Contactar

miércoles, 25 de enero de 2017

Comentado sobre la resistencia en Cuba (Tercera Parte)

Liderazgo

Sin líderes no puede haber debate o lucha política. El liderazgo no se impone, se gana. Angel Villegas Cruz en un artículo de Maestría para la Universidad ICES señala acertadamente: “Un líder busca lograr un objetivo, y para ello necesita gente, y para que la gente lo siga los tiene que influenciar de alguna forma”. Primera condición del liderazgo: ejercer influencia “dentro o con respecto a un grupo y encaminado a una meta, sea cual sea esta[1]. El líder capaz de influenciar en la conducta de otros tiene que destacarse en primer lugar por sus actitudes personales, por sus actos y por sus propuestas. En la oposición cubana muchos se reportan como “líderes” y, no obstante, apenas son conocidos al interior del país. En el exterior se conocen sus proyectos y sus propuestas políticas pero estos proyectos y estas propuestas son prácticamente desconocidas entre la población de la isla; por tanto, no tienen influencia en la opinión pública, no generan voluntad política, o como lo define Hermann Heller[2], “juicios que sirven como armas para la lucha política o para conseguir prosélitos políticos”. 

Para el ejercicio del liderazgo se requiere pasión, inteligencia o, si se quiere, astucia, talento oratorio o expresión clara, confianza en sí mismo, y en sus propuestas, fuerza de voluntad, y disciplina. El líder ha de mostrarse como idealista y emotivo y ser capaz de captar lo que preocupa principalmente a la población actuando como vocero de esas preocupaciones y como conductor de las aspiraciones populares. “El liderazgo se manifiesta de diversas formas ─ asegura Villegas Cruz ─, pero la más notoria es por el número de seguidores que mueven a otros hacia sus postulados”. Sin captar la atención nacional, sin ganar prosélitos para las filas opositoras, ningún proyecto político que se elabore puede recibir el necesario impulso. La influencia sobre el colectivo es la marca del liderazgo y al igual que este no se impone, sino que se tiene que ganar, así la influencia no es don divino, sino que tiene que ser ganada en la opinión pública. Una definición del liderazgo político lo ofrece la Biblioteca Católica Digital, diciendo que, por liderazgo político se entiende “el conjunto de actividades, relaciones y comunicaciones interpersonales, que permiten a un ciudadano movilizar personas (…) de manera voluntaria y consciente, para que logren objetivos socialmente útiles”. Por otra parte, Santiago Delgado Fernández señala que “sólo existe liderazgo cuando alguien es capaz de focalizar las expectativas del grupo o, de fijar unas metas hasta ese momento poco definidas[3]. Es decir, bajo ambos criterios, se trata de la capacidad de influir.

Una tarea de todo modo imprescindible de la oposición en medio de la lucha noviolenta es ganarse la opinión pública. Porque como bien expone Heller[4]la enorme importancia de la opinión pública consiste en que, en virtud de su aprobación o desaprobación, asegura aquellas reglas convencionales que son la base de la conexión social y de la unidad estatal”. Ahora bien, como esa expresión busca siempre causar impresión, combatir o ganar, todos (los medios por los cuales se exprese) se hallan sometidos a las leyes de la agitación, de la lucha y del engaño”.

Ganar la opinión pública nacional para asegurar la aprobación de las propuestas opositoras y el rechazo a los postulados del poder gubernamental. En la batalla por la conquista de la opinión pública no se puede perder de vista que el gobierno cuenta con poderosos recursos para influir en la opinión pública sin escatimar en recursos de agitación política y de engaño. Esta es la primera gran batalla que deberá ganar la oposición, su gran prueba de fuego, donde se han de poner en tensión todas las capacidades de los activistas opositores y del concurso del imprescindible Movimiento de Apoyo Cívico. Ganar la opinión pública firme y permanente, por cuanto es opinión de voluntad racional, es asegurar el liderazgo.

Citaré lo que Hermann Heller[5] considera como opinión pública:

La opinión pública, tal como nosotros la entendemos, es opinión de voluntad política en forma racional, por lo cual no se agota nunca en la primera imitación y el contagio psicológico colectivo. (…) Esta opinión pública relativamente firme y permanente ha de diferenciarse de la fluctuante opinión política de cada día. Sólo la opinión pública firme posee, en su juicio, cierto carácter unitario y constante, frente a lo cual la fluctuante opinión de cada día es considerada, en la mayoría de los casos acertadamente, como veleidosa, crédula y contradictoria. Sin embargo, no puede negarse que las fronteras entre ambos estados de agregación son, en la realidad, imprecisas.

No obstante, Heller hace una aclaración que no puede perderse de vista a la hora de luchar por ganar la opinión pública, la influencia de los juicios y prejuicios afirmados dentro de la conciencia social:

Los juicios y prejuicios que han cobrado firmeza constituyen, de ordinario, la base de las opiniones de cada día y éstas, a su vez renuevan y transforman las firmes opiniones de voluntad

En el caso particular de la lucha contra la dictadura totalitaria de Cuba hay que tener en cuenta los juicios derrotistas que se presentan dentro de gran parte de la población, tales como el decir, “ellos se hicieron del poder por las armas y solo pueden ser expulsados por las armas”; “todos los grupos opositores están penetrados por la seguridad del Estado”; “la única solución es la emigración”; “no me interesa la política”; etc. A propósito, es bueno reproducir la opinión de Stephen Zunes[6] referente a las ventajas que proporciona la acción no violenta en contraposición a las de la opción armada. Señala Zunes que un “efecto de los movimientos no armados es que aumentan la probabilidad de deserciones y promueven la falta de cooperación de oficiales desmotivados de las fuerzas militares y de la policía, mientras que las revueltas armadas legitiman el poder de coacción del gobierno, lo que refuerza su auto percepción como protector de la sociedad civil. El poder moral de la no violencia es sumamente importante para la capacidad del movimiento de oposición de generar un nuevo contexto en la percepción de los segmentos claves de la población -- público general, élites políticas y militares –que incluso no tienen ningún reparo en apoyar el uso de la violencia en contra de insurrecciones violentas”.

De acuerdo con Gene Sharp, ser líder “significa ser portavoz, ofrecer, organizar, e implementar soluciones. Puede haber un liderazgo ejercido por un grupo o comité, puede ser individual o una combinación de éstos[7].

El liderazgo que debe buscar la oposición ha de ser, en lo fundamental, un liderazgo orgánico. La organización opositora actuando como conductora de todo el movimiento de lucha noviolenta, influyendo en la opinión nacional con argumentos movilizadores, con propuestas que den respuestas a las inquietudes de la población, y al mismo tiempo colocando en posiciones de dirección a activistas con actitudes de liderazgo. Liderazgo vertical y liderazgo horizontal en rechazo a la tentación de entregar toda la conducción de la lucha en manos de un máximo líder carismático y mesiánico. El fundamento del liderazgo horizontal se encuentra en la especialización de tareas tales como la actividad sindical, el trabajo entre la juventud y los estudiantes y el movimiento campesino.


[1] Northouse, P. G. (2001): Leadership. Theory and Practice, 2ª Ed. Sage Publications, Inc. Thousand Oaks, London, New Delhi. Cit. por Santiago Delgado Fernández. SOBRE EL CONCEPTO Y EL ESTUDIO DEL LIDERAZGO POLÍTICO. Universidad de Granada, Psicología Política, Nº 29, 2004, 7-29
[2] Hermann Heller, Teoría del Estado, México, Fondo de Cultura Económica, 1982
[3] Santiago Delgado Fernández. SOBRE EL CONCEPTO Y EL ESTUDIO DEL LIDERAZGO POLÍTICO. Universidad de Granada, Psicología Política, Nº 29, 2004, 7-29
[4] Hermann Heller. Op. Cit.
[5] Hermann Heller. Op. Cit.
[6] Stephen Zunes. El poder de los movimientos populares no violentos
[7] Gene Sharp. Cómo Funciona la Lucha Noviolenta. Obra condensada de The Politics of Nonviolent Action. The Albert Einstein Institution, 2014   

Comentado sobre la resistencia en Cuba (Segunda Parte)


Paralelamente a la labor de activismo la oposición deberá ser capaz de dar cuerpo a un movimiento de apoyo cívico de bajo nivel que pudiera denominarse Comité de Apoyo Cívico[1], pero fundamental en apoyo y colaboración, integrado con ciudadanos que, aunque simpatizantes con el movimiento opositor no estén dispuestos a participar en un activismo abierto. La idea de fundar un tal Comité de Apoyo Cívico sería una respuesta a la interrogante planteada por Gene Sharp, “¿Cuál es la posición de terceras personas no inmediatamente involucradas en el conflicto que están ayudando, o podrían ayudar, bien a la dictadura, bien al movimiento democrático y cómo podrían hacerlo?[2]

En toda sociedad humana existe una “mayoría silenciosa”[3] y hacia esa mayoría hay que dirigir el esfuerzo primordial buscando su colaboración y participación; volvemos aquí al Arte de la Guerra de Sun Tsu: “Cuando hay entusiasmo, convicción, orden, organización, recursos, compromiso de los soldados (en este caso, de los activistas), tienes la fuerza del ímpetu, y el tímido es valeroso. Así es posible asignar a los soldados (a los activistas) por sus capacidades, habilidades y encomendarle deberes y responsabilidades adecuadas. El valiente puede luchar, el cuidadoso puede hacer de centinela, y el inteligente puede estudiar, analizar y comunicar. Cada cual es útil”.

El Comité de Apoyo Cívico es pues el “soldado cuidadoso” de Sun Tsu, el centinela, el colaborador que observa y cumple tareas de manera discreta pero efectiva. No perdamos de vista que la fortaleza de un partido o de una organización política no está en el número de afiliados con que cuente sino en su capacidad de convocatoria y de movilización. He ahí la meta a alcanzar mediante la constitución de un Comité de Apoyo Cívico que será, en definitiva, la polarización de la sociedad en dos campos bien delimitados: el pueblo y el Estado totalitario al que, ajustado al criterio de Ernesto Laclau, “siempre hay que construir como enemigo”. Es sumamente importante sumar al movimiento de acción noviolenta cuantos voluntarios ─ actuando como agentes pasivos o como activistas ─, sean captados para impulsar, desde las profundidades, las campañas propuestas. Así lo entienden Srdja Popovic, Andrej Milivojevic y Slobodan Djinovic, al decir que, “los voluntarios son cruciales para un movimiento fuerte. Desarrollar una base de afiliados pasivos y activos es esencial para el éxito de cualquier campaña a largo plazo[4]. El Comité de Apoyo Cívico, no es trabajo fundado sobre la improvisación; debe ser una sistemática labor de inteligencia, no solo entendida esta como la capacidad de pensar, entender, razonar, asimilar, elaborar información y emplear el uso de la lógica, sino también como la capacidad de obtener y recolectar información político-estratégica para conocer, analizar y comprender el entorno y, en consecuencia, permitir la elaboración de los procedimientos más adecuados para alcanzar los objetivos políticos propuestos. Se trata en este caso, de la inteligencia como servicio para la toma de decisiones basadas en el análisis reflexivo acerca de las capacidades, vulnerabilidades e intenciones de los enemigos políticos y de los posibles aliados.   

Esta es una fase más de la táctica de la noviolencia, su fase conspirativa y secreta, y complementaria de su fase abierta del trabajo político y de agitación política de activistas a cara descubierta. Se debe tener en mente, tal como se expone en el manual Inteligencia de Combate de la Escuela de las Américas, que el “éxito o fracaso de una insurrección (o de un movimiento de lucha noviolenta, agrego) depende substancialmente de la actitud de la población. Se debe evaluar cuidadosamente el posible efecto que cualquier acción surta en la población…” En este sentido, el posible Comité de Apoyo Cívico es un elemento de primera línea recogiendo las opiniones que se plantean dentro de su entorno social sobre las propuestas o el accionar que haya acometido el movimiento opositor.

Dos tareas elementales, la de proselitismo o reclutamiento, para crecer en número, y la labor de captación de simpatizantes y colaboradores. Siempre, dentro de estos últimos, existen aquellos que, en la propia terminología de la inteligencia castrista, son los llamados “Persona de interés”. Sin embargo, este término debe dejarse bien definido en cuánto a su encuadre dentro de la lucha noviolenta política. No se trata de una labor de espionaje, dirigida a la búsqueda de información estratégico militar, como es lo común entre las agencias de inteligencia, sino de una relación de colaboración y de influencia para la elaboración de un estado de opinión entre profesores universitarios, estudiantes, intelectuales, periodistas y artistas. Así, la oposición debe saber distinguir quienes son amigos, quienes, aliados, bien circunstanciales o bien estratégicos, y quienes son enemigos. Aún entre las propias filas del Partido de gobierno se pueden captar colaboradores; siempre han existido esos colaboradores con la oposición.

La oposición frente al régimen castrista debe entender que la resistencia noviolenta es la realización de la guerra por medios pacíficos. Tal como afirma Fernando Mires, “la política está más cerca de lo militar que de lo económico” y agrega: “No vamos a citar ni a Maquiavelo, ni a Hobbes, ni a Clausewitz ni a Carl Schmitt para reafirmar esa idea base. La política nació de la guerra y por lo mismo encierra en sí una lógica que si bien no es militar en sí, viene de lo militar. Esa lógica nos dice que en la política como en la guerra hay antagonismos y luego hay enemigos[5]. Hay una cita de Mao Zedong que pareciera converger con estos criterios y subsiste en la mente de muchos revolucionarios y de aquellos que pretenden enfrentarse a un régimen dictatorial: “la política ─ anotó Mao ─ es una guerra sin derramamiento de sangre, mientras que la guerra es política con derramamiento de sangre. Somos defensores de la abolición de la guerra, no queremos guerra; pero la guerra sólo puede abolirse con guerra, para deshacerse de las armas, es necesario tomarlas”. Esta es la prédica de la violencia que en consecuencia genera más violencia, impone sufrimiento, genera pérdidas inútiles de vida entre las personas no comprometida con la guerra y, junto a esto, en una guerra civil los daños que genera son cuantiosos en vidas, y hacienda. Las armas pueden ser derrotadas mediante la lucha noviolenta ejecutada con astucia, inteligencia y disciplina y los daños, comparados con los de una acción militar son significativamente mucho menores.

Srdja Popovic y colaboradores[6] citan un estudio realizado en 2005 por Adrian Karatnyccky y Peter Ackerman de Freedom House, titulado ‘Cómo se gana la libertad: De la Resistencia Civil a la Democracia Duradera’. “En este estudio, se afirma que, en 50 de las 67 transiciones a la democracia durante los últimos 33 años, la resistencia civil no violenta fue un factor fundamental. Además, cuando los movimientos opositores utilizaron la resistencia no violenta, la transición arrojó resultados de mayor libertad y justicia para las sociedades en cuestión; mientras que los movimientos opositores que recurrieron a la violencia para lograr la transición, redujeron grandemente las posibilidades de construir democracias sostenibles”. Esta es la diferencia entre los partisanos armados y el partisano de la noviolencia, la diferencia existente entre democracias no sostenibles y una democracia firme.

Empero, el activista de la lucha noviolenta es tratado por el Poder como un luchador ilegal y hasta clandestino, aunque se manifieste públicamente, sin ocultamiento de identidad, por tanto, él es un partisano en combate irregular, un guerrillero urbano que no recurre al sabotaje o a la violencia. El partisano noviolento, el activista y agitador político colocado en la ilegalización, tiene como misión, impulsar a su favor la guerra civil de carácter frío; un estado de agitación política dirigido hacia el derrocamiento del poder totalitario. En la resistencia pacífica se mezcla en una misma unidad el principio táctico de guerrilla y de política. El guerrillero armado requiere del apoyo de una organización de carácter regular que le suministre recursos económicos y tácticos. El guerrillero noviolento requiere, del mismo modo, una organización de apoyo, diferente a su organización política perseguida y acosada por las fuerzas represivas, en este caso el hipotético Comité de Apoyo Cívico es su organización de sustento.



[1] Propongo este nombre de Comité en el sentido que en Argentina, El Salvador y Uruguay se da a esta acepción como el lugar donde se desarrollan actividades de información, de adoctrinamiento y de propaganda políticos.
[2] Gene Sharp. Op. Cit.
[3] Es como han expresado José Luis Fernández Casadevante y Nacho García Pedraza, ya citados: “Ante las prácticas de dominio y opresión siempre hay resistencia, aunque en muchos casos esta constituya un discurso oculto donde se articulan prácticas y exigencias que por temor a las represalias no pueden mostrarse abiertamente”.
[4] Srdja Popovic, Andrej Milivojevic y Slobodan Djinovic. Lucha no Violenta. Los 50 Puntos Cruciales. Center for Applied Non Violent Action and Strategies (CANVAS) Belgrado, Serbia, 2006
[5] Fernando Mires. La OTAN, la UE y la Política. Blog Polis, 15 de julio de 2016
[6] Srdja Popovic, Andrej Milivojevic, Slobodan Djinovic. La lucha noviolenta. Los 50 puntos cruciales. Un enfoque estratégico con tácticas cotidianas. Center for Applied Non Violent Action and Strategies (CANVAS) Belgrado, Serbia, 2006

martes, 24 de enero de 2017

Comentado sobre la resistencia en Cuba


I

 


Todo partido político representa una opción de gobierno. Los partidos se estructuran sobre un programa de propuestas afines a un sector de la población dentro del cual buscan sus adherentes. Alcanzar el poder es el objetivo final de todo partido político, empleando para ello una estrategia elaborada a tal propósito. Tengamos presente que la lucha política no es una aventura, sino un accionar consciente y decidido para alcanzar, en primer lugar, el poder político. Sin ese objetivo primario no se estará hablando de organización política sino, solo y nada más, de una organización de carácter civilista.

 

La oposición cubana debe organizarse políticamente, dejando de ser simples grupos contestatarios. No se trata solo de hacer resistencia al gobierno, sino que debe convertirse en fuerza de presión sobre el gobierno. Es necesario plantear el desafío político, el que como define Gene Sharp en De la Dictadura a la Democracia[1], es el medio idóneo para negarle al régimen el acceso a sus fuentes de poder fundadas en la cooperación, sumisión y obediencia de la población. La puesta en práctica de lucha noviolenta. Por tanto, la oposición debe dejar de ser expresión disidente para proponerse como una opción diferente de gobierno; como oposición con objetivos definidos.

 

Captar el apoyo de la población, inicialmente quizá, como apoyo silencioso, pero, posteriormente, como apoyo definido. Y este apoyo no se alcanza lanzando solo consignas que pudieran considerarse subversivas, como es gritar “¡Abajo Fidel!”, “¡Abajo Raúl!”, o “¡Abajo el comunismo!” que intimidan a la población ante el riesgo de la represión. Deben elaborarse consignas que pongan su atención en los problemas que enfrenta toda la sociedad, el salario, la alimentación, las condiciones de la asistencia médica, las deficiencias en la transportación pública, el suministro de agua, las condiciones habitacionales y muchas otras de igual corte, y siempre aclarando e instruyendo que toda esa problemática solo es posible superarla con la sustitución del régimen por un gobierno de carácter democrático y que ese gobierno  solo es posible con el triunfo de la oposición.

 

La oposición debe elaborar un programa mínimo de gobierno y hacerlo conocer por la población. Esto en un primer acercamiento.

 

Se debe estudiar y elaborar una estrategia de lucha fundada sobre las realidades nacionales y sobre la capacidad de movimiento y organización de la oposición. Lo ideal es alcanzar un consenso entre los diferentes grupos opositores en torno a una plataforma común que no necesariamente tenga que constituirse en un solo partido de toda la oposición. No obstante, si este ideal no es alcanzado, un grupo opositor debidamente organizado que cuente con líderes aptos podría asumir el desafío político por sí mismo.

Hemos hablado de desafío político dirigido a alcanzar el apoyo de la población para restarles fuerzas a la dictadura y debemos insistir en este tema, desafío político; pero este desafío tiene como base lo político y, por tanto, se debe pensar políticamente. Y la política es un conflicto entre posiciones diferentes de poder; es la lucha por desplazar al adversario y ocupar su posición, tal y como se organiza una batalla militar: ocupar posiciones, sostenerlas y finalmente integrarlas; o como definiera Carl Schmitt en “El Concepto de lo Político”, “la esencia de las relaciones políticas es el antagonismo concreto originado a partir de la posibilidad efectiva de lucha”. 

 

El tiempo de lo político se conjuga en presente. Es lo que, en el momento, hoy, se requiere. Y el plan de lo político se tiene que fundamentar sobre la realidad actual, valga decir, Realpolitik, que como afirma el politólogo Fernando Mires, significa “hacer política de y en la realidad”. Si se descuida lo real objetivo a favor de lo ideal subjetivo se termina en el fracaso de todo empeño. La política es una práctica que tiene lugar en el plano de la realidad concreta de acuerdo a la dimensión exacta de las diferencias entre fuerzas antagónicas en el marco de la lucha por el poder; esta es una definición correcta de lo que sería pensar políticamente. Por tanto, se debe imperativamente pensar políticamente.

 

Volvamos a Carl Schmitt para definir el enemigo en el plano político: “El enemigo político ─ nos instruye Schmitt ─ no tiene por qué ser moralmente malo; no tiene por qué ser estéticamente feo (…) Es simplemente el otro, el extraño, y le basta a su esencia el constituir algo distinto y diferente en un sentido existencial especialmente intenso de modo tal que, en un caso extremo, los conflictos con él se tornan posibles, siendo que estos conflictos no pueden ser resueltos por una normativa general establecida de antemano, ni por el arbitraje de un tercero ‘noinvolucrado’ y por lo tanto ‘imparcial’”. Esto nos conduce a dos propuestas de Gene Sharp: Primero, no depositar las esperanzas de liberación en salvadores extranjeros como “las Naciones Unidas, un país en particular o sanciones internacionales económicas y políticas”. Segundo, no dar mayor influencia al diálogo o a las negociaciones entre demócratas y dictadura. “El triunfo lo determina con más frecuencia, no la negociación de un arreglo, sino el uso acertado de los métodos de resistencia más apropiados y poderosos posibles”.

 

En todo actuar político frente a una dictadura es imprescindible evitar la improvisación; cada paso que se dé, debe ser previamente bien pensado. Esto exige que la organización opositora concentre la mayor parte de su actividad y recursos al trabajo en la organización interna y en la relación con su base social, es decir, como apuntan José Luis Fernández Casadevante y Nacho García Pedraza, “una dinámica que de forma oculta permite poner en marcha nuevas relaciones sociales (solución de problemas, identidades colectivas…) que si se extienden terminan teniendo grandes impactos sobre la realidad[2].

 

La oposición debe prepararse para alcanzar el poder ─ política, como precisa Weber, es “la intención de participar del poder” ─ y, por tanto, debe contar con líderes que posean cultura política. Es necesario estudiar sin dejar de actuar. Todo gobierno es un problema sumamente complejo y hay que estar preparados para tener la capacidad de enfrentar las complejidades del gobierno. Cuando esto se alcanza crece la confianza de los grandes grupos de la población en sus líderes.  

 

Llegar al poder, significa, restaurar la República; pero para instaurar la República hay que transformar, abatir las estructuras del Estado totalitario; significa una remodelación de todo el actual sistema legal. Remodelar el Poder Judicial y restablecer el Poder Legislativo transfiriendo el ejercicio de dictar las leyes al Congreso. Una tarea si se quiere titánica que debe enmarcarse dentro de específicas estructuras jurídicas. ¿Está la oposición cubana preparada para enfrentar estas transformaciones y gobernar al país? El talento y la cultura política que existe en el exilio puede ser de gran ayuda, pero no lo suficiente.

 

¿Partir de cero? No necesariamente. Primero, hay que rescatar la tradición legislativa y constitucional de la República y, para ello partir del reconocimiento de la Constitución de 1940 como el instrumento legitimador de la lucha política opositora y principio y guía para la formulación estatal. Proclamar el restablecimiento de la Constitución de 1940 tiene más fuerza política que proclamar el establecimiento de una Constitución que ni siquiera ha sido redactado el texto de su Proyecto ni recibido el consenso de la nación. Y tiene más fuerza porque, en primer lugar, ello significa retornar a la democracia republicana anterior al zarpazo del 10 de marzo de 1952. No es necesario legislar un nuevo documento constitucional, ni perder tiempo en programar una nueva Asamblea Constituyente, tiempo que se requerirá para las imprescindibles tareas que se requieren acometer para darle solución a los múltiples y complejos problemas que plantea el salto hacia la democracia. El mismo Sharp considera viable esta opinión cuando se refiere al Trabajo Preliminar para una Democracia Duradera (Capítulo Diez) señalando: “Si una constitución (…) hubiera existido antes en la historia del país recién liberado, sería deseable reimplantarla modificándola apenas en lo que fuere necesario y deseable[3].

 

Segundo, poner en vigor las leyes elaboradas en el país y que estaban vigentes antes del 10 de marzo de 1952. Código Civil, Código del Comercio, Código de Defensa Social (Derecho Penal); Leyes complementarias de la Constitución: Ley No. 13 de diciembre 23, 1948 (Creadora del Banco Nacional de Cuba), Ley 14 del 20 de diciembre de 1950 (Tribunal de Cuentas). Además, el Decreto Nº 2059, de 6 de octubre de 1933, publicado en la Gaceta Oficial el 9 de octubre de 1933 que declaraba la autonomía universitaria y el Decreto 798 de abril de 1938, que funcionaba como un Código del Trabajo, referente a la contratación laboral, reglamentación sobre la terminación de la relación laboral, y la obligación de confeccionar un expediente para los despidos.

 

Toda la producción legislativa, bastante extensa de la República no se ha perdido. En universidades estadounidenses se encuentran útiles libros al respecto que recogen en sus páginas el texto de muchas importantes leyes; así también en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos pueden encontrarse muchos de los números de la Gaceta Oficial de Cuba. Consejos útiles para la reforma del Poder Ejecutivo se pueden encontrar en ensayos redactados por Alberto Luzárraga (“Reflexiones sobre un futuro Poder Judicial en Cuba” y “El Tribunal Constitucional: Elemento esencial de una Cuba Libre y Democrática. El Cómo y el Por Qué”).

 

La lucha contra la dictadura basada en la confrontación por medio de la noviolencia requiere, primero un núcleo dirigente con líderes políticamente preparados, que cuenten con asesores jurídicos y con activistas disciplinados que sepan vincularse con la población y estén capacitados para actuar como efectivos agitadores políticos. Pero el agitador político, en las condiciones de lucha noviolenta, no es el que perturba los ánimos para promover acciones violentas. El agitador político debe ser un activista bien preparado y disciplinado, capaz de poner de manifiesto el carácter tiránico del sistema, argumenta y exhorta a huelgas, protestas, movilizaciones o acciones de desobediencia civil y de lucha; su función es exaltar los ánimos de las personas para inducirlas a la acción y producir un sacudimiento social, es decir impulsar el desafío político masivo.  

 

Alcanzar un nivel alto de organización política requiere constancia en el trabajo, inteligencia, decisión y sobre todo no actuar precipitadamente y a la vez no perder el tiempo. Una dictadura de más de cinco décadas no se abate en semanas, primero hay que estructurar la fuerza opositora, con paciencia y con astucia y sin perder de vista que siempre dentro de sus filas habrá infiltrado algún provocador de la policía política. Es importante tener en cuenta la recomendación de Sun Tsu en El Arte de la Guerra que resulta equivalente al concepto de estrategia política de resistencia o de lucha noviolenta: “Con una evaluación cuidadosa (de las condiciones), uno puede vencer; sin ella, no puede. Mucho menos oportunidad de victoria tendrá aquel que no realiza cálculos en absoluto”.

 

Este es pues, el dirigente opositor actuando políticamente, desplegando las cualidades que según Max Weber son “las decisivamente importantes para el político: pasión, sentido de la responsabilidad y mesura”. Pasión, puesta al servicio de la causa que anima, la del conflicto entre el pueblo y el no-pueblo, entre el pueblo y la cúpula del poder, para que sea “la estrella que oriente la acción”; acción conducida por la mesura, que es, para decirlo con palabras de Weber, “la cualidad psicológica decisiva para el político”; es decir, la “capacidad para dejar que la realidad actúe sobre uno sin perder el recogimiento y la tranquilidad, es decir, para guardar la distancia con los hombres y las cosas”. Esto simplemente es saber situarse en el momento político y poder decidir lo que Schmitt denominó “posibilidad efectiva de lucha”, y sin perder de vista los axiomas de Sun Tsu: “Si conoces a los demás y te conoces a ti mismo, ni en cien batallas correrás peligro; si no conoces a los demás, pero te conoces a ti mismo, perderás una batalla y ganarás otra; si no conoces a los demás ni te conoces a ti mismo, correrás peligro en cada batalla”. Conocerse a sí mismo, a la organización que impulsa la acción para el cambio, es conocer sus Debilidades, qué se está haciendo mal, qué se debe evitar, qué se puede mejorar; las Amenazas que debe enfrentar, obstáculos, acción del oponente, la Fortaleza que se posee en adhesiones, recursos y apoyos, y las Oportunidades de las que dispone el movimiento de cara a la campaña que esté planeando.



[1] Gene Sharp. De la Dictadura a la Democracia. The Albert Einstein Institution
[2] José Luis Fernández Casadevante y Nacho García Pedraza. Manual para las formaciones en Noviolencia y Transformación Social. International Institute for Nonviolent Action. Diciembre 2013. 2ª edición.
[3] Gene Sharp. Op. Cit.

jueves, 22 de diciembre de 2016

El tonto que, por casualidad, ganó el gobierno de un imperio

Mario J. Viera


Dicen algunos, de los que tienen conocimiento historiográfico, que la Historia es caprichosa, un poco loca y que, en ocasiones, sus obras no tienen sentido, al menos en el aspecto lógico. Pero la Historia no es una deidad que apriorísticamente determina el curso de la vida de los pueblos, sino, son sus hechos los que muestran los caminos a seguir o los que hay que evitar, porque ella es solo memoria ancestral de los pueblos, experiencia a posteriori de los hechos llamados, valga la redundancia, “históricos”.

Pero si algo hay que decir de la Historia, si la concebimos como deidad, es que muchas de sus obras resultan paradójicas. Si, toda la historia de la humanidad está cargada de paradojas. Y una de estas paradojas fue aquel antojo “histórico” de elegir, para encabezar a una poderosa nación, a un tonto, o al menos a alguien ignorante de las lides políticas y del arte de la guerra. Un pobre tonto del que todos hacían burlas, por sus maneras de hablar, a menudo balbuciente, su tendencia a cojear.

Cuánto habría sufrido en su autoestima aquel pobre hombre, pobre por sus condiciones personales a la vista de todos los que le conocían, si hasta su propia madre, según un chismoso histórico, “le llamaba sombra de hombre, infame aborto de la Naturaleza; y cuando quería hablar de un imbécil, decía: Es más estúpido que mi hijo...” Y ese mismo chismoso nos cuenta que aquel hombre, desde su juventud “se vio obligado a luchar con diferentes y obstinadas enfermedades; y quedó con ellas tan débil de cuerpo y de espíritu que ni siquiera en edad más avanzada se le consideró apto para cualquier cargo público, ni tampoco para ningún negocio particular”. Y, lo que es peor, y aquí está la paradoja, por casualidad ascendió al gobierno. Y casualmente, como se cuenta que entre sus muchos defectos, aquel que todos veían como si fuera excremento humano, estaba el de ser un cobarde y por serlo, la casualidad hizo que le encumbraran al máximo cargo de la nación. Y así comenzaba una fábula real, que ya el propio Esopo hubiera envidiado haberla escrito. Algo así como: “Se encontraban reunidos los animales en un festejo para nombrar a un nuevo rey que sucediese al león, que había sido presa de los cazadores...”.

Este estrafalario personaje histórico respondía al nombre de Tiberio Claudio César Augusto Germánico, de la dinastía Julio-Claudia, pero más conocido solo por su nombre Claudio. Su sobrino Cayo Julio César Augusto Germánico, más conocido por Calígula gobernaba como emperador del Imperio Romano; pero Calígula regía despiadadamente actuando como loco que hasta el filósofo Séneca creyó ver en sus “ojos torvos y emboscados bajo una arrugada frente…” claras señales de insania. Calígula se ganó el odio de muchos y entre esos muchos se organizaron conspiraciones con la intención de asesinarle. Algunas fracasaron, pero la última, dirigida por el tribuno militar de la Guardia Pretoriana Casio Querea lograría su propósito. Casio un soldado a toda prueba odiaba al emperador y ¿cómo no hacerlo si aquel joven enloquecido siempre le trataba con fiero desprecio y crueles burlas? Casio Querea, era un hombre en la edad madura (45 años de edad) de robusta complexión que contrastaba con su voz atiplada, se dice que debido a una herida que había recibido en sus genitales.

 Y Calígula se burlaba del aparente afeminamiento de Casio, diciéndole, unas veces, Príapo, otras, le denominaba Venus o lo acusaba de blando y afeminado. Pero no todo el mundo soporta las burlas de los poderosos y el escarnio es guardado dentro del pecho hasta un día en que la furia estalla. El 24 de enero del 41, Casio daría el golpe fulminante. El mismo se ofreció, al resto de los conspiradores para ser el primero en herir a aquel joven y enfatuado emperador. Calígula, según cuenta ese que denominé chismoso histórico, Suetonio, recibió hasta treinta heridas de espada incluso en sus genitales y Josefo informaría que el centurión Aquila le daría la estocada final. Se armó entonces la grande, y el normal corre-corre. Stephen Dando-Collins (La maldición de los césares) reconstruyendo los hechos nos dice que Arruncio Escriboniano un senador que acompañaba a Calígula salió corriendo a dar aviso a la guardia germana, “vociferando que se estaba produciendo un asesinato”; como los guardias germanos recibían buena paga de Calígula decidieron cobrarse venganza. “corrieron en dirección al palacio de Calígula, blandiendo sus espadas y profiriendo duras imprecaciones en su lengua nativa”.

Cuando todo el alboroto llegó hasta Claudio este de inmediato corrió a esconderse tras unas cortinas temiendo por su vida. Pobre de él, sudaba y temblaba orando a los dioses. Entonces los guardias germanos vieron llegaron hasta donde se ocultaba Claudio y el soldado Grato fue quien primero le encontrara. “Mientras los barbados camaradas del soldado Grato ─ expone Stephen Dando-Collins ─ se congregaban alrededor de Claudio, observándole con evidentes muestras de incredulidad, Claudio que, seguía arrastrándose sobre las rodillas de manera harto humillante, estaba convencido de que pensaban matarle, por creer que algunos de aquellos guardias germanos habían asesinado a Calígula. Ahora bien, cuando cayó en la cuenta de que buscaban vengar la muerte de su sobrino, les suplicó que le perdonasen la vida, jurándoles que no tenía la menor idea de quién podía haber asesinado al emperador”. Sin embargo, Grato le sonrió amablemente, le tomó de la mano, le hizo incorporar y le tranquilizó diciéndole: “Deje de preocuparse por salvar la vida, mi señor. Ahora debe pensar en cosas más elevadas, debe pensar en cómo gobernar un imperio. Un imperio que los dioses, preocupados por la suerte del mundo habitado, han puesto en sus manos virtuosas luego de eliminar a Cayo [Calígula]. De modo que venga con nosotros y acepte el trono que por su estirpe le pertenece” (Dando-Collins).

Así, la guardia germana y la pretoriana llevándole en andas hasta el Senado le proclamaron imperator. El gran favor recibido lo compensó luego Claudio con un buen aporte pecuniario a aquellos que ahora serían sus fieles servidores. Más tarde, hizo aprehender a Casio Querea condenándole a la muerte por haber asesinado a Calígula por inquina personal. Quizá todos pensaron que para sustituir al león asesinado habían elegido a un mono; pero el mono resultó tener la astucia de la zorra.

Aquel hombre que ya contaba con 64 años de edad, torpe al hablar y al caminar, que nadie en su poderosa familia le consideraba útil para algún puesto público, despreciado tanto por su madre como por su abuela, que era la burla en la corte de Calígula y que entre sus deficiencias estaba la de darse al alcohol, resultó ser un eficiente administrador de los recursos públicos que como señala Araceli Rego en su blog, mandó secar el Lago Fucino, con el objeto de transformar el terreno en tierra cultivable, y para que el río cercano al lago fuese navegable todo el año, y un verdadero estratega militar que amplió las fronteras del imperio con la conquista de Britania, la anexión de Mauritania y los territorios orientales de Licia, Panfilia, Judea y Tracia, y que fue amado por el pueblo de Roma.


Bromas que ofrece la Historia. Una fábula real cuya moraleja es simple: Nunca juzgues a un ser humano por su apariencia externa, porque muchas veces, tras sus torpezas físicas puede esconderse una mente brillante.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

PARA MI AMADA ETERNA

Mario J. Viera


¡Cuántas veces te vi parada a mi lado! Busque con mis ojos tu rostro, pero tu gélida mirada me rechazaba. Te alejabas de mí con tu sonrisa triste, como diciéndome: “¡Será algún día!”

No te busco, ni te fuerzo a tomarme entre tus brazos, porque sé que, en un día cualquiera, de un cualquier año, vendrás a buscarme. Tu pálido rostro se volverá hacia mí y tus fríos brazos me acogerán... y disfrutaré de tu entrega y serás mía como yo estoy destinado, inexorablemente, a ser tuyo.

Es hermosa mi amada, aunque otros no la vean como yo la contemplo. Ella es dulce y tranquila, aunque otros la crean amarga y cruel.

Fuerza en ella, mi amada, hay... e inspira temor, el temor de lo inevitable, de lo que tiene que ocurrir, porque tiene que ocurrir...

Y recorres el mundo incansablemente visitando, tanto al palacio suntuoso del potentado como a la choza del pobre mendigo. Tu nos miras a todos como iguales y a todos igualas, al valiente y al cobarde, al sabio y al ignorante, al pobre y al rico... ¡No reconoces clases ni privilegios!

Los años pasan y mis días se acortan y yo te espero, sin anhelo, sin apuros, sabiendo que ya no estás muy distante, conociendo que ya estás próxima... Y ha de llegar el momento, cuando me digas, con un beso tuyo: “¡Ya es la hora... Acompáñame!” Entonces yo me volveré olvido, mi nombre apenas se pronunciará, pero tú me conducirás por las sendas del reencuentro, donde me aguardan aquellos que fueron tan queridos por mí...


Te abrazarás a mí, amada eterna, te unirás a mi cuerpo con fruición lujuriosa y te llevarás mi calor en tanto yo comparto tu frialdad y nos disipemos en un orgasmo de eternidad... ¡Cuán hermosa eres, mi amada eterna, oh, amada Muerte! 

martes, 15 de noviembre de 2016

La Verdad

Mario J. Viera


¿Qué es la verdad? Muchas veces me lo pregunto e intento buscarla en el intrincado bosque de mi propia psicología... Creo en ocasiones haberla encontrado y, no obstante, cuando la miro de frente se me muestra indefinida o cubierta con ropas prestadas que ocultan lo que en ella es cierto. Y no encuentro la verdad en toda su desnudez. “La verdad desnuda”, así la presentan algunos para asegurar que no mienten, que lo que afirman es lo rigurosamente creíble y te muestran y me muestran datos, todos confiables, estadísticas fundadas en un dos por ciento de error... pero si hay, aunque solo sea una fracción de error, como se puede aceptar esa verdad estadística.

La verdad solo es posible en las matemáticas y no obstante, en sus proposiciones también queda espacio para lo absurdo. ¿Cuántos espacios separan al 1 del 2? La simple verdad constata que solo hay un espacio entre el 1 y el 2 y, al mismo tiempo, se niega, porque siempre habrá un número mayor que uno y menor que dos y jamás podrá alcanzarse el 2 partiendo del 1: 1.0, 1.001... 1,1, 1,2, 1,3..., hasta el inalcanzable infinito... lo que no se conoce, lo inabarcable...

La verdad es lo que tú o yo o aquel creemos y, sin embargo, lo que yo creo ser verdad tú no lo vez de igual modo; y aquel niega lo que tú y yo creemos y tú y yo no creemos lo que aquel cree. Y así nos complica la vida Aristóteles cuando argumentó: “Decir de lo que es que no es, o de lo que no es que es, es lo falso; decir de lo que es que es, y de lo que no es que no es, es lo verdadero”. Pregunto y mantengo mi duda: ¿Y qué es lo que es, y qué es lo que no es? Si yo creo que algo es, es solo mi apreciación, porque tú puedes creer que lo que para mí es, a la luz de tu experiencia, es lo que no es.

A la verdad se llega por la razón... No, se llega por la experiencia sensible... Los que opinan la tesis primera son los racionalistas... Los que opinan según la segunda tesis son los empiristas, pero racionalistas y empiristas no se ponen de acuerdo, ni llegan a las mismas conclusiones sobre qué es verdad...

Verdad es que se nace; verdad es que se muere. La muerte es una verdad inobjetable, pero también hay quienes no ven en la muerte una realidad tangible y, cierta, sino como una parte inacabada de la existencia y se cree entonces en la verdad trascendental que niega la muerte como fin del todo, porque la vida, la cierta, la verdadera, trasciende. Esta una verdad indemostrable y solo es verdad en nuestra conciencia y en nuestro inacabable deseo de eternidad... La verdad se escurre dentro de nuestras ilusiones, y creemos encontrarla en lo profundo de nuestra psiquis, en nuestra voz interior. “¿Qué es la verdad? ─ se interrogó Mahatma Gandhi ─ Pregunta difícil, pero la he resuelto en lo que a mi concierne diciendo que es lo que te dice tu voz interior”, y lo reafirma Agustín de Hipona, diciendo: “No vayas fuera, vuelve a ti mismo. En el hombre interior habita la verdad”.

Verdad es lo que está aprobado por la costumbre, pero ¿acaso la costumbre no pudiera estar fundada sobre lo equivocado...?


Pilatos cuando enjuiciaba al galileo preguntó sin recibir respuesta: “¿Y qué es la verdad?” ¿Por qué habría de creer a aquel que a sí mismo se proclamaba ser la Verdad?

Una verdad es cierta y es que, toda la verdad en este mundo, siempre será una verdad relativa...Rechaza lo que aparentemente es imposible y quizá estés en la verdad. Arthur Conan Doyle así lo creía: “Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad”; sin embargo, lo que antes se consideraba imposible después se descubrió que sería posible, ¿Acaso, entonces, la verdad no siempre es verdad? Y Goethe vio como la verdad es, en ocasiones, desvirtuada por los mismos que la buscan y dijo: “Si los hombres, una vez que han hallado la verdad, no volviesen a retorcerla, me daría por satisfecho”.

Verdad y mentira todo mezclado; ¿Acaso en toda verdad no se oculta alguna falsedad? Y Cicerón el hábil orador y político de la época de agonía de la República de Roma hizo la siguiente advertencia: “La falsedad está tan cercana a la verdad, que el hombre prudente no debe situarse en un terreno resbaladizo”.


Cuando pensamos que hemos llegado a la verdad nunca faltará otro que con fuertes argumentos y razones creíbles nos hagan dudar de la verdad que habíamos advertido, en fin, la verdad es lo creíble, aunque no siempre lo que es creíble sea cierto. Entonces, ¿qué es la verdad?

sábado, 12 de noviembre de 2016

Teoría de la estupidez de Carlo Maria Cipolla

Tomado de Vigilia pretium libertatis y otras fuentes.



Carlo Maria Cipolla (1922 - 2000) fue un historiador económico italiano. Cipolla exploró el controvertido tema de la estupidez formulando su famosa Teoría de la Estupidez, expresada por primera vez en su ingenioso panfleto de 1988 titulado Allegro ma non troppo. En este escrito Cipolla desarrolla una visión de la gente estúpida como un grupo más poderoso que grandes organizaciones como la Mafia, el Complejo Militar Industrial (MIC), o la Internacional Comunista. El grupo de los estúpidos, sin reglamentaciones, líderes o manifiestos, consigue ejercer un gran efecto con una coordinación increíble.

En el mismo libro pueden encontrarse las leyes fundamentales de la estupidez:

Primera: Siempre e inevitablemente cualquiera de nosotros subestima el número de individuos estúpidos en circulación.

Podemos pensar que hay muchos estúpidos. Podemos pensar que nos acechan. Pero siempre fallaremos en el cálculo de su cantidad por dos razones: la primera, gente que en algún momento considerábamos inteligente, nos sorprende con su estulticia; la segunda: el estúpido aparece por sorpresa en los momentos y lugares más inesperados. Podemos confiarnos y bajar la guardia, pero el estúpido, tarde o temprano aparecerá ahí. Como es imposible saber la proporción exacta de estúpidos en una población, a ese número lo identificaremos con el símbolo Å.

Segunda: La probabilidad de que una persona dada sea estúpida es independiente de cualquier otra característica propia de dicha persona.

La evidencia científica apunta a que todos los hombres tenemos en conjunto las mismas capacidades. Sin embargo, Cipolla piensa que no. Cipolla defiende que hay hombres que nacen irremediablemente estúpidos. La estupidez connatural no entiende de clase social, raza, nivel educativo ni de ningún otro factor. No caben por tanto discriminaciones en función de la estupidez. La estupidez, como el cagar, es la cosa más democrática que hay.

De la misma forma que la naturaleza hace que nazcan más varones que mujeres con independencia de latitud, medios y tamaño de la población. La proporción Å permanece constante en todas partes y bajo cualquier circunstancia. Å se observa en una población y en cualquier muestra o subconjunto de esa población. Å aficionados del Betis son estúpidos, Å receptores del premio Nobel también lo son. Esta Segunda Ley es ley de hierro y no admite excepciones. Siempre habrá una cantidad Å de gente estúpida y esa cantidad, de acuerdo a la Primera Ley, siempre la subestimaremos.

Tercera: Una persona es estúpida si causa daño a otras personas o grupo de personas sin obtener ella ganancia personal alguna, o, incluso peor, provocándose daño a sí misma en el proceso.

Las ganancias o pérdidas derivadas de nuestros intercambios resultan en un cuadrante donde se ubican cuatro tipos de personas: incauto, inteligente, estúpido y malvado.

Gráfica 1


Inteligente es quien obtiene ganancia propia y proporciona ganancia a los demás. Malvado es quien obtiene ganancia a costa de las pérdidas de otros. Incauto es quien pierde proporcionando ganancia a otros. Y estúpido es quien pierde y hace perder a los demás.

Es normal que a una persona mentalmente equilibrada le cueste comprender al estúpido. Puedes entender la lógica del inteligente. Puedes entender la lógica del malvado (un malvado persigue un beneficio sin escrúpulos). También puedes entender al incauto: sus acciones le hacen perder y otros ganan. Frente al malvado es posible levantar defensas: puedes prever por dónde te va a atacar. Frente al estúpido no hay defensas que valgan: sus acciones no buscan el beneficio propio. El estúpido es tan impredecible como inoportuno.

Si el 100% de la población fuera malvada, el mundo no colapsaría: no habría una pérdida neta (la contrapartida es que tampoco habría ganancia o progreso). No todas las personas están todo el tiempo en uno de estos cuadrantes. No todo el mundo es inteligente todo el tiempo, ni incauto todo el tiempo. En función del resultado promedio de sus intercambios, las personas se sitúan en algún punto de este plano cartesiano.
Gráfica 2

El malvado perfecto es aquel cuyo beneficio neto iguala exactamente la pérdida neta de su víctima. El ejemplo común sería el del ladrón que roba 100 pesetas y cuya víctima pierde exactamente 100 pesetas. Claro que esta es una situación ideal, de laboratorio. La víctima que pierde 100 pesetas probablemente no pueda disfrutar de un café esa mañana y por lo tanto ha perdido más de 100 pesetas.

El malvado inteligente es aquel cuya ganancia es superior a la pérdida que provoca (pensad en el presidente de una diputación). Pero los malvados más numerosos son los malvados estúpidos. Un malvado estúpido es aquel cuya ganancia es inferior a la pérdida que provoca. Aunque sea el propio malvado quien valora su ganancia, es la víctima quien valora su pérdida. Te rompen una luna del coche para robarte la radio y tienes que perder una mañana en el taller.

El estúpido, recordemos, no obtiene beneficio alguno con sus acciones que dañan o perjudican a los demás. Y las más de las veces se perjudican a sí mismos por el camino. Hay factores que explican el impresionante poder de la estupidez humana.

Por ejemplo, está el hecho de la impredecibilidad del estúpido. Al estúpido no se le ve venir. Una persona inteligente levanta sus defensas de forma racional. Evalúa sus vulnerabilidades y trata de protegerse, pero estas protecciones responden a un comportamiento racional que espera un ataque racional. El estúpido es irracional. No sigue ninguna lógica. Al llevar a cabo acciones que provocan pérdidas sin procurar beneficios, su víctima no tiene ningún criterio por el que empezar.

Otro factor que explica el impresionante poder de la estupidez humana es la presencia de Å en puestos de poder o responsabilidad: ya sean presidentes, directores, generales, obispos o diputados, tienen un poder en sus manos que multiplica su capacidad de hacer daño y provocar pérdidas. Muchas veces, los puestos de responsabilidad dependen de la elección de grupos más o menos grandes de personas. Esos grupos contienen una proporción Å de estúpidos y por lo tanto sus elecciones perjudican a los demás y a sí mismos. ¿Por qué? Porque son estúpidos, te lo estoy diciendo.

Estas elecciones irracionales y este comportamiento impredecible refuerzan el poder o la capacidad de hacer daño del estúpido. La persona inteligente siempre es sorprendida por el estúpido e incluso cuando se prevé un ataque, planear la defensa no es posible porque el estúpido no sigue ningún plan. Ni siquiera, después del daño hecho, es posible lanzar un contraataque. Tal es de errático e inverosímil el estúpido. Recordemos a Schiller cuando decía que "contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano".

Finalmente, otra cosa que explica el impresionante poder de la estupidez humana es que el estúpido carece de conciencia de ser estúpido. El inteligente sabe que es inteligente, el malvado sabe que es malvado, el incauto lamenta ser un incauto. El estúpido no sabe que es estúpido. Cree estar en cualquier otra categoría y allá va pisando fuerte, dispuesto a arruinarte el día, provocar un conflicto, estropear algo o hacerte perder el tiempo; careciendo de motivos o incentivos para cualquiera de estas cosas.

Cuarta: Las personas no-estúpidas siempre subestiman el potencial dañino de la gente estúpida; constantemente olvidan que, en cualquier momento, en cualquier lugar y en cualquier circunstancia, asociarse con individuos estúpidos constituye invariablemente un error costoso.

No sorprende que los incautos no puedan evaluar correctamente la capacidad de hacer daño de los estúpidos. El caso es que los inteligentes y los malvados cometen el mismo error. Ya sea por desdén, por falsa seguridad o porque creen que pueden sacar provecho del estúpido.

Pensar que se puede sacar provecho de un estúpido es un grave error que pone de manifiesto la incomprensión del fenómeno de la estupidez humana. Además, en el transcurso del plan de acción, el estúpido aprenderá nuevas formas de trastocar tus planes, de sorprenderte con su estupidez y, finalmente de causarte daños a ti (y probablemente a sí mismo).

Quinta: El estúpido es el tipo de persona más peligrosa que existe. Corolario: El estúpido es más peligroso que el malvado.

Si en lugar de estudiar intercambios individuales tomamos el conjunto de los intercambios agregados de una población, podemos dividir el plano cartesiano de la estupidez en dos partes.
Gráfica 3

Igual que sucede con el malvado. El incauto también se divide en dos clases. El incauto inteligente (o tonto útil) es aquel cuya pérdida propia es inferior al beneficio ajeno. El incauto estúpido es aquel cuya pérdida propia es superior a la ganancia que otros obtienen de él.

Con esto claro, podemos dividir el plano de la estupidez con una línea. Quienes están a la derecha de la línea aportan un beneficio o bienestar agregado a la comunidad y quienes están a la izquierda causan pérdidas, daños o inconvenientes.

Es de incautos pensar que el éxito o fracaso de una sociedad depende de la variación de esa línea divisoria. Recordemos la proporción Å de estúpidos y la Segunda Ley. Tanto una sociedad próspera como una en decadencia tienen la misma proporción de estúpidos. En particular, la decadencia o resultado negativo neto de las acciones humanas agregadas depende del aumento de la actividad de los estúpidos por permisividad de los otros grupos. Otro factor de decadencia es el aumento de la población incauta estúpida y malvada estúpida en sus respectivos cuadrantes.

En concreto, el pernicioso aumento de la presencia de malvados estúpidos en puestos de responsabilidad y el aumento de incautos estúpidos entre quienes los eligen o les consienten suelen ser causa de decadencia. El poder, para el estúpido, funciona como un catalizador en una reacción química.