tenía de cualquier otra organización, incluido el Directorio, que no fuera la suya propia. El Escambray dejaría de ser para convertirse en Frente de las Villas; y el jefe de ese frente, la figura cimera del Frente de Las Villas ahora sería el Comandante Ernesto Guevara, el Che. El Directorio Revolucionario quedaría relegado a un segundo lugar.

Guevara había llegado al Escambray con un grupo en pésimas condiciones, agotados y muchos descalzos; un grupo que estaba necesitado del auxilio generoso de los combatientes del Escambray y que requería de la unidad para su subsistencia.

Cuando se firma un pacto de alianza hay que pensar previamente si la otra parte cumplirá con todo lo pactado y tener presente quién de los pactantes está en mejor posición o con mayor fuerza, y, sobre todo, cuál de las dos partes está más urgida para pactar. En todo pacto político o militar como en este caso, se requiere definir las obligaciones y los beneficios recíprocos. Tanto el Directorio Revolucionario como el Movimiento 26 de Julio poseían puntos de vistas divergentes en cuanto a la toma del poder y del establecimiento del gobierno provisional. El Movimiento 26 de Julio ambicionaba colocarse como la fuerza conductora de la revolución y el Directorio Revolucionario, que conocía estas intenciones, aspiraba a formar parte igual en la dirección del proceso de transición. Esto no quedó consensuado en el Pacto de El Pedrero. Chomón siempre demostró que, en asuntos políticos era un completo miope; y en lo militar, era totalmente ciego. No comprendió el concepto schmittiano del enemigo potencial que representaría el Movimiento 26 de Julio en el conflicto de intereses opuestos, llevado hasta el antagonismo. Este criterio de antagonismo está presente en Castro que ve como enemigo, al otro, al extraño, es decir, al que no se somete a sus ambiciones, a todo aquel que eventualmente pudiera hacerle competencia. Carl Schmitt todo el tiempo estará presente en el modo de Castro de entender lo político.

Guevara llegaba al Escambray con un discurso que llamaba a la unidad, pero el 26 de Julio era el principal adversario del Directorio; sin embargo, tanto Chomón como Gutiérrez Menoyo se veían entre sí no como adversarios, sino como enemigos inmediatos y no comprendieron que, ante la llegada del extraño, hubiera sido más conveniente para sus mutuos intereses firmar una alianza de colaboración y de no agresión frente a los intereses políticos del 26 de Julio. Por su origen tanto el Directorio Revolucionario como el Segundo Frente eran organizaciones afines. La historia demostraría que el Directorio Revolucionario quedaría relegado de todo poder y el Segundo Frente estigmatizado con los peores calificativos. Castro sería por tanto el héroe nacional merecedor de todos los laureles de la gloria.




[1] Eloy Gutiérrez Menoyo y Jesús Carreras Zayas: Órdenes dictadas por el Estado Mayor del Segundo Frente Nacional Unido del Escambray, para la zona norte, en: Joel Iglesias. De la Sierra Maestra al Escambray, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1979. Cit. por Ricardo Efrén González. La estrategia unitaria del Che Guevara en Las Villas
[2] Fidel Castro Ruz. “Carta a Camilo Cienfuegos, 14 de octubre de 1958”, en Fondo 01, Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado. Cit. por Luis Machado Ordetx. Unidad y asunción en El Pedrero. Periódico Vanguardia. 17 de diciembre de 2013
[3] Jon Lee Anderson. Che Guevara: A Revolutionary Life. Grove Press. New York 2010
[4]Luis Machado Ordetx. Unidad y asunción en El Pedrero. Periódico Vanguardia. 17 diciembre 2013
[5] Testimonio de Bordón dado a José Antonio Fulgueiras. No vine aquí a pelear por grados. Diario Escambray. 31 enero, 2014
[6] Idem
[7] La tierra repartida en la memoria guajira.  Granma, 8 de mayo de 2014
[8] Jon Lee Anderson. Op. Cit.
[9] Waldo Fernández Cuenca. Anatomía de un enfrentamiento. La guerra. Cubaencuentro, 30 de diciembre de 2009
[10] Enrique Ojito. De las tinieblas a la luz. Periódico Escambray. 13 octubre, 2013
[11] Félix J. Hernández. Los Primeros Encuentros de Gutiérrez Menoyo con el Che.
[12] Idem
[13] Rogelio Fabio Hurtado. Entrevista con Eloy Gutiérrez Menoyo. Blog La Madrugada. 3 de abril de 2014 
[14] Fidel Castro: La contraofensiva estratégica, Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, 2010, pp. 343-345
[15] José Álvarez, profesor emérito de la Universidad de la Florida y autor de Principio y fin del mito fidelista (2008). Citado por Wilfredo Cancio Isla. Café Fuerte.

miércoles, 26 de octubre de 2016

Capítulo XXXI Primera Parte. “Amigos, aliados y enemigos. Un análisis crítico de la Era del castrismo”.

Mario J. Viera
 
Estado Mayor del Segundo Frente Nacional del Escambray
Segundo Frente Nacional del Escambray. Ernesto Guevara y el Pacto del Pedrero
Julio de 1958. Faure Chomón como Secretario General del Directorio Revolucionario comienza a recibir informes alarmantes sobre la situación presente en el Escambray. Ya se han presentado desencuentros entre el Secretario General de Sancti Spíritus del Directorio, Piro Abreu, y Armando Fleites, Secretario General del Segundo Frente, por cuestiones no bien aclaradas.

Por otra parte, la situación en La Habana ya es sumamente peligrosa. Luego del fallido atentado a Santiago Rey Pernas, el 13 de junio, se desató una furiosa persecución. Ya posteriormente al 9 de abril, la dictadura no se andaría con contemplaciones, la orden dada era: no prisioneros, muertos.

Chomón, García Lavandero y Rodríguez Loeches ya no tenían lugar seguro donde encontrar refugio y abandonan el apartamento del Vedado donde se ocultaban, y lo hacen a tiempo. El 15 de junio, domingo Día de los Padres, Ventura Novo ya ha ubicado el apartamento donde los revolucionarios se habían ocultado y acechan en sus alrededores. Día fatal para dos jóvenes hermanas pertenecientes al Movimiento de Resistencia Cívica que, coincidentemente, vivían en aquel mismo edificio de apartamentos, Lourdes y Cristina Giralt Andreu, de 22 y 28 años de edad respectivamente. Ellas al ver al destacamento policiaco que se mueve en el exterior, piensan que vienen por ellas; es posible que hayan intentado huir; es posible que, decididas como eran, hayan optado por enfrentarse a los sicarios uniformados. Son acribilladas por los disparos de la policía.

El 23 de junio Eduardo García Lavandero, jefe de acción del Directorio, muere en enfrentamiento con efectivos del SIM, y Enrique Rodríguez Loeches, la mano derecha de Chomón, acosado por la policía, ha tenido que buscar asilo en la embajada de Guatemala. Chomón no tiene más opciones, él, que no cree en la lucha guerrillera, tiene que buscar refugio en el Escambray.

Al llegar al Escambray escucha las quejas de Rolando Cubela. El acusa a Eloy Gutiérrez Menoyo de querer ser el jefe máximo del Frente del Escambray. Menoyo es, en su opinión, un advenedizo. ¿Acaso a este no se le había enviado para, con recursos del Directorio Revolucionario, explorar las posibilidades para un alzamiento en la cordillera villareña? ¿No sería mejor que él, Cubela, fuera el jefe del Frente; él que es fundador del Directorio Revolucionario; él quien fuera el ejecutor de Blanco Rico? Además, Gutiérrez Menoyo mantiene contactos con Carlos Prío por medio del pequeño grupo de alzados miembros de la Organización Auténtica.

Ya colocado a favor de Rolando Cubela, Chomón invitó a Gutiérrez Menoyo a una reunión en el campamento de Dos Arroyos. Pretendía ser el mediador entre ambos combatientes. Allí se encontraron frente a frente dos hombres muy diferentes entre sí; dos caracteres diametralmente opuestos. Chomón y Menoyo. Mientras Chomón es un hombre de gris personalidad incapaz de sonreír y cuando lo hace su sonrisa parece una mueca; Menoyo posee carisma, responde con agilidad. Es dinámico a diferencia de Chomón y capaz de reír y de hacer bromas. No disimula su modo de pensar mientras que Chomón nunca da indicios en su rostro sobre lo que se esconde dentro de su mente.

Fue un debate tenso y agrio; el enfrentamiento de dos posiciones políticas e ideológicas que no tranzarían, intransigente una con otra. A los reclamos de Cubela, Menoyo tiene un historial de lucha guerrillera muy superior al presente en Cubela. El habría llegado al Directorio Revolucionario desde sus inicios, pero ni siquiera tomó parte en las acciones del 13 de marzo, porque se encontraba en el exilio y solo regresaría acompañando a Chomón en la expedición de Nuevitas. Según E. I. Gutiérrez “Menoyo le espetó a Chomón en pleno rostro, que él no tenía experiencia alguna en la lucha guerrillera. Le afirmó que como Secretario General al frente de todos ellos, estaba ocupando un cargo que no merecía[1]. Este exabrupto de Menoyo, según el citado autor, complicó aún más la situación. Chomón ante esta situación declaró que citaría de inmediato a los miembros del Comité Ejecutivo del Directorio.

Muy molesto, Eloy Gutiérrez Menoyo abandonó la reunión con todos sus hombres. Con esta decisión se producía la escisión dentro del frente del Escambray en dos grupos que serían desde ese mismo instante, enemigos irreconciliables. Una vez que el Ejecutivo del Directorio Revolucionario, o lo que quedaba de él, logró reunirse, tomó el acuerdo de ratificar a Faure Chomón como Secretario General y designar a Rolando Cubela como jefe del movimiento guerrillero. A propuesta de Chomón, quien acusaba a Menoyo de traidor, se decidió expulsarle del Directorio Revolucionario. Ahora convivirían en constante litigio dos organizaciones guerrilleras, el Frente del Directorio Revolucionario y el Segundo Frente Nacional del Escambray. Ambos grupos se acusarían mutuamente de haberse robado la representación del Frente del Escambray. Desde ahora y en adelante Gutiérrez Menoyo sería la bête noire de la insurrección anti batistiana.

Menoyo sería marcado con el estigma de traidor por, como dice una cronista castrista, mantener “una actitud divisionista” y, sobre todo, y esta la causa principal del calificativo de traidor, por “establecer relaciones con la Organización Auténtica, dirigida por el ex presidente de Cuba Carlos Prío Socarrás[2].

Empero a todo esto, hay que tomar en consideración algunos hechos significativos. Un importante alijo de armas enviado por Carlos Prío fue empleado en el asalto al Palacio Presidencial por los miembros de la Organización Auténtica Eduardo García Lavandero, y Evelio Prieto Guillaume, que le mantenía bajo su guarda. García Lavandero moriría siendo jefe de acción del Directorio y Prieto Guillaume caería en el asalto al Palacio. También en el ataque a Palacio caería Menelao Mora Morales que había sido electo dos veces al Congreso como representante por el Partido Revolucionario Cubano (Auténtico), además de Pedro Téllez Valdés y Gerardo Medina Cardentey también del PRC y muertos en las acciones del 13 de marzo. En la expedición del Scapade se incluyeron varias ametralladoras aportadas por Carlos Prío; estas armas cayeron en poder de la policía en la Playa de Santa Fe formando parte del equipo bélico que Chomón había desviado hacia La Habana. Además, se debe tener en cuenta que fue el ex presidente Carlos Prío Socarrás el que aportó el dinero que se requería para la compra del yate Granma. Por otra parte, Faure Chomón había militado, antes de unirse a José Antonio Echeverría, en el Movimiento Socialista Revolucionario de Masferrer, una de las dos principales organizaciones de gansterismo político que surgieron en la Universidad y que contaba con el respaldo del gobierno auténtico de Ramón Grau San Martín.

La leyenda negra que fue formándose en torno del Segundo Frente Nacional del Escambray le presentaban como si se tratara de una fuerza minúscula. Gutiérrez señala al respecto:

Por el conocimiento que los vecinos tenían de Menoyo, en pocas semanas el II Frente del Escambray creció en varias decenas de hombres. Para los finales de julio campesinos de toda la zona, así como combatientes de las ciudades aledañas, se habían incorporado al mismo.[3]

Armando Fleitas relata un encuentro que el Segundo Frente Nacional del Escambray sostuvo con Enrique Oltuski, Coordinador del “Movimiento 26 de Julio” en Las Villas ─ a quien Mauricio Vicent[4], del periódico español El País denominaría “el hombre del Che en el Llano” ─. A solicitud suya quería tener un encuentro con los mandos del Segundo Frente Nacional del Escambray. En aquella reunión, además de Fleitas estuvieron presentes, el Comandante Eloy Gutiérrez Menoyo, el Comandante William Morgan, el capitán Osvaldo Montiel, el capitán Roger Redondo, el capitán José Cordero, y el teniente Felipe Lema.

Según lo dicho por Fleites, “Oltuski tomó la palabra y expresó que traía un mensaje del Comandante Fidel Castro y de Haydée Santamaría, en el cual invitaban al Segundo Frente a integrarse al Movimiento 26 de Julio, incluyendo al Comandante Eloy Gutiérrez Menoyo como Jefe Militar de esa organización en la Provincia de Las Villas y la coordinación con las Delegaciones Civiles en las ciudades”. Y agrega Fleites diciendo que Gutiérrez Menoyo “consideró, que por las características e historia propia del Segundo Frente, no podía aceptar la invitación, porque en aquel frente guerrillero, siguiendo la disciplina del Estado Mayor, combatían hombres de diferentes organizaciones o que eran independientes, pero señaló que reconocía que el Comandante Fidel Castro era el primer soldado de la revolución y que estábamos dispuestos a concretar y coordinar acuerdos estratégicos y operacionales en Las Villas con el Movimiento 26 de Julio, así como intercambiar inteligencia, información y ayuda mutua”.

Sobre los resultados de esta reunión escribiría Oltuski[5]:

En términos nacionales reconocían la autoridad revolucionaria de Fidel y en lo civil estaban dispuestos a colaborar con el 26, pero sin fundirse en nuestras filas. En cuanto al grupo de Faure, había problemas. Estos se negaban a reconocer la autoridad militar de Menoyo, a pesar de que él había sido prácticamente el creador del Frente del Escambray, según Fleites.

Agrega entonces Oltuski:

Estaba clara la razón de las divergencias que existían en el Escambray. Ahora bien, ¿qué debíamos hacer nosotros? Claramente era más importante el apoyo de Menoyo. Parecían los más poderosos y operaban en una zona que dependía en lo fundamental de Cienfuegos. Precisamente donde nosotros éramos más fuertes. Desde allí podíamos abastecer fácilmente a Bordón. Además, Bordón pasaría a integrar el Estado Mayor de Menoyo, desde donde podría influir en el futuro curso de los acontecimientos. Sin lugar a dudas, nuestra influencia podría ser mayor sobre Menoyo que sobre Faure. Lo que me habían contado en Miami así lo indicaba. En definitiva, esta era una situación temporal que se resolvería favorablemente para nosotros, cuando llegara un comandante con prestigio de la Sierra, y nuestro propio ejército del 26 de Julio se convirtiera entonces en el más poderoso y aguerrido del Escambray. Entonces desaparecería el peligro de que Las Villas cayera en manos de otra organización que no fuera la nuestra.

Este criterio expresado por Oltuski echa por tierra la supuesta debilidad, en número de hombres, del Segundo Frente Nacional del Escambray. Por otra parte, se entrevé el papel de provocador que debería asumir Victor Bordón dentro del Estado Mayor del Segundo Frente y las aspiraciones de Castro de que el Movimiento 26 de Julio asumiera el control de todo el Escambray con la llegada de Ernesto Guevara al Escambray y, así, evitar que Las Villas cayera bajo la dirección de otra organización… ¿Acaso la Organización Auténtica?



[1] E.I. Gutiérrez. El Castro Desconocido: Una Convergencia Fatal. Exlibris. 2010
[2] Lisandra Gómez Guerra. Camino a la independencia. Juventud Rebelde. 16 de octubre del 2013
[3] E.I. Gutiérrez. Op. Cit.
[4] Mauricio Vicent. Enrique Oltuski: El hombre del Che en el Llano. El País. 18 de diciembre de 2012
[5] Enrique Oltuski. Gente del Llano. Citado por Ramón Pérez Cabrera. La Revolución. Pilares del Socialismo en Cuba

lunes, 24 de octubre de 2016

Capítulo XXIX Segunda Parte. “Amigos, aliados y enemigos. Un análisis crítico de la Era del castrismo”.

Mario J. Viera

La marcha hacia Occidente. Moral del Ejército Regular

El 9 de septiembre, en la madrugada, el contingente de Guevara, que se trasladaba en camiones[1], hace un alto ante la portada de un batey en la Finca La Federal, precisamente a solo ciento cincuenta metros de donde se encontraban siete soldados al mando de un cabo que custodiaban aquella propiedad rural. Los militares al ver la luz de los vehículos rebeldes hacen una señal con las luces del jeep que solo por casualidad es respondida acertadamente por el grupo rebelde. Los hombres de Guevara se mueven sigilosamente hacia donde aguardan los militares, todos efectivos de la Guardia Rural. El cabo que comandaba el grupo de guardias rurales al ver que se acercaban da la voz de alto; uno de los guerrilleros responde: “Aquí el 26 de Julio”. Se inició el fuego de armas y los militares se parapetaron en la segunda planta de una casa de paredes de ladrillo. Los rebeldes entran en la primera planta y se continúa el combate hasta que el cabo que comandaba a los militares cae muerto. Solo cuatro soldados finalmente se entregaron a los rebeldes. Todo esto según ha sido descrito por EcuRed. Algo muy diferente de lo descrito por Roberto Pérez Rivero que confiere a esta escaramuza niveles de gran batalla:

El combate de La Federal caracteriza el accionar del ejército en esta provincia. La buena ubicación de las emboscadas en el terreno, el logro de la sorpresa, el incremento de fuerzas después de iniciado el combate y el apoyo aéreo, no fueron suficientes para alcanzar la iniciativa. Las emboscadas enemigas, siendo acciones ofensivas, tuvieron en estos casos un carácter defensivo por su pasividad y por limitarse a esperar que el adversario chocara contra ellas. En La Federal, la pasividad y la ausencia de espíritu combativo fue grande. Los jefes no atacaron ni siquiera cuando llegaron los primeros refuerzos, al contrario; incumplieron órdenes del jefe de la zona de operaciones y mostraron cobardía[2].

A La Federal no llegaron tropas de refuerzos ni hubo apoyo aéreo; de haber ocurrido esto, ahora no existiría el mito Che. Por otra parte, el encuentro en La Federal no fue, técnicamente hablando, una emboscada y, mucho menos, una batalla. Sobre esta escaramuza anotaría Guevara en su diario:

La noche del 9 de septiembre, entrando en el lugar conocido por “La Federal”, nuestra vanguardia cayó en una emboscada enemiga, muriendo dos valiosos compañeros; pero, el resultado más lamentable fue el ser localizados por fuerzas enemigas, que de allí en adelante no nos dieron tregua. Tras un corto combate se redujo a la pequeña guarnición que allí había, llevándonos 4 prisioneros. Ahora debemos marchar con mucho cuidado, debido a que la aviación conocía nuestra ruta aproximada.

Una emboscada se organiza teniendo en cuenta las posibles vías por las que ha de transitar un enemigo que ya se prevé su presencia. Las emboscadas cumplen el propósito de hostigar, destruir, aniquilar, obtener e incautar material y equipo; y se caracterizan por ser un ataque sorpresivo, un breve combate violento contra una fuerza poderosa en marcha y la suspensión rápida de la acción seguida por una inmediata retirada. Teniendo en cuenta estos conceptos no tiene sentido que el ejército, luego de detectar a la columna invasora, se empeñara en establecer nuevas emboscadas, como si se tratara de un ejército irregular, en lugares que supuestamente esta debía seguir, sin tomar en cuenta el posible y lógico cambio de su ruta en previsión de nuevas emboscadas. Lo lógico, desde el punto de vista de una fuerza militar regular habría sido movilizar un contingente poderoso de hombres hacia la zona donde la columna había sido detectada para lanzar una operación de cerco y exterminio. Esto demuestra dos cosas, una, que el mando militar en Camagüey era totalmente inepto o dos, que el mando en la zona donde se había detectado a la columna de Cienfuegos estaba en complicidad y vendido a los rebeldes, existía el antecedente de un teniente Evelio Laferté hecho “prisionero” en el ataque al cuartel de Pino del Agua quien, supuestamente, luego “se pasó” a las fuerzas revolucionarias. Un tercer aspecto se puede considerar relacionado a la falta de incentivo moral de combate en las tropas gubernamentales y que Roberto Pérez Rivero parece dar a entender cuando se refiere a los “errores e indisciplinas en las fuerzas del ejército (retirar emboscadas sin autorización, abandonar posiciones por lluvias, etc.), convirtieron esas líneas en coladores por los que se filtraron las dos columnas invasoras[3].

Como ya muchos han apuntado, un número considerable de los jefes de tropas, evitaban los enfrentamientos bélicos pues consideraban que los más interesados en la defensa del régimen serían aquellos que usufructuaban de los beneficios del poder, obteniendo buenos réditos personales, en grados militares, haciendas e ingresos.

Ya en ese año de 1958 muchos de los efectivos del ejército regular estaban formados por nuevos conscriptos que, para ser diferenciados de los miembros de la Guardia Rural, se les conocía como “casquitos”. Estos hombres recibían un acelerado y deficiente entrenamiento militar para ser de inmediato enviados al campo de batalla. La mayor parte procedía de sectores muy humildes y necesitados. Recuerdo a un muchacho ─ he olvidado su nombre ─, allá en Morón, en la provincia de Camagüey, miembro de una numerosa familia y desempleado, que una noche vino a vernos a mí y a otro joven que como yo pertenecía al Movimiento 26 de Julio. Se le veía como preocupado, como si quisiera decirnos algo y no saber cómo hacerlo. Finalmente tomó aire y nos dijo: “Miren, yo no soy chivato” ─ él conocía muy bien nuestra militancia ─. “Yo no voy a chivatearles a ustedes, pero… no tengo trabajo… Tengo que ayudar a mi familia… Voy a meterme a casquito…”  Tratamos de hacerle desistir de aquella idea, pero él insistía diciendo: “No soy chivato… No se preocupen por mí, pero este es el único modo de tener un salario…”. Recuerdo que le dije entonces: “¡Compadre, te pueden matar!”, me dijo, esa es una posibilidad, pero…” Y se alejó de nosotros visiblemente entristecido. Poco tiempo después, ya casi antes de la huida de Batista, supe que había caído muerto en su primer combate.

El grado de descomposición moral del ejército de Batista quedaba evidenciado en la orden General 196 del Estado Mayor de las fuerzas gubernamentales que establecía la inmediata ejecución de cualquier miembro de las Fuerzas Armadas que desertara. Los soldados recibían un sueldo prácticamente miserable comparado con los ingresos de los altos oficiales, muchos de ellos con grados obtenidos por su apoyo al golpe de estado, por su incondicionalidad a Fulgencio Batista y por sus criminales métodos represivos. Oficiales que sabían cuidar su vida y enviaban a los soldados a morir siguiendo tácticas erróneas de combate. Castro tuvo acceso a esa orden y rápidamente hizo una proclama de la Comandancia General con fecha 15 de septiembre de 1958[4].

En esta proclama Castro afirmó: “Esta orden es draconiana y absolutamente ilegal”; y agrega: “Ante este peligro que se cierne sobre los miembros de las Fuerzas Armadas, que tienen sobradas razones para estar descontentos, que no tienen la culpa de las ambiciones, los crímenes y los errores de la pandilla gobernante que ahora se ensaña contra los soldados para exigirles mayores sacrificios después de dos años de cruenta lucha, como si fueran pocos los huérfanos, las viudas, y los dolientes de los hombres de uniforme que han caído para defender este régimen bárbaro y odioso”. Promete además la “hospitalidad generosa” en territorio rebelde para todo militar que abandone las filas oficiales, y aclara que ninguno de los militares que se acojan a la Sierra Maestra se les obligará a “combatir contra sus propios compañeros de armas ni de realizar actividades bélicas de ninguna índole”. Estos desertores no tendrían que preocuparse por sus sueldos, ya que, el Ejército Rebelde les garantizaría que seguirían “percibiendo el mismo sueldo que devengaba por el Estado” con la única condición para gozar de este beneficio es “traer consigo su arma”. Para entrar al territorio rebelde, el desertor del ejército solo le bastaría llegar con su arma y hacer contacto con las postas rebeldes o con los campesinos “alegando que se acoge a la hospitalidad de los Rebeldes proclamada en la declaración del 15 de septiembre”.

Esta disposición facilitaría en el futuro la incorporación de más y más militares a las filas insurreccionales, debilitando aún más a las fuerzas del gobierno, ya de por sí debilitadas por el embargo de armas decretado por el gobierno de los Estados Unidos. En fecha 27 de noviembre Castro por medio de Radio Rebelde proclamaba con satisfacción que “cientos de soldados del Ejército de Cuba” se incorporaban al Ejército Rebelde y hacía público la incorporación a sus filas “de los tenientes [Rodolfo] Villamil y [Ubinco] León, como los soldados y clases de la compañía de Charco Redondo”. Y daba a conocer un Manifiesto Al Pueblo de Cuba, donde intentaba ganarse el apoyo del ejército nacional, y dice:

Siempre es lamentable la sangre derramada entre cubanos; pero nosotros no provocamos esta guerra, esta guerra la provocó la tiranía. El Ejército de la República es una institución pública al servicio del bienestar del pueblo y no de la tiranía actual que está atentando contra Cuba y contra su destino.

Para agregar a continuación:

Por eso, día tras día llamamos a los militares que tengan sus manos limpias de sangre y oro mal habido para que vengan a confraternizar con su pueblo en el Territorio Libre de Cuba, como ya lo hicieron los 52 soldados, clases y oficiales de Charco Redondo.

Ya desde el mes de julio se habían unido al Ejército Rebeldes varias unidades del ejército regular, y oficiales como el Comandante José Quevedo Pérez que luego de su rendición se unió al Movimiento 26 de Julio. El Capitán Carlos Durán Batista jefe de la Compañía 92 se entregaría a las fuerzas rebeldes con todos sus hombres y luego integrar las filas del Ejército Rebelde. Junto a estos oficiales y los que citara Castro en su alocución por Radio Rebelde, los tenientes Villamil y Ubinco León, por gestiones de Quevedo, se incorporaría también, el Capitán Victorino Gómez Oquendo. Todos estos oficiales comenzaron a enviar cartas a sus camaradas de arma instándoles a que se unieran a los rebeldes de la sierra Maestra. Quevedo, más adelante sería determinante para gestionar la rendición de Palma Soriano.

La revolución, así dice el apotegma fatalista, se hace sin el ejército o con el ejército, pero nunca contra el ejército. Se cantan eufóricamente los combates victoriosos, pero todavía se requiere la ayuda de los soldados, clases y oficiales del ya desmoralizado ejército gubernamental. Todavía hay resistencia. Captar las tropas será el golpe definitivo para aplastar a la dictadura. Y así sucederá.

Ya para la fecha del inicio de la invasión hacia el Oeste, el P.S.P. había dado un giro en su política contraria a la subversión armada, abriendo un frente guerrillero en la región de Yaguajay al mando de uno de los dirigentes de ese partido en aquel municipio, Félix Torres y enviado a un destacado miembro de su Dirección Nacional, Carlos Rafael Rodríguez en julio de 1958 para hacer contacto con Fidel Castro en la Sierra Maestra. Ya desde la reunión de Altos de Mompié había comenzado a verse presencia de activistas comunistas, principalmente en el Segundo Frente Oriental, comandado por Raúl Castro. Alejo Maldonado Gallardo cita varios nombres de militantes del PSP que se destacarían posteriormente en el gobierno castrista luego de la huida de Fulgencio Batista, como los jóvenes comunistas Jorge Risquet y Antonio Pérez Herrero y el dirigente campesino José, Pepe, Ramírez.[5] 



[1] Según Ramón Pérez Cabrera (Op. Cit.), los hombres de Guevara se movían no solo en camiones, sino también en carretas tiradas por tractores y también a caballo. Guevara se trasladaba a lomos de un caballo. Además, la vanguardia de la columna se movía a bordo de un jeep. Señala también que varios invasores estaban en tan mal estado que tenían que ser llevados en las carretas y muchos estaban descalzos  
[2] Roberto Pérez Rivero. Ofensiva final rebelde; Campaña de Las Villas (II) #Cuba. Por Siempre. Agosto 28, 2015
[3] Roberto Pérez Rivero. Ofensiva final rebelde; Campaña de Las Villas (II) #Cuba. Por Siempre. Agosto 28, 2015
[4] Fidel Castro. De la Sierra Maestra a Santiago de Cuba. La Contraofensiva Estratégica
[5] Alejo Maldonado Gallardo. Historia de la revolución cubana. Editora Independientes. 2009